Bajo aplausos y la mirada de Milei, Adorni sostuvo que “todos los ciudadanos son inocentes hasta que la justicia demuestre lo contrario”
Con un discurso de fuerte tono político y centrado en la defensa de la gestión, Manuel Adorni inició su exposición ante la Cámara de Diputados confrontando con el kirchnerismo, al que definió como el “populista trágico que nos hundió en la decadencia”. El jefe de Gabinete habla ante un recinto con presencia completa del gabinete nacional y bajo la mirada directa del presidente Javier Milei, que sigue la intervención desde un palco junto a su hermana Karina y los ministros Luis Caputo y Sandra Pettovello.
La escena, de hecho, ya estaba cargada antes de que empezara a hablar. Cuando Adorni hizo su ingreso, Milei rompió el murmullo con un grito que se escuchó con claridad: “¡Vamos, Manuel!”. Una señal política en sí misma y un respaldo explícito en medio de la presión que rodea al jefe de Gabinete.
“Este gobierno y este presidente solo se deben a la gente común, a los argentinos de a pie”, planteó en los primeros minutos, en una apelación directa a la legitimidad social como principal escudo político. La fórmula no es nueva, pero aparece recargada en este contexto: la idea de un oficialismo que no responde al sistema sino que lo enfrenta y que representa “al que trabaja, al que estudia y al que se esfuerza”.
El discurso avanzó rápidamente hacia una lectura más estructural. Adorni habló de un “arduo camino de reformas” orientado a “devolver a los argentinos todo lo que les fue arrebatado”, y cargó contra el legado del populismo, al que atribuyó “maldad, arrogancia o simplemente limitación intelectual”. No se trató solo de una crítica política sino de una impugnación cultural, en línea con la lógica de “batalla” que atraviesa al oficialismo desde su llegada al poder.
En ese marco, el jefe de Gabinete planteó que la actual gestión está haciendo “lo que el sistema político se negó a hacer durante más de 100 años”: transformar una “nación rentista y conservadora” en una economía “pujante” y capaz de crecer de manera sostenida. Sobre ese eje, Adorni buscó además diferenciarse de la lógica electoral que, según dijo, primó en gobiernos anteriores. “Nuestra visión no está ordenada en torno a ganar la próxima elección”, sostuvo, sino en proyectar “los próximos 10, 20, 30 años” del país.
Pero en ese mismo movimiento apareció una admisión calibrada. El jefe de Gabinete reconoció que algunos de los resultados obtenidos “todavía no muestran un impacto directo en la vida cotidiana de todos los argentinos”, y atribuyó ese desfase a lo que definió como una “operación golpista” del kirchnerismo y la izquierda durante la campaña electoral del año pasado.
Según su reconstrucción, ese clima político tuvo efectos concretos en la economía. Adorni habló de un riesgo país que “se disparó” por la posibilidad de un triunfo opositor, de una dolarización del 40% de la base monetaria en medio de una corrida “de las más importantes de los últimos años” y de tasas de interés que se quintuplicaron, “estresando al límite” el crédito. El resultado, dijo, fue un deterioro que “trajo serias dificultades para la gente a pie y afectó negativamente el bolsillo de los argentinos”.
El cierre de ese primer tramo volvió sobre la reivindicación de resultados. “A dos años, cuatro meses y 19 días de gestión”, precisó, Adorni aseguró que la marcha del gobierno “evidencia resultados contundentes y positivos”, apoyados en los informes de cada área. Una afirmación que, previsiblemente, será puesta a prueba en el intercambio con la oposición, que ya llega al recinto con una batería de cuestionamientos preparados.
“Todos los ciudadanos son inocentes hasta que la justicia demuestro lo contrario”, dijo el funcionario en medio de las sospechas sobre su patrimonio, cuando defendió la ley de blanqueo de capitales.
PL/MC
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