OPINIÓN

Malas noticias desde Casa Rosada

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La reapertura de la sala de prensa de la Casa Rosada, luego de una semana cerrada, no es una buena noticia. Es más bien, la demostración de que su cierre fue producto de otro berrinche presidencial. El argumento, investigar las condiciones de seguridad de la Casa de Gobierno luego de que TN pusiera al aire un informe sobre los “pasillos del poder”, resultó tan infantil como peligroso.

La originalidad y el ingenio de dicho informe quedará a consideración de quien lo haya visto. Lo que sí es cierto es que de ningúna manera puso en peligro la seguridad presidencial. TN no mostró más que el recorrido que suelen hacerse en las visitas escolares y lo condimentó con un poco de intriga. Es imposible saber que fue lo que disparó el enojo de Javier Milei para decidir cerrar la sala de prensa y acusar a los periodistas de TN de “basuras repugnantes”. Pero hay algunas pistas.

La semana comenzó así, con los periodistas acreditados agolpados contra las rejas sin poder entrar a la sala por primera vez en la historia. Y siguió en el Congreso el miércoles, durante la presidentación de Manuel Adorni, el investigado jefe de Gabinete quien no respondió sobre cómo en dos años logró volverse una persona acaudalada, con múltiples propiedades, viajes en aviones privados y vacaciones en destinos exclusivos.

En otro evento sin precendentes, el Presidente de la Nación se pone a la cabeza de todo el gabinete y todos juntos marchan hacia el Congreso para apoyar al cuestionado jefe de ministros. Desde un palco, el mandatario se dedica a burlarse de la oposición y arengar, cual barrabrava, los gritos de apoyo a Adorni.

Al salir, los periodistas intentan preguntarle por el cierre de la sala de prensa en la Casa Rosada. La respuesta del Presidente, los deja paralizados. “¡Chorros!”, les grita. Tampoco hay antecedentes de que un presidente le haya gritado chorros a los periodistas.

Ese mismo miércoles, horas más tarde, Javier Milei encabeza el cierre de la Expo EFI 2026. Allí ensaya una defensa sobre sus insultos a la prensa:  “No voy a aceptar la psicopateada de los kukas y los periodistas. Hablan de mis respuestas y no dicen el montón de mentiras, calumnias, injurias y las barbaridades que dicen de mí, de mi familia, de mis hijitos de cuatro patas”. El Presidente concluye que de ningúna manera sus insultos constituyen violencia y cierra:  “Esto es para todos los llorones”.

Enumerar la lista de insultos y acusaciones de la semana sería largo, tedioso y aburrido. A dos años de gobierno de Javier Milei ya sabemos de los arrebatos del Presidente contra la prensa. Hace poco días, Sebastián Lacunza contó aquí en elDiarioAR como ordenó retirar por la fuerza a Fernán Saguier, director de La Nación, del depacho presidencial. Y sabemos como su ensañamiento es especial con las mujeres. Luciana Geuna se sumó a una larga lista de periodistas menospreciadas por el Presidente que comenzó en 2018 cuando a los gritos le dijo “burra” a Teresita Frías, una colega de Salta. La periodista tuvo la mala idea de contradecir sus opiniones.

Con Milei en el poder, los ataques aumentaron hasta tal punto que terminaron, peligrosamente, siendo parte de la forma en que el oficialismo hace política.

Esta semana fue particularmente molesta para el Presidente. La investigación por enriqueciemiento ilícito a la que está siendo sometido Adorni, parece haber empezado a dañar la imagen del Gobierno.

El lunes, el mismo día en que se anunció el cierre de la sala de prensa, se conoció el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Por quinto mes consecutivo, la imagen del Gobierno cayó y marcó un retroceso del 12,1% con respecto a marzo. El Gobierno descendió en los cinco ejes de desempeño sobre los que se construye el índice: “Honestidad”, “Capacidad”, “Eficiencia”, “Evaluación general del Gobierno” y “Preocupación por el interés general”.

Es apenas una señal de un Gobierno que empieza a sentir el peso de la gestión, que comienza a darse que cuenta que el hechizo de los pulgares a arriba y el baile desenfrenado no alcanzan para llegar a fin a mes. Alejandro Rebossio escribe una crónica en la edición de hoy que muestra como la falta de empleo, la inflación, los salarios congelados y el recorte de la ayuda del Estado están golpeando en los sectores más desprotegidos y acerca un dato que refleja la profundidad de la crisis, el regreso del trueque, ese que en 2001 se convirtió en el mecanismo de supervivencia de miles de familias.

En la edición de ayer de elDiarioAR, León Nicanoff dio cuenta de un panorama cada vez más complejo: cada vez más jubilados se ven forzados a seguir trabajando porque con sus haberes no llegan a cubrir los gastos mínimos. Al mismo tiempo, los jóvenes dejan de buscar empleo porque descubren que las promesas del cuentapropismo de delivery es apenas un espejismo, un disfraz de trabajos de miseria.

Pero el Presidente elige insultar. ¿Pensemos por un instante cuántas veces le hemos dicho a una persona “basura repugnante” en las redes sociales? ¿A cuántos otros “sorete”? Es cierto que en las redes sociales se insulta y se insulta mucho, pero la gran mayoría no lo hace. El Presidente, en cambio, elige comportarse como lo más bajo de ese bajo mundo de las redes, donde se dice lo que jamás se diría cara a cara.

La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca fue fundada en 1914 por un grupo de periodistas que cubria las conferencia de prensa del entonces presidente Woodrow Wilson. El mandatario quería suspendarlas porque no le gustaba lo que escribían. Consideraba que a las notas se les agregaba demasiada información en off the record. Los periodistas decidieron crear esa asociación para defender ese espacio y su trabajo. Aún hoy es la Asociación la encargada de otorgar las acreditaciones para entrar a la Casa Blanca y distribuir los lugares en la sala de prensa. ¿La razón? Es sencilla. Se considera que quien ocupa la Casa es simplemente un inquilino que está de paso y que por nada del mundo el inquilino puede estar por encima de la prensa que seguirá estando allí cuando el ocupante de turno se vaya.

MG