Los cuadernos de primavera Opinión

Greg, el personaje invisible de Succession que todos fuimos alguna vez

Fabián Casas Cuadernos de primavera

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Este es el país de la electricidad, si no tenés contactos estás frito. Mi viejo era una pequeña central eléctrica de Boedo. Como tenía un trabajo que lo hacía conocer una cantidad de gente disímil -era el secretario privado de Alberto Olmedo- siempre sacaba un conejo de la galera para que nosotros -que éramos una familia de origen proletario- pudiéramos conseguir ciertas cosas que de no haber sido por él nos hubieran puesto en una infinita cola de gente con números en la mano. 

Cuando era chico tenía problemas bronquiales. Mi mamá entraba a mi cuarto -que compartía con mis tres hermanos- con una cacerola con vapor, para que respirara mientras me tapaba con una toalla. Después me ponía Vick Vaporub en el pecho y me tapaba hasta el cuello. Pero como no mejoraba, mi viejo se contactó con el doctor Feris, quien era el médico de las vedettes del teatro donde actuaba Alberto y también trabajaba en la Casa Cuna. Así que me llevaron ahí para que me hicieran un estudio más detallado, me aplicaron una larga cadena de inyecciones y corrigieron mi alimentación. El contacto de mi papá me salvó. El doctor Feris era colombiano, semi calvo, con el pelo ralo colorado, bajo, delgado y muy cariñoso. 

Pienso en Greg (Nicholas Braun), el personaje invisible principal de la serie Succession, el primo de los Roy a quien su madre le dice que vaya para que le den un trabajo en esa familia millonaria y salvaje. Greg es el personaje que nadie quiere escribir, que nadie quiere ser, pero que todos fuimos alguna vez. ¿Nunca escuchaste que no te querían en un lugar? ¿Nunca sentiste que para ciertas personas eras un plomo? ¿Nunca viste como se iban todos cuando vos llegabas? Mientras Logan –el padre saturniano que se come a los hijos como snacks- y Kendall –su hijo mayor, su heredero posible- se debaten en una guerra intensa y marcan los arcos narrativos principales de las primeras dos temporadas de la serie, Greg, con sus acciones, sus dudas, sus virtudes e incertidumbres va creando el arco narrativo invisible que en realidad sostiene la serie: es el punto de almohadillado, ese botón que si sacamos vuela el almohadón en pedazos y bajamos las escaleras repletos de plumas. 

Todos queremos escribir a Kendall o Logan, pero el más difícil de escribir y lo que nos daría una gran pericia narrativa sería ocuparnos del mundo según Greg. Escribir sobre los que salen en el fondo de la foto, en los que nadie repara. Greg es altísimo -todos los miembros de la familia Roy lo miran desde abajo a pesar de que son sus putos amos- y desde ese privilegio que le da la estatura física puede mirar en toda su extensión el algoritmo siniestro que pueden llegar a ser ciertas familias. 

Arcos narrativos, puntos de giro, todas formalidades técnicas que te enseñan para escribir guiones, que en realidad sirven para sostener las historias que no tienen espesor. Esas técnicas son como las formas de conductas en sociedad. En un capítulo glorioso de Ana Karenina, Kitti, que está enamorada de Vronsky, va a un baile esperando que éste se le declare, pero ahí comprende –lo ve- que el muchacho está interesado en Ana Karenina y no en ella. Eso la destruye, y Tolstoi escribe que “Todo el baile, todo el mundo quedó nublado en el alma de Kitti. Sólo la rígida educación que había recibido le servía de puntal y la obligaba a hacer lo que se esperaba de ella, a saber, bailar, contestar preguntas, hablar, incluso sonreir”. Una buena idea sería ver Succession y a la vez leer El Rey Lear , de Shakespeare, ya que la serie está claramente inspirada en esta obra más que en la familia Murdoch. La serie también habla de que el verdadero virus es el capitalismo despiadado que puede terminar por matar al huésped que lo aloja. Creo que vamos hacia eso. 

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Una de las veces que fui Greg. Estudiaba a la noche en la facultad de filosofía y mi viejo me consiguió un trabajo matutino. Un ex actor ahora era el gerente de una empresa láctea y había trabajado con mi viejo en unas obras de teatro independientes con Homero Cárpena. Me contrató. Trabajaba por la mañana y estudiaba por la noche. El comienzo fue sencillo, me dieron un pequeño supermercado de plaza Once. Yo tenía que remarcar los precios en los yogures, acomodar los sachets de leche en las góndolas, controlar que los que se estaban por vencer estuvieran adelante para que la gente se los lleve. La góndola era pequeña y tenía un instructor muy buena onda que me enseñó el oficio. Me pagaban con un sobre lleno de plata. Cuando pensé que la tenía atada, me informaron que ya que había aprendido, me iban a pasar a un hipermercado. No empezaba a las nueve sino a las seis de la mañana y la góndola que tenía que llenar era tan grande como Moby Dick. Cajones de leches apilados y congelados me esperaban para que yo solo los bajara y ordenara. Millones de yogures para remarcar. Un infierno. Y había un personaje especial que había sumado “la producción”. El camionero que traía los productos y que el primer día me advirtió: “Ojo que el repositor de Sancor se va a querer hacer tu amigo para sacarte frentes de yogur, no caigas en esa trampa. Acá todos te quieren primerear”.

La parte de atrás, lo que no se ve de los hipermercados, es un lugar horrible, había una pileta inmensa donde estaban unos pollos puestos en remojo con lavandina para mantenerlos, todo tenía un olor horrible, el jefe del supermercado que controlaba las góndolas era Hitler. Pero el repositor de Sancor era genial. Tan joven como yo -20 años- y con cierto aire a Cobain. Nos hicimos amigos rápidamente y me invitó a fumar porro en la cámara de frío donde guardaban los helados. Para entrar ahí nos poníamos unos camperones y fumábamos. Un día entramos rápido, por apurar una tuca que él tenía y no nos pusimos las camperas porque íbamos a salir enseguida. El encendió la tuca y me la pasó y de golpe se golpeó en la frente y me dijo: “Uh, esperá que ya vengo”. Empecé a fumar, me senté y me desmayé y me congelé. Me desperté cuando me sacaban en camilla para llevarme a la ambulancia. A mi lado, el camionero me repetía, enojado: “Te dije que el repositor de Sancor te iba a cagar”. Me despidieron inmediatamente. Tardé unas semanas en recuperarme de una neumonitis. Mi papá no me habló por un mes. Me pregunto cómo terminará Greg en esta tercera temporada de Succession.

FC/CB

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