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SOY GORDA (ESEGÉ)

Gris de ausencia

Luis Brandoni y Pepe Soriano, protagonistas de Gris de ausencia.

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Es preciso llevar dentro de uno mismo un caos para poner en el firmamento una estrella.

¿Requirió Friedrich Nietzsche que la oscuridad le recorriera el cuerpo para hallar, por fin, la luz? ¿Metáfora de qué fue esa frase paradójica?

Mientras exploro e imagino alguna de las respuestas posibles a esas preguntas, pienso en la interseccionalidad y repienso la identidad como una esencia y la rechazo. La primera, es la confluencia activa de personas que empatizan entre sí pese a ser diferentes; la identidad, algo fijo y homogéneo,  siempre igual a sí mismo, donde les otres no entran. No son, por supuesto, interpretaciones únicas. Nietzsche era uno (cada uno es una unidad), aunque múltiple: lo negro, lo blanco y toda la serie posible de grises habitaron su materialidad humana.

Soy vasto, contengo multitudes, escribió el poeta queer y trotamundos de los Estados Unidos, Walt Whitman. Gozando de vigor, ensanchando los codos, apretando los puños, armados y sin miedo, comiendo, bebiendo, durmiendo, amando, no admitiendo otra ley que la de nosotros mismos… decía Walter, periodista y enfermero voluntario del siglo 19.

Yo, soy gorda. También, judía. Escribo, escucho la música de The High Priestess of Soul, Nina Simone, y Peace Piece, de Bill Evans, a continuación. Seré nómade, glotona, lo más libre que pueda, según mi propia ley, no la norma que quieran imponernos desde afuera. Una de las actividades gourmet que prefiero es la lectura, a veces compulsiva, con ansia y exceso; otras, más próxima al deseo. Si es con un fondo musical, las palabras fluyen mejor.

Tomo mis lentes, les paso una pequeña franela a los cristales, cuelgo una patilla de mi boca a dentelladas secas y calientes y me tiro en la cama, me relajo por completo. Cada nota que suena en el piano con el toque Evans es una puñalada dulce en el corazón del daño, en el cerebro del estómago . Puedo ir a la cocina con un libro en la mano y sentarme a degustar sintagmas nominales y verbales, mientras bebo un té. Y esa sonoridad amigable y extraña evita el atracón porque estoy llena. Es suficiente para un cuerpo que fue herido.

Ya pasó. Ya sabemos cómo es. Y no. Nunca se sabe cómo es. Pero: inventaremos oraciones complejas, sinuosas, de diamante y de barro, mansas como palomas y astutas como serpientes, y al revés, de cualquier modo, astutas como centollas, mansas como mitocondrias, lo que sea, mire usted, hasta que el revuelo y el conventillo y las arterias de las palabras de la ternura nos abriguen. Y sí. Otra vez”, advierte Gloria Peirano, la autora de la novela La ruta de los hospitales.

Una madre habla con su hija. La escena se repite cada día, una maneja y la otra va en el asiento del copiloto, mientras recorren los lugares donde la mujer trabaja de nutricionista. “Tenés esa ruta, la ruta de mis hospitales: Muñiz, Roca, Español, Británico, Fiorito, Gandulfo, Fernández.” La hija la espera, a veces, en el auto; otras, en los jardines, en los pabellones blancos, en los espacios donde los cocineros descansan después de haber preparado platos equilibrados que curan. La voz de la madre circula en las capas del tiempo. Aparece el pasado: los recuerdos de una infancia con partidos de pelota al cesto, las enfermedades que derivan en viajes al mar para recuperarse, las muertes dolorosas y los consuelos dulces de amores maternales. También se asoma el futuro: “¿Tiemblan tus manos? Poné las palmas hacia arriba, ahora. Nunca temblarán”, como quien ya lo ha visto todo, desde un lugar insomne, desde un transcurrir indefinido.

Castigades por el hambre o nadando en medio de la glotonería frailuna a la que le añado carteles divertidos en argentino vulgar, el idioma de les argentines, la lengua plateada, del río y de les viejes, ¿no estamos diciéndoles a padre y a madre, siempre, que nos miren, que nos cuiden, que nos protejan, que nos re-conozcan? Y sin embargo, y sin embargo, muches hijes deben migrar por ausencia de oportunidades.

Ahora escucho la girlband XPLODE, formada por Paw, Aysel, Rochi y Sun, pionera del A-POP, Argentine Pop, que rinde homenaje al fenómeno del K-Pop mientras incorpora el idioma español y elementos distintivos de la cultura argentina. La girlband XPLODE, formada por Paw, Aysel, Rochi y Sun, se destaca como pionera en este movimiento, llevando consigo una energía vibrante.

Pasó la lluvia, fugaz e intensa. ¿Qué dirán les astrólogues de lo que viene? Sí, cambio de mando en el Poder Ejecutivo y parte del que se ocupa de las leyes, aunque eso no sé si lo indicaron las estrellas. ¿Qué cambiará con Suley? ¿hay ley cuando hay mercado libre? Alguna vez me enseñaron que después de esa libertad lo que llega es el monopolio, o elo oligo. Los últimos días, todavía con Alberta, un descontrol de precios. Gordes, flaques, marrones, afrodescendientes, judíos, cristianos, musulmanes, agnóstiques, jóvenes, niñes, casi todes afectades. Los supermercados arden. Hay hambre y exceso de poder para los poderosos. Yo les hablé con el corazón y ustedes me respondieron con el bolsillo, el que depositó dólares cobrará dólares, tenemos que dejar de robar por dos años. Cuántas frases, cuánto dolor. ¿Qué se vayan todes? No, ¿a Venus? ¿A Marte? Los preferidos en la Tierra, activando. Los otres, que se vayan a la luna, luna lunera, cascabelera.

Mientras tanto, las gemelas María y Paula Marull descansan del río que hace. Pero vuelven. Regresarán “al país de las maravillas del teatro” (Javier Daulte). Un río oscuro y profundo que asfixia, pero que también es belleza porque es incertidumbre y un augurio de lo nuevo. De lo nuevo nuevo, no de lo viejo disfrazado de nuevo. Como nuestro paisito, patria grande, América Latina, para reir y para llorar. Desbordades, bordamos, esperanzades en que el tiempo que no vivimos está guardado en alguna parte. Ni como tragedia ni como farsa. Empoderades, ni una menos. Arriba las cuerpas, cuerpes y cuerpos del mundo, de pie les esclaves. Seremos extranjeres, privades de idioma, de voz, pero siempre habrá una canción para compartir con amigues, hermanes, vecines, indies, blanquinegres, gente de cualquier punto. Y un pan, papá, que haga buena a la gente.

LH 

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