Análisis
Trump acumula contradicciones para justificar su ataque ilegal a Irán de la mano de Israel
Primero dijo que serían unos días. Ahora ya dijo cuatro o cinco semanas. Y, si se tiene en cuenta la historia reciente y la duración de las guerras estadounidenses fuera de sus fronteras, el plazo podría ser mucho más. Pero Donald Trump no parece tener el control de esos tiempos, por mucho que su secretario de Guerra, Pete Hegseth, haya dicho que la guerra la terminará quien la empezó, el presidente de EE.UU.
Del mismo modo que Trump no parece tener el control de los tiempos, tampoco parece tener el control del relato ni de las motivaciones para el ataque ilegal sobre Irán de la mano de Israel.
En su primera comparecencia, este sábado, pocas horas después de lanzar los bombardeos, el presidente de EE.UU. animó a los iraníes a levantarse contra el régimen de los ayatolás.
“Al gran y orgulloso pueblo de Irán, les digo esta noche que la hora de su libertad está cerca”, afirmaba el mandatario: “Manténganse a salvo. No salgan de sus casas. Las bombas caerán por todas partes. Cuando hayamos terminado, tomen el control de su gobierno. Será suyo. Probablemente sea su única oportunidad en generaciones. Durante muchos años pidieron la ayuda de Estados Unidos. Pero nunca la obtuvieron. Ningún presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche. Ahora tienen un presidente que les está dando lo que quieren. Veamos cómo responden. EE.UU. los respalda con una fuerza abrumadora y un poder devastador. Ahora es el momento de tomar el control de su destino y abrazar el futuro próspero y glorioso que está al alcance de su mano. Este es el momento de actuar. No lo dejen pasar”.
Pero, con el paso del tiempo, esa revuelta popular alentada con bombas fue dando paso a otro tipo de soluciones, como la de buscar un Gobierno amigo, a la manera de lo que ocurrió en Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro y la investidura de Delcy Rodríguez. Sin embargo, esto tampoco parece que vaya a resultar tan sencillo en un país con cinco décadas de régimen de los ayatolás.
“Me parece que alguien de adentro sería lo más apropiado”, dijo Trump este martes: “Las personas que teníamos en mente están muertas. Muy pronto no conoceremos a nadie, pero quiero decir que Venezuela fue increíble porque hicimos el ataque y mantuvimos el gobierno totalmente intacto. Y tenemos a Delcy, que fue muy buena. Tenemos toda la cadena de mando. Ya sacamos cien millones de barriles de petróleo. Y una gran parte de eso va a ellos y otra gran parte va a nosotros. Vamos a gestionar el petróleo y Venezuela va a ganar más dinero que nunca. Nadie vio nunca nada parecido. Si nos fijamos en Irak, donde, de forma muy estúpida, se despidió a todo el mundo, se despidió a los generales, al ejército, a la policía, al cuerpo de bomberos y a todos los funcionarios. Así que la gente llamaba y no tenía ni idea. Y de ahí surgió el ISIS. No creemos en despedir a toda la gente. Así que ya veremos qué pasa. Pero primero tenemos que acabar con el ejército”.
Sin amenazas
Del mismo modo, Trump tampoco está siendo capaz de imponer el relato de la amenaza inminente de Irán, como sí hizo George Bush con las armas de destrucción masiva de Irak, algo que gobiernos como el británico de Tony Blair o el español de José María Aznar asumieron a pies juntillas.
Es más, la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) de EE.UU. afirmó en un informe no clasificado el año pasado que Irán podría desarrollar un misil balístico intercontinental militarmente viable para 2035 “si Teherán decidiera desarrollar esa capacidad”, informa AP.
El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo a los periodistas el miércoles, 48 horas antes de lanzar el ataque que la negativa de Irán a hablar sobre su programa de misiles balísticos era un “gran problema”, pero se negó a comentar la conclusión de la DIA de que Irán aún estaba lejos de desarrollar un misil que pudiera alcanzar Estados Unidos.
Y en cuanto a las armas nucleares, hace apenas ocho meses, a instancias de Israel durante su guerra de 12 días con Irán el pasado mes de junio, Trump desplegó los B-2 para bombardear tres instalaciones nucleares iraníes clave. Y el presidente de EE.UU. y todo su departamento de Guerra acusaron a los medios que publicaron informes del Pentágono que ponían en duda que la destrucción hubiera sido tan total. “Obliterated” era la palabra que usaba Trump, y calificaba de “traidores” a quienes cuestionaran el relato oficial, que pasaba por negar la posibilidad de que Irán pudiera reconstruir su programa nuclear en el futuro.
Desde que Trump comenzó su enorme despliegue militar en Medio Oriente, en lo que supone la mayor concentración de fuerzas desde la guerra de Irak, la Administración estadounidense fue saltando de justificación en justificación para atacar Irán, sin haber encontrado aún ninguna consistente: desde la represión de Irán contra los manifestantes contrarios al régimen, hasta el programa nuclear iraní supuestamente devastado que de repente podría permitir a Irán desarrollar un arma nuclear en tiempo récord hasta el programa de armas balísticas que, según Trump, pronto podría lanzar un ataque contra los propios Estados Unidos de forma inminente.
Pero las contradicciones también se produjeron en las explicaciones sobre el proceso de toma de decisiones.
Este lunes, en el Capitolio, Marco Rubio dinamitó las afirmaciones de la Administración Trump de que Irán estaba planeando un ataque preventivo y afirmó, por contra, que era Israel el que estaba planeando atacar primero.
“Sabíamos que iba a haber una acción israelí, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses y sabíamos que, si no los atacábamos preventivamente antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos más bajas”, dijo Rubio en los pasillos del Congreso.
Es decir, no había información de inteligencia sobre los planes de Irán de lanzar un ataque preventivo y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, desempeñó un papel clave en incitar a EE.UU. a lanzar ataques contra Irán.
A raíz de ese comentario, la Administración Trump se esforzó en refutar la idea de que Netanyahu presionó a Trump para que entrara en esta guerra.
Así, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, retuiteó un artículo con el siguiente titular: “No, Marco Rubio no afirmó que Israel arrastrara a Trump a la guerra con Irán”.
“Creo que iban a atacar primero y no quería que eso sucediera. Así que puede que haya sido yo quien haya forzado la mano de Israel”, respondió Trump este martes mientras hablaba con los periodistas en el Despacho Oval con el canciller alemán, Friederich Merz: “Estábamos negociando con esos lunáticos y mi opinión era que ellos [Irán] iban a atacar primero”.
Ni Trump ni nadie de su administración aportó pruebas de nada, y lo que los servicios de inteligencia estadounidenses habían dicho hasta el momento era precisamente lo contrario: que Teherán no tendría la capacidad de misiles de largo alcance al menos en una década.