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SOY GORDA (ESEGÉ)

Vecinos solidarios

Mural en la Isla Maciel

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Me acuerdo de cierta polémica dilemática de otra época que, vista hoy, me resulta banal: ¿ayudar al semejante dándole comida o proveerlo de herramientas para que genere su propio alimento? Como si una descartara la otra en vez de incluirla. Ser compasivo o militar. Actuar para el corto plazo, la urgencia, organizando ollas y comedores populares o esperar que sean los tiempos y los gestos de la Historia los que decidan cuándo y cómo llenar las panzas… mientras una parte de la sociedad pasa hambre.

¿Educar en las barriadas creando nuevas formas para los que no pueden acceder a las instituciones oficiales? ¿O esperar que se produzca una “revolución pedagógica y cultural”? 

Un recorrido por el trabajo callejero y voluntario por la Ciudad de Buenos Aires y alrededores permite descubrir algunas experiencias solidarias. Es la gente que va bordando, enlazando, construyendo puentes con su corazón y sus manos a los otros. Nuestra especie, solidaria en general, nos convertiría en algo diferente, inhumano.  

En esas vivencias de cooperación están las personas que se cayeron del sistema o están a punto, las que fueron expulsadas, viviendo en condiciones indignas por la responsabilidad de las autoridades. También, se encuentran los vecinos que, a pesar de atravesar muchas veces la escasez material, deciden darles la mano a sus semejantes.

Compartir con los demás nos constituye, lo que no significa que haya quienes, por mezquindad, voracidad, alguna patología mental y falta de sensibilidad sean indiferentes a las necesidades de sus semejantes.

No se trata acá de dilucidar como llegamos al escenario actual, aunque es evidente que entre las causas participan fuertemente la apropiación de la riqueza por parte de unos pocos, un gobierno que favorece la quita de derechos básicos, la toma alocada de deuda externa y la ausencia de una Justicia productiva y distributiva.

Lo que me interesa es poner la lupa en el funcionamiento de algunos agrupamientos solidarios, sustitutos de un estado ausente, cuyo pequeño gran poder tiene como destino beneficiar a los más vulnerados.

El Volun nace en 2019 “cuando se cierra el voluntariado del Hospital de Clínicas y empezamos a salir con changuitos por la avenida Corrientes para distribuir sanwichitos, ropa y kits de higiene hasta que se complicó por la pandemia”, cuenta Miranda Carini Levit.

“Como tuvimos ganas de tener un punto fijo, nos unimos al Centro Cultural La Ronda, que es recopado. Empezamos a cocinar ahí, en Caballito y nos ubicamos los viernes en Plaza Flores. Primero, éramos cuatro o cinco entregando unas quince viandas y hoy somos sesenta cada domingo repartiendo entre cien y ciento cincuenta. Los viernes preparamos meriendas de sesenta kilos de facturas y 50 litros de bebida caliente. Lo hacemos de 17,30 a 19.30, junto a otra organización que se llama Flores Emerge que, a su vez, arma una merienda los martes. Nuestra propuesta es compartir con la gente que pasa y con los vecinos. Además, tenemos ajedrez gratis y actividades en fechas especiales. Para el Día del Niño hubo panchos, metegol, maquillaje y juguetes nuevos de regalo que aportó Juegos del Caracol. El 31 de octubre vamos a celebrar Halloween, con premios a los mejores disfraces y con una barra solidaria. Contamos con la colaboración de algunas Pymes y comercios del barrio. Tenemos una logística de traslado de heladeras y demás. También se puede colaborar a alias EL.VOLUN y nuestro Instagram es @elvolun”.

Miranda destaca que “todo está muy bien preparado, queremos que las comidas sean sabrosas y que estén bien presentadas. Por otra parte, cada mes y medio armamos una charla para los voluntarios ingresantes para que conozcan nuestros valores, funcionamiento, objetivos. Somos autogestivos, no nos banca ningún partido político ni religión. Pedimos un mínimo de compromiso al mes y tenemos prácticamente prohibida la voz pasiva, es decir el habría que”.   

Los habitantes de Isla Maciel, en el Dock Sud de Avellaneda, produjeron más de mil murales en las fachadas de las casas, como efecto del proyecto artístico y social Pintó la isla. Hace un par de semanas, sus calles fueron la sede del Primer Encuentro Internacional de Turismo Comunitario, algo que pocos hubieran imaginado tiempo atrás. A la vera del Riachuelo, tras atravesar el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda llegaron gestores viajeros de otras partes de América Latina que asistieron a una experiencia de valorización de lo propio. Los isleños atraen así a un turismo del exterior, dándole un plus de belleza a su hábitat y activando el comercio local.  

Su identidad está ligada al tango y a la cumbia. El Museo del Carpintero de Ribera cuenta la historia portuaria y el Comunitario rescata la memoria de los inmigrantes y los conventillos. Las visitas organizadas por sus moradores convocan a variadas caminatas.

“Empecé yo y después se sumaron mis hijos, fue sanador”, dice Romina Cabaña Vargas. “Me siento muy orgullosa de vivir en este lugar de la Argentina, aunque muchos opinan con desprecio que esto es una villa miseria. Cuesta llegar a fin de mes para sostenernos, pero me siento orgullosa hablando de nuestro barrio. Antiguamente era empleada doméstica y decían: se cree guía turística, alguien superior y antes limpiaba mi casa”.

Se reciben aportes en el Museo Comunitario Isla Maciel. (0115905-4515)    

En la Facultad de Agronomía de la UBA, entre ceibos, pinos, aguaribayes y sembradíos se juntan los Vecinos en Flor. Realizan capacitaciones gratuitas de cultivo, huerta, compostaje y jardinería, promoviendo la inclusión laboral y la autonomía de personas con discapacidad a través del trabajo con la tierra“. Florencia Calonge, coordinadora de discapacidad, explica que lo que buscan es ”que cada uno pueda encontrar un lugar para participar, aportar y crecer junto a otros. Trabajamos desde una mirada que no infantiliza a la gente, sino que la reconoce en sus deseos y ganas de construir“.

Analía Cobas llega con su bicicleta y cuenta que “acá se aprende a cuidar el medio ambiente, darle continuidad a la producción sustentable y a la producción de plantas aromáticas y nativas. Hay visitas guiadas una vez por mes y en este momento tan difícil buscamos donaciones de materiales, herramientas e insumos.

Para colaborar se puede ir a Av. Bairo 2424. CABA.

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