Y DESPUES ES AHORA NARRACIONES

Atóxicas

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En una clínica que estoy dando una chica está escribiendo un libro muy necesario sobre María Luisa Bemberg. En ese libro hay muchas citas de frases y anécdotas contadas por María Luisa que uno le agradece a Celina haber recopilado. En una de ellas por ejemplo, María Luisa dice que ¨Nosotras las mujeres cuando nos enamoramos, nos intoxicamos. Si uno esta comprometido con una obra, no hay demasiado tiempo para lo personal“.

Si estoy sola y necesito y quiero tener sexo con gente, ¿cómo sortear el abismo del apego? La condena del apego. No tener ganas de tener sexo en general pero, ¿cómo se tiene sexo en particular con alguien a quien se acaba de conocer? Y para qué. Pero también, de algún modo y en algún lugar se empieza,  así que el único modo de empezar vendría a ser empezando, con toda la incomodidad y al mismo tiempo curiosidad de esa primera vez. 

Si estoy sola y necesito y quiero tener sexo con gente, ¿cómo sortear el abismo del apego? La condena del apego.

De más chica, con más energía y tiempo disponible, no era tan infrecuente arrojarme al encuentro sexual con alguien por pura curiosidad. Saciar la fantasía de cómo se vería esa persona en particular teniendo sexo, qué caras pondría, qué palabras diría o dejaría de decir, cómo se comportaría después. Ya no me pasa tanto eso, esa curiosidad tan general, ahora más bien al contrario, preferiría que la primera vez con alguien fuera la quinta ya, la décima, vaya uno a saber. Porque es difícil también administrar la energía, el entusiasmo, la expectativa: si va a ser la única vez, me gustaría saberlo. ¿O no? Y habiendo sido sólo una también, ¿para qué? ¿Para sacarse la duda, la curiosidad? Es un montón todo un cuerpo nuevo de otrx, es un montón sus partes del cuerpo entrando y saliendo, es un montón. Y al mismo tiempo a veces acaba no siendo nada ese montón después. Estoy intentando entrenarme en el desapego y en el presente puro, en recibir lo que el otrx me quiera ofrecer, ver qué quiero y puedo y me sale ofrecer a mí, dar, conceder. Me da pudor todo ese principio y a la vez es una situación de infinita posibilidad: el otrx antes de desnudarse, el otrx desnudx, el otrx vuelta a vestir. Tiendo más a quedar apegada a que no, tiendo más a: apego a menos que se demuestre o imponga lo contrario. O suceda algo sin vuelta atrás, cosas que no, pequeñas o grandes. Porque tampoco dejan de ser pasitos de acceder al otrx, de empezarlx a ver. ¿Mensaje al día siguiente sí, mensaje al día siguiente no? ¿Mensaje al día siguiente es cortesía, es apego, es interés? ¿Es recomendable especular, o no?

Últimamente cuando mi hijo Ramón se va de mi casa a la de su papá por un par de días, lloro. Un ratito, es esa primera escisión. Si estoy en una relación sexo afectiva no me pasa eso, ahora sí. Intento no juzgarme, al rato me rearmo y hago todo lo que tengo que hacer cuando no está Ramón, y está perfecto así, pero el primer momento es de desgarrín. No me había pasado nunca hasta ahora, ni siquiera ni bien nos separamos y Ramón empezó a dividir su tiempo, ni siquiera entonces, ahora sí. Nunca nada está del todo estático en esta relación, me fascina eso, todo cambia todo el tiempo. Nuestros modos de compartir y de estar cerca se van modificando, en mi relación con Ramón. Y cuando vuelve es como si nunca se hubiera ido, sencillamente está acá: su carita, su voz, su olor, y el fastidio, si fuera necesario, puede restituirse rápidamente, si grita, si está ñañoso, si está de mal humor. Eso también es algo que se reconstituye a la velocidad de la luz, sin necesidad de proceso.

Hace un par de años, justo antes de la pandemia, hicimos una obra con dos amigas, Agustina y Margarita. Nos reunimos a lo largo de un año, en general entorno a almuerzos eternos, a conversar, a leer el diario de la abuela de una de ellas, la abuela Perlita, a partir del cual hicimos la obra. La escribimos y la dirigimos entre las tres, Margarita, la nieta de Perlita, también actuaba. En esa obra hilamos textos de cada una de nosotras junto con las palabras de Leonor, apodada Perlita. En una de esas escenas, que escribí y le adjudiqué a Margarita ella decía lo siguiente:

Margarita: Una vez un hombre me dijo que había un hilo que se tiende entre dos personas cuando tienen sexo, un hilo que queda tendido para siempre y que esa idea a él le daba mucha impresión porque había tenido sexo con mucha gente. Yo también tuve sexo con él y ahora no puedo dejar de pensar que estamos unidos, no sé si tanto por ese hilo, suponiendo que existiera algo así, sino por la idea del hilo que me inoculó.

Susana: Por ahí sólo era para alertar acerca de que tener sexo con alguien sí es algo, poner una parte de un cuerpo en otro sí es algo. Y rozar, poner a convivir líquidos, fluídos, también es algo. No por dejar de hacerlo, pero por saber.

Margarita: Puede ser… Pero la cosa es que junto con el hilo ese hombre me dejó adentro esa idea, me la implantó, me la impuso, y esa idea modificó mi mirada sobre eso, sobre cómo lo había vivido hasta ese momento, con más inconsciencia, sin hilos ni ideas. Me puso esa idea adentro y esa idea combatió a la otra que traía conmigo desde hace rato que era la de ceder siempre a la curiosidad.

Susana: ¿Cómo?

Margarita: Ceder siempre a la curiosidad de ver cómo es ese otro en la intimidad, querer saber cómo luce, cómo huele, cómo dice cuando es así, adentro de un cuarto, adentro de un cuerpo. Esa idea fue arrasada por la de que meterse en el cuerpo de alguien, abrir el propio, que éso sí significa algo y que no puede quedar librado a la curiosidad.

Susana: ¿Entonces es la idea del hilo la que rige todo ahora?

Margarita: Es la idea de la inoculación lo que rige ahora, la de que alguien me puso esa idea adentro y yo no me di cuenta en el momento y empezó a regirme y ahora no me la puedo sacar.

Susana: Hasta que otra vuelva a desplazarla.

Margarita: Puede ser pero cuándo. ¿Cada diez años cambia de ciclo?

Camilo: Ese es el tiempo de la eternidad ahora, ¿no? ¿Que diez años son para siempre?

Mi joven amiga Laurita ha vuelto a ponerse de novia después de bastante tiempo, y todo parece ir sobre rieles: el muchacho es bueno, está disponible, la trata bien. A ella le gusta pero dice no saber si está enamorada. Dice, también, que por momentos siente ahogo por la figura, por la institución: las presentaciones, las actividades compartidas, la familia de ella, la de él. Dice que a veces se comporta de acuerdo a lo que cree que esperan de ella o de alguien en esa situación, sin estar del todo convencida. Que si fuera por ella la mayoría de las veces preferiría quedarse en su casa leyendo un libro con una taza de té. Laura hace muchas cosas, trabaja, escribe, estudia, ve amigas, obras de teatro, lee. Laura no tiene tanto tiempo para un novio normal, con frecuencia. A Laura el novio normal con frecuencia le da dolor de estómago por momentos. Decimos que habría que poder encontrar la medida propia de cada cosa pero cómo, cómo trazar la línea, cómo darse cuenta cómo es.

No sé si será cosa de mujeres eso de intoxicarse en el enamoramiento, María Luisa vivió una época y un contexto muy distinto al mío, y aún más al de Laurita que debe tener la edad de las bisnietas de María Luisa, y sin embargo cuando se lo comento, a ambas nos resuena algo de la intoxicación, que a lo mejor sea otro modo de llamar al apego, que realmente sucede al margen de la relación y a veces ni siquiera tiene que ver con esa misma relación.

RP