Pakistán bombardea Kabul y declara la “guerra abierta” contra Afganistán

EFE

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El Gobierno de Pakistán aseguró haber bombardeado Kabul, la capital de Afganistán, además de Kandahar y Paktia en la madrugada de este viernes y declaró entrar en una “guerra abierta” con su país vecino, en una escalada del conflicto que ya se ha convertido en el incidente más grave entre ambos países desde el regreso de los talibanes al poder. El conflicto escala en una ola de ataques que deja además una “guerra de cifras” con balances de víctimas inverificables.

El Gobierno de los talibanes aseguró este viernes que, pese a estar listos para responder a cualquier agresión, su objetivo final sigue siendo una resolución negociada de la crisis con Pakistán. “Siempre hemos insistido en una solución pacífica y todavía queremos que el problema se resuelva mediante conversaciones”, declaró en una rueda de prensa el portavoz del régimen talibán, Zabihullah Mujahid.

Estas declaraciones llegan después de que, a primera hora de la mañana del viernes, el Gobierno de los talibanes informase del lanzamiento de nuevos ataques aéreos contra centros de mando y bases militares estratégicas en el interior de Pakistán como represalia y respuesta directa a los bombardeos de esta madrugada. Según su versión, la incursión aérea se llevó a cabo con éxito a las 11.00 hora local (06.30 GMT) y habría alcanzado instalaciones en Abbottabad, Nowshera, Jamrud y las proximidades de la ciudad de Faisalabad, en la región de la capital pakistaní.

Desde Pakistán, su primer ministro, Muhammad Shehbaz Sharif, advirtió este viernes de que sus fuerzas armadas tienen la “plena capacidad de reducir a polvo cualquier ambición agresiva”, en su primera declaración oficial. “La nación entera está de pie hombro con hombro junto a las Fuerzas Armadas”, aseguró el mandatario en una serie de mensajes publicados en su cuenta en X, quien subrayó que las tropas pakistaníes están cumpliendo con sus deberes “con fervor nacional” bajo el liderazgo del Mariscal de Campo Syed Asim Munir.

A pesar del clima bélico, la capital afgana ha retomado este viernes su actividad cotidiana con mercados abiertos y tráfico. Según fuentes sobre el terreno consultadas por EFE, los ataques aéreos de Pakistán contra Kabul se concentraron principalmente en las zonas de Khair Khana, Darul Aman y Pul-e-Charkhi, esta última conocida por albergar diversas instalaciones militares de importancia, mientras que los otros dos distritos afectados son áreas predominantemente residenciales de la capital. Según el portavoz del primer ministro de Pakistán para medios extranjeros, Mosharraf Zaidi, los contraataques pakistaníes también alcanzaron “objetivos militares” en Paktia y Kandahar.

En un escenario marcado por la opacidad, las cifras de víctimas son difícilmente verificables. Si se sumaran los éxitos militares reclamados por Pakistán y Afganistán desde el inicio de las hostilidades el pasado fin de semana hasta este viernes, el conflicto entre ambas partes habría dejado ya más de 300 muertos y decenas de posiciones militares tomadas.

No obstante, apenas una treintena de estas bajas han sido reconocidas oficialmente por las autoridades responsables del territorio donde ocurrieron los hechos. Mientras el Ministerio de Defensa talibán reclama la muerte de 75 soldados pakistaníes este viernes, que se sumarían a 100 insurgentes que aseguran haber matado durante los combates del pasado fin de semana, el mando de Islamabad apenas reconoce bajas militares propias y asegura, por el contrario, haber “neutralizado” a 133 insurgentes en sus incursiones aéreas.

A la disparidad de números se suma una ausencia total de pruebas materiales que den peso a las afirmaciones de ambos ejércitos, ninguno de los bandos ha difundido imágenes, vídeos o listas con la identidad de las víctimas que permitan verificar de forma independiente el alcance de sus operaciones. Hasta el momento, el único recuento que se aproxima a lo oficial surge de las bajas que cada bando admite en su propio suelo. Kabul reconoce 8 militares y 20 civiles muertos, mientras que la cifra de soldados caídos admitida por Islamabad sigue siendo mínima, calificando de “propaganda” la supuesta muerte de sus efectivos.

Esta disparidad se traslada también a los logros territoriales, con el mando afgano asegurando haber capturado este viernes dos bases y 19 puestos militares cerca de la Línea Durand, una maniobra que supondría un colapso defensivo en la frontera que Pakistán niega. Para Islamabad, sus operaciones han sido “exitosas y quirúrgicas” sin ceder un solo metro de soberanía, una versión distinta a la de Kabul que proclama la toma de armamento y prisioneros.

Normalidad en Kabul

En medio del clima bélico, en Kabul, la vida diaria continúa sin alteraciones visibles en distritos como Karte Naw, donde los residentes mantienen sus rutinas comerciales y las tiendas permanecen abiertas a pesar de las explosiones registradas en zonas que el gobierno talibán califica como objetivos “no militares”. Pese a la declaración de “guerra abierta” emitida por el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, y la confirmación de bombardeos en las provincias de Kabul, Kandahar y Paktia, no se observan signos de destrucción masiva.

“Nuestra paciencia se ha acabado. A partir de ahora, estamos en una guerra abierta entre vosotros y nosotros”, escribió Asif en la red social X. “Pakistán ha hecho grandes esfuerzos para mantener la normalidad de forma directa y a través de países amigos. Se ha involucrado en una diplomacia de pleno derecho. Pero los talibanes se han convertido en un representante de India”, justificó.

La reactivación de los mercados en Kabul coincide con los preparativos para la festividad del Eid, manteniendo a la población civil en sus puestos de trabajo mientras las fuerzas del Emirato aseguran haber iniciado operaciones de represalia en la frontera. Horas antes, el Gobierno talibán había dado por terminada su ofensiva contra Pakistán y aseguró haber matado a 55 soldados pakistaníes, además de haber capturado dos bases y 19 puestos a lo largo de la denominada Línea Durand.

Las fuerzas del Gobierno talibán y de Pakistán mantienen desde este jueves intensos combates nocturnos en varios puntos de la frontera tras el lanzamiento de una operación coordinada por Kabul a lo largo de la Línea Durand, que se produce cinco días después de una serie de incursiones aéreas de Pakistán.

El origen: los insurgentes del Tehreek-e-Taliban Pakistan

Cinco años después de la llegada al poder de los fundamentalistas en Afganistán y de que Islamabad se convirtiera en su primer valedor internacional abogando por el reconocimiento de los talibanes, la escalada militar entre Pakistán y Afganistán ha llevado a una guerra abierta entre los otrora aliados.

La ruptura de esta hermandad responde a la negativa de Kabul a neutralizar los santuarios insurgentes del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) que desangran a Pakistán, una demanda muy similar a la que los sucesivos gobiernos afganos hicieron durante años a Islamabad con los entonces insurgentes talibanes en territorio pakistaní.

Pakistán vive un pico de violencia interna, con ataques armados en las zonas fronterizas con Afganistán que han ido en ascenso desde agosto de 2021. Islamabad acusa sistemáticamente al régimen afgano de dar refugio a grupos terroristas, una acusación que los talibanes rechazan habitualmente mientras denuncian violaciones a su soberanía.

La semana pasada, Islamabad ya ejecutó bombardeos y Kabul denunció que las víctimas eran civiles, mientras que Islamabad defendió que se trataba de una operación contra un centenar de insurgentes, que utiliza suelo afgano como base. El balance de víctimas en estos ataques y el bombardeo de Pakistán la semana pasada son contradictorios, con datos del Gobierno afganos que cuenta poco más de una veintena, incluyendo los 17 muertos, incluidos once menores, de un bombardeo la semana pasada, mientras Islamabad ubica las bajas afganas en más de 200. 

Con esta guerra abierta se pone fin al último pacto de seguridad firmado en Qatar y transforma la disputa en la frontera en un polvorín: Islamabad es una potencia nuclear y los talibanes afganos tienen en sus manos el arsenal militar abandonado por Estados Unidos.