Murió en París el novelista checo y escritor francés

Milan Kundera, una vida exiliado del lirismo, el comunismo y los disidentes

A diferencia de Premios Nobel de Literatura derechistas como el narrador y cronista histórico ruso Aleksandr Solzhenitsyn o el poeta y ensayista político polaco CzesÅ‚aw MiÅ‚osz, denunciadores profesionales del comunismo y profetas de Decadencias y Apocalipsis, cuando en 1975 el novelista, cuentista y crítico literario Milan Kundera migró de Praga a París, desplazándose apenas mil kilómetros al oeste, no lo hizo con entusiasmo, ni como cruzado de una causa. Nacido checoslovaco en la meridional capital morava de Brno el 1° de abril de 1929, hijo de Ludovik Kundera, pianista reconocido y director de la Academia musical local, Milan estudió musicología, se afilió al Partido y en 1948 aplaudió la victoria comunista que proclamó la democracia popular y la alineación del país con el bloque soviético. Fuera de su país, no se reunía con los grupos opositores o conspiradores contra el gobierno de Praga.

Las bromas sin humor del estalinismo sin rostro humano

Entre 1967 y 1988, Kundera publicó siete volúmenes de narrativa escritos en checo; desde 1995, otros cuatro, escritos en francés. Su primera novela, La broma (1967), fue un best-seller nacional e internacional. Era una crónica ficcional, humorística y desahogada antes que burlona o satírica, de los tiempos, que entonces veía como definitivamente pretéritos, del estalinismo más ortodoxo. Una broma entendida literalmente (una postal que elogiaba a Trotsky) desencadanaba las peripecias que iba a seguir la trama y la acción novelística; el humor consistía en que el autor de la broma era perseguido sin ningún sentido del humor. En 1950, Kundera había sido expulsado del PC por críticas al estalinismo, pero en 1956, en consonancia con la ola de revisionismo que levantó el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS (PCUS), que incriminó al propio Stalin (m. en 1953), fue reincorporado de oficio al PC. Con su rehabilitación, Kundera ingresó como docente en el Instituto de Estudios Superiores de Cine en Praga.

El Premio de la Unión de Escritores de Checoslovaquia para La broma fue seguido por la exitosa publicación de El libro de los amores ridículos (1968), colección de siete cuentos. En siete partes se dividía la novela, y siete será el número favorito para dividir su narrativa y también sus ensayos. Sin voluntad de su parte, había empezado la carrera a esa fama de 'mano única' que ya no abandonará a Kundera. Convertido el autor en uno de los símbolos de la Primavera de Praga, el 68 checoslovaco que coincidía con el mayo francés, se transformó rápidamente en blanco de ataques en el período de la 'normalización'. En agosto de 1968, los tanques soviéticos entraron a la capital checoslovaca, y pusieron fin al generoso experimento de “socialismo con rostro humano” ensayado por Alexander Dubcek.

En 1970 Kundera fue expulsado nuevamente del PC, y no le renovaron la contratación docente. Sobrevivía con trabajos bajo pseudónimo, gracias al favor de amigos menos expuestos en tiempos de Primavera, y por tanto también menos expuestos en la Normalización. Entre esas tareas, no desdeñó componer horóscopos para subvenir la demanda de revistas juveniles. La publicación en Francia en 1973 de la novela La vida está en otra parte, cuyo protagonista el neostalinista Jaromil es una figura trágica y grotesca, afianzó en Occidente la imagen del paladín anti-totalitario y en su país los reparos de las autoridades checoslovacas. El título alternativo para el libro era La edad lírica: Kundera abomina de la novela lírica, aborrece ensuciar la desdicha con sentimentaiismo, y defiende la racionalidad del arte de la prosa como antídoto para estos males. En su ensayo El arte de la novela (1986), ya redactado en francés, Kundera revela su predilección filosófica por el racionalista Descartes y predilección literaria por el escéptico Cervantes: dos fundadores de la modernidad. La emigración a Francia significaría para el gobierno de Praga una manera de despreocuparse de la presencia del autor. En 1975, Kundera enseñó Literatura Comparada en la Universidad de Rennes, en Bretaña, y en 1979 se mudó a París, siempre acompañado por su esposa Vera Hrabánková.

Bajo el ala aleve del leve abanico

Las restantes novelas de Kundera reiteran la puesta en escena de la futilidad de todo proyecto humano, la divergencia de los puntos de vista individuales, en una sucesión de grandes esperanzas e ilusiones perdidas que atraviesan los personajes entre golpes de teatro y el ritmo bien modulado de siempre correctamente inventadas intrigas impregnadas de melancolía (litost).

En el best-seller de 1984, La insoportable levedad del ser, la vertiente reflexiva domina a la narrativa. Es sin duda el libro más célebre de Kundera, leído en América Latina en los años de las transiciones democráticas que seguían a las dictaduras militares de la década anterior, al tiempo que se acercaban la Caída del Muro en Berlín, la Revolución de Terciopelo en Praga, la disolución de la URSS en Moscú. El film de Hollywood de1988 dirigido por Philip Kaufman, que adaptó la novela con estética visual posmoderna. El título de la obra literaria, retenido e castellano para la versión cinematográfica, se tornó en cliché para una era que llenaba sus vacíos con moralidades líquidas. Aquí la trama progresa sin sismo, extravío, digresión. Tan lineales son los acontecimientos narrados como penetrante quiere ser la introspección psicológica y la dramática pintura de la angustia existencial. No hay digresiones de la narración, pero sí del narrador, que se eleva o muda a los campos político, sociológico y filosófico, para ofrecer renovados estados de situación. Desde Parménides de Elea hasta Friedrich Nietzsche, sin omitir a Ludwig van Beethoven, nunca vacila Kundera en convocar a las más altas autoridades de la Enciclopedia.

En 1979, tras la publicación de El libro de la risa y el olvido, la ciudadanía checoslovaca le había sido retirada a su autor. En 1981, en un único y mismo decreto, François Mitterrand les otorgó en simultáneo la ciudadanía francesa a Kundera y al escritor argentino Julio Cortázar. Se dijo entonces que éstas eran las primeras 'nacionalizaciones' del recién asumido presidente socialista.

AGB