Día Mundial de la Libertad de Prensa: entre el derecho a informar y los constantes ataques de Milei al periodismo
Cada 3 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una fecha impulsada por la Unesco para recordar que el acceso a la información y el ejercicio del periodismo son pilares esenciales de cualquier democracia. La jornada no solo celebra ese derecho, sino que también funciona como una alerta frente a los riesgos, presiones y censuras que enfrentan periodistas en todo el mundo.
En ese contexto global, Argentina atraviesa un escenario de creciente tensión entre el poder político y los medios de comunicación. Distintas organizaciones, como Fopea, vienen advirtiendo sobre un deterioro del clima para el ejercicio del periodismo, marcado por discursos hostiles, restricciones al acceso a la información pública y conflictos abiertos de Javier Milei contra la prensa.
El Foro de Periodismo Argentino registró en 2025 un récord de 278 ataques contra periodistas, el número más alto desde que comenzó su monitoreo en 2008. Según el informe, el propio presidente Javier Milei fue señalado como responsable de 119 de esos episodios, en un contexto donde la violencia —especialmente en entornos digitales— creció de manera significativa .
La escalada no se limita a declaraciones. En las últimas semanas, el Gobierno avanzó con medidas que generaron fuerte preocupación, como la restricción de acceso de periodistas acreditados a la Casa Rosada, una decisión cuestionada por organizaciones de prensa por su impacto directo en el derecho a la información. La medida fue interpretada como un retroceso institucional y motivó reclamos tanto a nivel local como internacional. Los periodistas acreditados podrán ingresar nuevamente este lunes 4 de mayo cuando el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, brinde una conferencia de prensa.
A esto se suma un discurso presidencial cada vez más confrontativo. Milei utiliza sus redes sociales para descalificar a periodistas, a quienes llegó a definir como “basuras inmundas” en publicaciones recientes, en línea con una retórica que distintos sectores consideran estigmatizante y peligrosa para el ejercicio profesional. El último ataque fue el pasado miércoles, cuando el presidente tildó de “chorros” y “corruptos” a los periodistas parlamentarios que se encontraban cubriendo en el Congreso de la Nación el informe de gestión del jefe de Gabinete Manuel Adorni.
El conflicto escaló al punto de generar reacciones institucionales y sociales. Desde la Iglesia hasta organismos internacionales pidieron diálogo y respeto por la libertad de prensa, subrayando que limitar el trabajo periodístico afecta no solo a los medios, sino al conjunto de la ciudadanía, que ve restringido su derecho a estar informada.
En este marco, el Día Mundial de la Libertad de Prensa adquiere una dimensión particular en el país. Más allá de la efeméride, la fecha funciona como un recordatorio de que la calidad democrática está estrechamente ligada a la posibilidad de ejercer un periodismo libre, crítico y sin presiones. El desafío, hoy, pasa por sostener ese principio en un contexto donde las tensiones entre poder y medios parecen lejos de disiparse.
JIB
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