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Interna en la Casa Rosada

La mesa política de Milei se parte entre dos diagnósticos sobre el desgaste del Gobierno

La mesa política de La Libertad Avanza.

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La discusión no es nueva, pero en las últimas semanas volvió a instalarse con fuerza en la mesa política que reúne al círculo más chico del oficialismo. Hace un mes, en un intercambio que empezó como balance de gestión, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, había dejado planteado que el margen de acción del programa económico empezaba a mostrar límites. Sin explicitarlo de ese modo, su diagnóstico apuntó a otro terreno: si las variables ya fueron ordenadas y las herramientas aplicadas, lo que falta para consolidar el rumbo no es técnico, sino político.

Para Caputo, los mercados no terminan de convalidar el programa porque dudan de la capacidad del Gobierno para sostenerlo en el tiempo. Para el ala política, en cambio, el desgaste tiene otra raíz. No sería la falta de acuerdos lo que explica la caída en la imagen de Javier Milei, sino una serie de episodios que, reconocen, erosionan la narrativa oficial, desde las tensiones internas hasta casos de presunta corrupción como el que involucra al jefe de Gabinete Manuel Adorni.

La mesa política del Gobierno.

La exposición del ministro coordinador en el Congreso fue interpretada en la Casa Rosada más como un examen político que como una instancia de gestión. El oficialismo valoró que haya logrado atravesar la sesión sin sobresaltos mayores, pero el saldo no alcanzó para desactivar el tema. El jueves pasado, el Gobierno debió volver a abrir la sala de prensa y resolvió que Adorni retome las conferencias, en un intento por recuperar control sobre la agenda y administrar un frente que, incluso entre los propios, ubican como uno de los factores centrales del desgaste.

La mesa política —que conforman, además de Caputo, Karina Milei, Santiago Caputo, Manuel Adorni, Diego Santilli, Patricia Bullrich, Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem y el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt— está cruzada por distintos diagnósticos. Hay, sin embargo, un punto en común que se repite en cada reunión: más allá de los matices, ninguno de sus miembros expresa una preocupación abierta por la marcha de la economía. Ni siquiera quienes discuten el rumbo político del Gobierno ponen en duda el programa en sí mismo. La discusión no gira sobre si el plan funciona o no, sino sobre qué le falta para cerrar. Es, en ese sentido, una anomalía: el frente material aparece como dato dado, incluso cuando deja de ofrecer resultados visibles en el corto plazo como ya reconoció el propio Milei.

el Gobierno debió volver a abrir la sala de prensa y resolvió que Adorni retome las conferencias.

Hubo dos ausencias consecutivas de Toto Caputo en la mesa política. A la primera reunión no asistió porque estaba en Washington, en plena negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). A la segunda tampoco, aun ya de regreso en el país. La reiteración alimentó versiones de malestar interno que el propio Caputo buscó desactivar con ironía. “Reconozco que en la reunión anterior pensé en tomarme un avión desde Washington y volver en el día, pero Kristalina me convenció que iba a ser un poco cansador”, escribió en X, en referencia a la directora gerente del FMI.

A fines de marzo, según pudo saber elDiarioAR, el ministro habría avanzado con una propuesta hacia el resto de los integrantes de la mesa. Planteó la necesidad de un acuerdo de gobernabilidad con mandatarios provinciales que garantice respaldo legislativo sostenido durante este año y el próximo. La contrapartida, de acuerdo a lo planteado por Caputo, sería no competir contra los gobernadores en sus provincias. Un pacto de no agresión electoral como condición para que el programa económico termine de cerrar.

El ministro de Economía, Luis Caputo.

La reacción del ala más política del Gobierno dejó al descubierto una fisura que ya venía insinuándose. Para algunos de sus miembros la idea fue leída como una concesión excesiva. “No es político, no entiende que eso es una pelotudez”, sintetizaron, sin matices, en referencia al ministro de Economía. La crítica no apuntaba sólo al contenido de la propuesta, sino a su lógica de ceder territorio a cambio de respaldo legislativo que supone, para ese sector, resignar poder sin garantías de retorno.

La línea de austeridad planteada por Caputo había sido explicitada en reuniones previas: el ajuste no se negocia. En una reunión de gabinete de principio de abril, con Javier Milei al frente, la instrucción había sido clara: sostener el equilibrio fiscal a cualquier costo, incluso si eso implicaba profundizar recortes en áreas sensibles como el PAMI o acelerar reformas estructurales empujadas por el equipo económico. La imagen que el propio Presidente usó durante su discurso en AmCham —la de Ulises atado al mástil para no ceder ante el “canto de las sirenas” del gasto público—, sintetizaba esa lógica de resistencia frente a cualquier presión política o sectorial.

La semana que pasó, después de días de algunas versiones soterradas sobre un cortocircuito con su ministro, Milei salió a respaldarlo públicamente. Lo hizo en la cena de la Fundación Libertad, donde compartió escena con todo el gabinete y donde Karina Milei se mostró especialmente cercana a Caputo. El gesto se completó con un elogio explícito del Presidente, que lo definió como un “gigante” por el ajuste realizado.

Javier y Karina Milei, durante la exposición de Manuel Adorni en el Congreso.

En ese clima, la mesa política funciona como un termómetro más que como un ámbito de síntesis. Allí conviven dos miradas que, por ahora, no terminan de ordenarse. La discusión no es menor porque define el camino a seguir. Si el diagnóstico es que falta política, la salida es negociar, ampliar la base de sustentación y hasta ceder en algunos frentes. Si el problema es político, pero en otro sentido, entonces la respuesta es ordenarse tratando de evitar concesiones que puedan debilitar al Gobierno en su propia lógica.

Por ahora, esas dos estrategias coexisten sin integrarse. Y en esa convivencia tensa se empieza a jugar algo más que una diferencia de criterio. Lo que está en disputa es quién tiene la llave para explicar el presente y, sobre todo, para definir el próximo movimiento. Si algo quedó planteado desde aquel intercambio de fines de marzo es que, para el ministro Caputo, la economía por sí sola ya no alcanza. La pregunta es si el resto del Gobierno está dispuesto a aceptar esa premisa o si el verdadero debate pendiente es sobre el sentido mismo del rumbo.

PL/CRM

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