Tecnología
Los contratos militares y sus inversiones en el Golfo convierten a las grandes tecnológicas en objetivo de Irán
La alianza con Silicon Valley fue una de las grandes novedades del segundo mandato de Donald Trump. Tras una primera etapa en la Casa Blanca marcada por la animadversión mutua, Elon Musk ejerció de cicerón para que el sector tecnológico pasara de enemigo a principal apoyo del republicano. Para celebrarlo, el nuevo presidente concedió un espacio preferente a estos magnates en su toma de posesión y les convirtió en protagonistas de su primera gran expedición comercial: hasta 30 magnates tecnológicos como Andy Jassy (Amazon), Sam Altman (OpenAI), Jensen Huang (Nvidia), Sundar Pichai (Google), Alex Karp (Palantir) o el propio Musk le acompañaron al Golfo Pérsico, donde cerraron acuerdos sobre inteligencia artificial por 80.000 millones de dólares.
Menos de un año después, Trump dinamitó la seguridad de toda la región involucrándose en la guerra de Israel contra Irán. Los renovados intereses de las grandes tecnológicas estadounidenses en la región se convirtieron en “infraestructura tecnológica enemiga” para el régimen de los ayatolás, que atacó varios centros de datos de Amazon, causando caídas generalizadas de sus servicios en Medio Oriente. La agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní, difundió una lista apuntando a otras como Google, Microsoft, Nvidia, IBM, Oracle o Palantir como “nuevos objetivos”.
“Los centros de datos ahora son claramente una infraestructura crítica, como lo han sido los aeropuertos, los puertos o las instalaciones críticas de energía”, explicó Javier Borràs, investigador del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB) especializado en el impacto de las tecnologías emergentes en la geopolítica.
Borràs advirtió que el daño de estos ataques va mucho más allá de derribar un edificio, ya que en su interior albergan un inmenso capital. “Todos estos chips cuestan millones. No es simplemente que te destruyan una infraestructura, también te destruyen algo que tiene un valor económico muy alto”, subrayó.
El Golfo como polo digital
La concentración de estos activos millonarios en Medio Oriente son, de hecho, consecuencia directa del cambio de rumbo en la Casa Blanca. Durante el mandato de Joe Biden, las exportaciones de chips avanzados para inteligencia artificial al Golfo estaban muy limitadas por el temor de que acabaran en el mercado negro chino. Solo los aliados más directos de EE.UU. y alejados geopolíticamente de China recibían la aprobación para recibir esas exportaciones.
Sin embargo, la expedición comercial liderada por Trump eliminó esas restricciones. Se trata de un apoyo clave para países del Golfo Pérsico como Arabia Saudita, cuyo proyecto a largo plazo pasa por dejar de depender completamente del petróleo y consolidarse como polos tecnológicos y digitales. Los centros de datos hiperescalares para entrenar IA son fundamentales en esa estrategia.
La zona es atractiva para estas multinacionales por el acceso a la energía barata, así como la falta de fiscalización por parte de las autoridades en comparación con otras áreas como Europa.
El plan, no obstante, implica colocar infraestructuras estratégicas de altísimo valor económico al alcance de los drones y misiles iraníes. Una mala idea si luego declaras la guerra a Irán. “Destruyes el centro de datos, pero también si la situación sigue siendo inestable, asustas a todo tipo de inversores que querían invertir en este tipo de infraestructura en el Golfo”, señaló el experto. Además, golpear económicamente a las corporaciones de EE.UU. es una vía directa para torpedear políticamente a la administración Trump.
Los centros de datos de Amazon atacados no provienen de esta última ronda de acuerdos, sino que se construyeron en 2020. No obstante, eran la avanzadilla para el gran despliegue pactado en 2025. “Esperamos contribuir a impulsar la innovación y el desarrollo del talento en todo el reino”, dijo Andy Jassy, CEO de Amazon, durante la ratificación de los acuerdos de inversión en Arabia Saudita.
La fusión entre el negocio militar y el civil
La guerra de Irán no solo evidenció que las infraestructuras de las grandes tecnológicas se convirtieron en objetivos militares, también la íntima relación que se estableció entre ellas y el Pentágono. Se trata de una apuesta que llevaba años gestándose y que es especialmente visible en aquellas multinacionales y startups con productos avanzados de inteligencia artificial.
“Nuestros adversarios y enemigos están presenciando nuestra capacidad de luchar que ellos no tienen”, presumió Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, la firma de ciberespionaje y selección de objetivos basándose en el análisis de datos masivos. “Estados Unidos es el centro de la revolución de la IA”, insistió el ejecutivo, cuya empresa no solo se utiliza en ofensivas militares como la de Israel en Gaza o los ataques contra Irán, sino también contra la población civil por los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Las acciones de Palantir se dispararon un 12% desde que comenzó la guerra.
Atrás quedaron los años en los que los empleados de las grandes tecnológicas llegaban a torcer el brazo de sus empleadoras para frenar este tipo de usos para sus productos. La mayor protesta en este sentido fue la que protagonizaron trabajadores de Google en 2018 contra el Proyecto Maven, con manifestaciones y dimisiones.
Ocho años después, el Proyecto Maven se convirtió en uno de los mejores ejemplos de los sistemas de IA construidos para el Pentágono un sistema impulsado por inteligencia artificial construido para el Pentágono. En este proyecto, los sistemas de la empresa Anthropic se encargan de analizar en tiempo real una gran cantidad de datos recopilados en el campo de batalla, mientras que la tecnología de Palantir procesa esa información para decidir qué objetivos concretos deben ser atacados.
Gran parte de los más de 2.000 ataques aéreos ejecutados en Irán durante los primeros días de la guerra se basaron en las listas de objetivos generadas por este sistema, según el New York Times.
Pero la gran protesta no es por el uso de la tecnología con este fin, sino por algunas restricciones de seguridad que Anthropic estableció para el uso de armas autónomas o contra la población de EE.UU. La reivindicación le valió ser considerada como un “riesgo para la cadena de suministro” por parte del Departamento de Defensa, lo que implica que Anthropic no podrá volver a ser contratada por el Estado.
Anthropic reaccionó llevando al Gobierno a los tribunales para que levante ese veto. Es decir, para que su tecnología pueda volver a ser utilizada por el Departamento de Guerra. Tras años en los que Silicon Valley intentaba mantener distancias con el sector defensa, Borràs sostuvo que se produjo una vuelta a los orígenes. “Hay que recordar que muchas tecnológicas nacieron precisamente por las ayudas del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa. Ahora se ha vuelto a esto y lo que ha sido una excepción ha sido realmente lo que ha pasado entre esos dos momentos”.