EEUU estudia la forma de garantizar el acceso a internet en Cuba tras varios intentos secretos fracasados

Ed Augustin / Daniel Montero

La Habana/The Guardian —

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Los cubanos solían contar un chiste sobre una conversación entre Napoleón Bonaparte, Mijaíl Gorbachov, George W. Bush y Fidel Castro en el cielo. “Si hubiera sido prudente como tú, nunca habría peleado en Waterloo”, le dice el emperador francés al líder soviético. “Si hubiera tenido tu poderío militar, habría ganado en Waterloo”, dice al texano. Al dirigirse a Castro, el emperador dice: “Si hubiera tenido el Granma [el diario del Partido Comunista cubano], habría perdido en Waterloo, pero nadie se habría enterado”.

Ese chiste ya no se cuenta. Con millones de cubanos conectados a internet, el monopolio estatal de la comunicación de masas se ha erosionado profundamente. Sin embargo, después de que las redes sociales sirvieran de catalizador de las protestas históricas en la isla del mes pasado, el Gobierno cerró temporalmente el acceso a internet.

La plena conexión regresó 72 horas después, pero el tema se convirtió en una papa caliente en EEUU. Cientos de cubanoamericanos marcharon la semana pasada en Washington protestando en contra del Gobierno cubano y los políticos tratan de sacar rédito del tema: el senador de Florida Marco Rubio instó a EEUU a proveer internet a través de globos que sobrevuelen la isla, mientras que Joe Biden aseguró que su Gobierno está evaluando si puede mejorar la conectividad de Cuba.

Los expertos dicen que no está claro cómo podría mejorarse el acceso a internet a gran escala sin la cooperación del país en cuestión. “Esto no son más que castillos en el aire”, dice Larry Press, profesor de sistemas de la información en la Universidad Estatal de California.

Los intentos previos de fortalecer la conectividad en Cuba por parte del Gobierno estadounidense parecen sacados de una novela de espías de John Le Carré.

En 2009 Alan Gross, contratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), fue arrestado por distribuir equipos de satélite. Su trabajo había sido financiado gracias a la ley estadounidense que llama explícitamente a derrocar el régimen castrista. Gross fue posteriormente liberado como parte del establecimiento de relaciones entre Cuba y EEUU negociado por Obama.

Otro intento de introducir en la isla estaciones de recepción satelital escondidas en tablas de surf también fue un fracaso.

En 2010, contratistas de USAID comenzaron a trabajar en ZunZuneo, una red social cubana que utilizaba Twitter como modelo. Los desarrolladores pretendían utilizar “contenidos poco controvertidos”, como deportes y música, para llegar a una masa importante de usuarios antes de virar hacia la política.

El plan, según muestran los documentos, era incitar a los cubanos a organizar grupos que fueran capaces de “renegociar el equilibrio de poder entre el Estado y la sociedad”. El proyecto fue abandonado en 2012.

Aunque los datos móviles llegaron a la isla en 2018, más de cuatro millones de cubanos acceden ahora a la red a través de sus teléfonos inteligentes. En la isla donde el espacio público está firmemente controlado, millones de cubanos usan Facebook para expresar sus frustraciones. 

El uso de redes virtuales privadas (VPN) en la isla ha proliferado. Las personas recurren a ellas para acceder a páginas opositoras que están bloqueadas por el Estado, pero también para realizar pagos a través de PayPal, enviar archivos por Wetransfer o jugar al Pokémon GO –servicios bloqueados por las sanciones estadounidenses–.

Y aunque los intentos pasados por mejorar el acceso a internet han fracasado, hoy los legisladores estadounidenses disfrutan de un triunfo mayor en la batalla online por la conquista de los corazones y las mentes.

Después de conectarse a través de la popular VPN Psiphon, los cubanos son dirigidos a una página vinculada a la propaganda opositora financiada con dólares de los contribuyentes estadounidenses.

Una campaña reciente en Twitter para llamar la atención sobre el brote sin precedentes de coronavirus en la isla también ha estado alimentada por cuentas falsas.

Los análisis del experto en desinformación Julián Macías Tovar concluyeron que miles de cuentas de Twitter que utilizaron el hashtag #SOSCuba habían sido creadas días antes. Muchas cuentas usaban un sistema automático para retuitear el hashtag cinco veces por segundo.

Además de tuitear regularmente, la campaña incitó la asistencia a las marchas, contribuyendo a la sensación de que el Gobierno estaba perdiendo el control de la pandemia.

Tovar descubrió que la campaña #SOSCuba había sido impulsada por cuentas vinculadas a Atlas Network, un consorcio de más de 500 organizaciones defensoras del libre mercado que ha recibido financiación de ExxonMobil y los hermanos Koch. Cuentas de Twitter de miembros de Atlas Network también han estado involucradas en campañas de bots o centros de trolls en las últimas elecciones en Perú y Ecuador, y también en el golpe cívico-militar de 2019 en Bolivia.

Los funcionarios cubanos dicen que la propaganda en la red y la escasez creada por las sanciones son parte de una “campaña de desestabilización”. Carlos Fernández de Cossio, director de asuntos estadounidenses en el Ministerio Exterior cubano, dijo hace poco que internet “está siendo utilizado como parte de la guerra contra Cuba”.

Por su parte, el Estado también ha intervenido. En 2013 un disidente famoso describió la “Operación Verdad”, un programa secreto que, según él, reclutaba estudiantes para atacar a los críticos del Gobierno en la red. Los periodistas disidentes dicen recibir mensajes anónimos llenos de odio con frecuencia a través de las redes sociales.

Ted Henken, profesor del Baruch College de Nueva York y autor de Cuba’s Digital Revolution, dice que la decisión de cortar temporalmente internet acabaría siendo “muy cara” para el sistema educativo y la economía cubanas. “Tiene un coste que solo se puede sostener durante unos pocos días”.

Traducción de Ignacio Rial-Schies (elDiario.es)