1º de Mayo: por un peronismo que se anime a no morir en la nostalgia
En 1890, año en que según el presidente éramos una nación próspera, se conmemoró por primera vez en Argentina el Día del Trabajador. El 1° de Mayo, para gran parte del planeta, es una jornada de lucha por derechos y reconocimiento al esfuerzo cotidiano. En nuestro país, hace años que no podemos asociarlo a la alegría que tuvo en otros tiempos. Cada vez trabajamos más, en peores condiciones, con salarios más bajos y con mayor temor de perder el único ingreso que ni siquiera alcanza para mantenernos. Este proceso no comenzó con Milei, ni siquiera es patrimonio exclusivo de la Argentina. Desde hace décadas, el trabajo es un tema de debate y tensión en todo el mundo. La globalización, la tecnología y los hábitos de consumo han configurado un escenario completamente distinto al de aquellos días cercanos al pleno empleo.
Durante muchos años en Argentina los sucesivos gobiernos no tuvieron la voluntad o la capacidad de encarar transformaciones que permitieran sostener el nivel de actividad y el piso de derechos para la población. Milei llegó a una Argentina donde coexistían trabajadores formales pobres y millones de trabajadores informales, a quienes incluso sectores del peronismo se resistían a reconocer como tales. Pero Milei, lejos de aliviarles los problemas, los considera sus enemigos. El gobierno libertario no sólo destruye cotidianamente fuentes de trabajo con sus políticas económicas, sino que también se ocupa de minar sus derechos, desde la Ley Bases y con la reforma laboral más regresiva de la historia. Ni se ocupó de los repartidores de plataformas, ni de ninguno de los sectores informales en crecimiento, a los que llama “independientes”, como si estuviera en ellos elegir las condiciones de contratación.
La fotografía actual del trabajo en la Argentina nos muestra que de la Población Económicamente Activa (PEA) de 25 millones, 6,5 están en el sector privado, 3 en el público, 2 son monotributistas y 2 desocupados. El resto, cerca de 12 millones, está en la informalidad. La misma cantidad que Milei dice haber sacado de la pobreza, solo que ellos existen de verdad y son trabajadores sin registro ni derechos. No es un problema “del Conurbano”. ¿Alguien cree que los proyectos mineros van a revertir que en la mitad de las provincias hay hoy más trabajadores informales que formales? Lo que ocurre mientras nadie se ocupa, es que esos 12 millones sin derechos presionan a la baja los salarios de los formales, que a su vez tienen que buscar en esos mismos rebusques y aplicaciones otros ingresos para llegar a fin de mes.
Le pese a quien le pese, este problema no se resuelve con crecimiento y con consumo. Por supuesto que son condiciones necesarias, pero en los últimos 50 años demostraron no ser suficientes. Tuvimos ciclos de crecimiento “a tasas chinas” pero el empleo informal creció a tasas siderales. Es por ello que si un gobierno tiene vocación de mejorar la vida de las mayorías tiene que poner el trabajo como centro de su política. No alcanza un plan para la macro: es imprescindible generar instrumentos focalizados en cada rama de la economía popular, en las distintas realidades, para avanzar en la registración y, paulatinamente, garantizarles los derechos que merecen todos los trabajadores, formales e informales. Y esto requiere una mirada moderna que entienda cuáles son las formas hoy de generar riqueza, los procesos productivos o los vínculos con los espacios de trabajo, nadie puede representar lo que no comprende. Por eso, o el peronismo entiende el nuevo mundo del trabajo o corre el riesgo de morir en la nostalgia.
*El autor es dirigente nacional del Moviento Evita