Logran trasplantar con éxito un hígado descartado por los hospitales, 'reparado' en tres días y conservado sin usar frío

El equipo de Wyss Zúrich conecta el hígado del donante a la máquina de perfusión en el quirófano

Toño Fraguas

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Perder un hígado para un trasplante porque se encuentra en mal estado en el momento de la donación, o por haberse superado las 12 horas en las que usualmente se conservan, es una auténtica catástrofe para el paciente y los familiares que esperan angustiados ese órgano salvador. 12 horas es, hasta ahora, el plazo máximo aproximado para que el órgano pueda ser aprovechado. Por eso es tan relevante la información que acaba de publicar Nature Biotechnology. Según esta revista científica, un equipo francosuizo consiguió multiplicar el período de conservación de un hígado –hasta tres días y sin necesidad de frío–, lo que permite, además, el auténtico avance: que órganos a priori descartados reciban tratamiento mientras permanecen fuera de un cuerpo humano y vuelvan luego a ser aptos para el trasplante.

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Pasó un año desde que un paciente que padecía varias enfermedades hepáticas graves, como cirrosis avanzada e hipertensión en los vasos que irrigan el órgano, recibió un hígado conservado y tratado durante tres días fuera del cuerpo humano.

Pierre-Alain Clavien, director del Departamento de Cirugía Visceral y Trasplantes del Hospital Universitario de Zúrich y sus colaboradores relatan en el artículo que el hígado una vez trasplantado funcionó con normalidad, con una lesión mínima al volver el flujo sanguíneo a los vasos internos, y que solo fue necesario, durante las primeras seis semanas tras el trasplante, la administración de un inmunosupresor básico (un fármaco que, para evitar el rechazo, reduce la actividad del sistema inmune).

Un hígado 'vivo' conectado a una máquina

Habitualmente, en el caso del hígado, el órgano donado se conserva en una solución fría entre 2°C y 5°C y se implanta en pocas horas. La mayoría de los hospitales intentan limitar ese tiempo a menos de 12 horas, ya que la viabilidad del hígado disminuye proporcionalmente más allá de este plazo.

Otra técnica de conservación, que no necesita frío, se denomina “perfusión normotérmica ex situ”. Consiste en conectar el hígado donado a una máquina que le suministra (a 37°C y de manera lenta y continuada) una sustancia, en este caso un sustituto de la sangre. El objetivo del método es mantener 'vivo' el órgano para comprobar si funciona. En el caso del hígado, si limpia ciertas sustancias tóxicas.

La novedad anunciada este martes no radica en el hecho de conservar el órgano fuera del cuerpo, porque en experimentos previos se consiguieron tiempos conservación de hasta 10 días; eso sí: en órganos no aptos para trasplantar.

Hasta la publicación del experimento de hoy, el tiempo máximo en el que un órgano conservado fuera de un cuerpo humano había podido ser trasplantado con éxito estaba fijado en 24 horas. Pero lo realmente novedoso –además de esos tres días en los que el órgano todavía era viable– es lo que los investigadores le hicieron a ese hígado durante esas 72 horas en las que estuvo conectado a una máquina. No solo evaluaron si era apto, además le suministraron fármacos para curarlo y hacerlo viable.

Una operación de más de cinco horas

El 19 de mayo de 2021 el equipo de investigadores recibió de una donante de 29 años un órgano que padecía diversas patologías. Entre otras, un tumor de cuatro centímetros “de naturaleza poco clara” y una infección con varios microorganismos resistentes al tratamiento. El órgano, de 1,7 kilos, había sido desechado por los demás centros sanitarios “principalmente porque requería un trabajo de diagnóstico de la lesión hepática que no era posible de inmediato y debido a la sepsis en curso”, relatan los autores del estudio.

El hígado de la donante fue entonces conectado a una máquina fabricada por el Wyss Translational Center en Zúrich. Un aparato especialmente diseñado por ingenieros, bioquímicos y médicos para realizar perfusiones mecánicas ex situ a largo plazo en hígados lesionados. Entre otras sustancias, al órgano donado se le administraron “agentes antimicrobianos de amplio espectro” para mitigar la posible infección por bacterias y hongos residentes en la donante.

Este avance permitiría aumentar el número de órganos que podemos utilizar

Luis Rodríguez Bachiller Miembro de la Unidad de Trasplantes del Gregorio Marañón

Durante las horas en las que el hígado estuvo conectado a la máquina, todos los indicadores bioquímicos fueron mejorando. Descartada la peligrosidad del tumor y, tras consultar con un consejo formado por expertos internacionales, se tomó la decisión de considerar el hígado apto para el trasplante. La cirugía, que duró cinco horas y 26 minutos, se practicó el 22 de mayo de 2021. En un plazo de dos meses, el paciente volvió a su vida cotidiana. Un año después de la intervención, permanece sano.

“Podremos ofrecer el trasplante a más gente”

Luis Rodríguez Bachiller, responsable del programa de perfusión normotérmica de la Unidad de Trasplantes del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, destaca el “prestigio” del equipo de Pierre-Alain Clavien y comenta para elDiario.es el avance publicado hoy: “Abre la puerta no solo a evaluar órganos dudosos, sino también a tratarlos y mejorarlos”.

Este especialista relata que, al incorporar donantes de edad cada vez más avanzada (a veces mayores de 70 años), no es infrecuente que lleguen órganos dudosos, con ciertas características que pueden desaconsejar su uso para trasplantes. Entre esas condiciones, por ejemplo, se cuenta la infiltración de grasa en el hígado, algo habitual en personas con obesidad o con un problema de alcoholismo. Eso hace que el órgano, una vez trasplantado, no funcione: un riesgo que se evita evaluándolo antes, mediante su conexión a una máquina.

Entre un 20% y un 30% de los órganos donados, cuenta el doctor Rodríguez Bachiller, son dudosos. Algunos se suelen conectar a la máquina de perfusión para evaluar su viabilidad. Este proceso de evaluación se viene realizando desde hace años en la Comunidad de Madrid y en algunos otros centros del país. El Gregorio Marañón ha liderado hasta ahora ocho procedimientos, de los que cinco han culminado en trasplantes exitosos.

Al incorporar donantes de edad cada vez más avanzada (a veces mayores de 70 años), no es infrecuente que lleguen órganos dudosos, con ciertas características que pueden desaconsejar su uso para trasplantes

Si se generaliza el avance publicado hoy, de la evaluación de órganos se pasaría a su tratamiento y mejora con anterioridad a su implantación en el paciente. Habría así, más órganos viables, porque se aprovecharían algunos que hoy se descartan. “Eso permitiría aumentar el número de órganos que podemos utilizar. Podríamos ofrecer el trasplante a más gente”, cuenta Rodríguez Bachiller.

Este doctor recuerda lo frustrante que es desechar órganos donados porque no son viables, añadiendo a esa frustración el peaje emocional y el coste humano y económico que supone poner en marcha una maquinaria de donación y conservación de órganos que luego no van a poder ser aprovechados.

Tanto este especialista como los autores del experimento advierten, sin embargo, de que se necesitan más investigaciones, con más pacientes y períodos de observación más largos. Estos resultados, no obstante, sugieren que esta tecnología puede no solo aumentar el número de posibles órganos de donantes disponibles, sino también mejorar la perspectiva de tratar los órganos de los donantes con fármacos antes del trasplante.

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