ANÁLISIS

La violencia exterior en Gaza y el caos interno en Israel ratifican en el poder al premier derechista Bibi Netanyahu

Con cinco mandatos como jefe de gobierno israelí, Benjamin Netanyahu es un record en camino de ser un sùper-record

Harriet Sherwood

Jerusalén / Israel —

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Hasta esta semana cuando estalló la violencia, Benjamin Netanyahu parecía estar a punto de perder el lugar al frente de la política israelí que ocupa desde hace 12 años como primer ministro.

La cuarta elección general inconclusa del país en los dos últimos años había llevado que se le pidiera al líder de la oposición, Yair Lapid, que tratara de formar una coalición. Sin embargo, el flujo de cohetes y misiles que circula sin tregua entre Israel y Gaza, más la violencia latente que se hizo patente entre comunidades dentro del propio Israel, ha complicado esos esfuerzos.

Lapid tiene como fecha límite el 2 de junio para formar una coalición viable, aunque es probable que ese plazo no pueda cumplirse si continúan las hostilidades actuales. Mientras tanto, Netanyahu busca reforzar su reputación como un líder fuerte, dispuesto a enfrentarse a los militantes palestinos con una retórica intransigente que alude sin ambages a infligir golpes mortales a Hamas y empuñar “puños de hierro”.

En alusión a su propio “liderazgo unido, fuerte y contundente”, Netanyahu dijo el miércoles: "Estamos trabajando con todas nuestras fuerzas para proteger a Israel de los enemigos de afuera y de los alborotadores de adentro".

Aunque Netanyahu ha presidido dos operaciones militares anteriores en Gaza en 2012- la operación “Pilar Defensivo” que causó en ocho días 170 muertos y 1.300 heridos; con 1500 cohetes lanzados por Hamas- y en  2014 – la “Operación Margen Protector” sobre el territorio gazati- esta vez hay una diferencia significativa.

Uno de sus éxitos en los últimos 12 años se debe en gran parte en separar la cuestión palestina de la vida cotidiana de la mayoría de los israelíes. La ocupación de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza -después de la Guerra de los Seis Días en 1967- no ha sido un factor significativo en las últimas elecciones. Aparte de los enfrentamientos en la frontera de Gaza, la violencia se ha limitado principalmente a los focos de tensión en la ocupada Cisjordania.

De todos modos, la erupción esta semana de disturbios y ataques violentos entre ciudadanos judíos y árabes de Israel en pueblos en los que había habido cierto grado de convivencia ha traído nuevamente este tema a la cotidianidad del hogar.

Lapid dijo que había habido una “pérdida total de control” y acusó a Netanyahu de “llevarnos a la anarquía”. Añadió: “Los alborotadores judíos y árabes han declarado la guerra a Israel, y no hay respuesta, no hay gobierno, no hay policía, no hay liderazgo”.

En Yedioth Ahronoth, el periódico de mayor circulación de Israel, el comentarista Nadav Eyal escribió: “Estamos viendo la disolución; estamos viendo la fractura de nuestro pacto social “.

Louis Fishman, profesor asociado del Brooklyn College, argumentó  en el periódico israelí Haaretz que el “mayor truco de magia” de Netanyahu había sido cegar a los judíos israelíes de la opresión por parte de su estado sobre los palestinos. “Pero incluso el castillo de naipes más cuidadosamente construido eventualmente comienza a derrumbarse, y eso es exactamente lo que está sucediendo ahora... El netanyahuismo inexpugnable, el trabajo de un maestro ilusionista, es devastador”.

Lapid declaró que los eventos de la semana pasada “no son excusa” para mantener a Netanyahu en su cargo. “Todo lo contrario. Son exactamente la razón por la que debería ser reemplazado lo antes posible”.

Sin embargo, esa tarea no será fácil. Es probable que los partidos pequeños de todo el espectro político que son los socios potenciales de Lapid tengan dificultades para dejar de lado sus diferencias. Lapid, un ex periodista de televisión, carece de experiencia política y militar de peso en el contexto de un conflicto importante.

Además de la amenaza política a su cargo de primer ministro y las críticas actuales sobre el caos en las ciudades israelíes “mixtas”, donde viven judíos y árabes musulmanes, Netanyahu es también el primer ministro israelí en servicio que está involucrado en procesos judiciales por cargos criminales, incluidos fraude y soborno. Él niega las imputaciones legales y se defiende con los argumentos de que es víctima de una caza de brujas por motivos políticos.

Los engranajes de la justicia israelí giran lentamente. No obstante, la perspectiva de una condena y una sentencia de cárcel en algún momento en el futuro debe ser parte de los complejos cálculos sobre su supervivencia.

Aun así, por el momento, el conflicto actual ofrece cierta protección. “Netanyahu está exactamente en el lugar donde quiere estar, en medio de una gran crisis, donde no se quiere cambiar al primer ministro”, dijo Mitchell Barak, un analista político con sede en Jerusalén, dijo a The New York Times. “Todo está bien abierto”.

Traducción de Alfredo Grieco y Bavio

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