Reorden del descontrol interno

Con Caputo y los Menem cara a cara, Karina Milei rearmó la mesa política y ordenó saturar el Congreso de proyectos

26 de mayo de 2026 13:40 h

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La mesa política de la Casa Rosada volvió a reunirse este martes después de dos semanas paralizada por las tensiones internas que atravesaron al oficialismo y apenas un día después de la reunión de Gabinete encabezada por Javier Milei tras el Tedeum del 25 de Mayo. La secuencia no fue casual. En el Gobierno buscaron construir una cadena de imágenes orientadas a transmitir cohesión política luego de una semana marcada por los enfrentamientos entre el sector de Santiago Caputo y el armado de los Menem, una disputa que llegó incluso a expresarse públicamente a través de cuentas libertarias en redes sociales.

La reunión tuvo un objetivo explícito: volver a ordenar la estrategia legislativa del oficialismo. Pero también otro menos declarado aunque igual de importante: reconstruir un ámbito de coordinación política que había quedado virtualmente congelado por la interna. El encuentro comenzó pasadas las 11 en las oficinas del Ministerio del Interior, en la planta baja de Balcarce 50, y reunió nuevamente a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; al asesor presidencial Santiago Caputo; al jefe de Gabinete, Manuel Adorni; al ministro del Interior, Diego Santilli; a la jefa de bloque en el Senado, Patricia Bullrich; al titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem; al subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem y al secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt.

En la Casa Rosada sostienen que la prioridad inmediata es recuperar iniciativa parlamentaria. Según pudo saber elDiarioAR, uno de los ejes de la reunión fue revisar el estado de los proyectos pendientes y definir cuáles serán las próximas iniciativas que el Ejecutivo enviará al Congreso. El oficialismo busca sobrecargar la agenda política con nuevos anuncios y reformas en un momento en que el clima público empezó a correrse de la centralidad económica que dominó el primer tramo del gobierno.

La estrategia oficial consiste en mantener una dinámica permanente de anuncios legislativos. El objetivo ya no parece ser solamente aprobar reformas, sino también saturar la agenda política con iniciativas nuevas y recuperar centralidad en medio del desgaste interno del oficialismo. Entre los proyectos que circulan aparecen el denominado “Súper RIGI”, enfocado en sectores vinculados al litio, uranio, hidrógeno verde y vehículos eléctricos; cambios en la Ley General de Sociedades; modificaciones regulatorias para el mercado de capitales; reformas vinculadas al lobby; iniciativas sobre ludopatía y una nueva discusión sobre el etiquetado frontal de alimentos. La lógica es empujar varios debates al mismo tiempo, incluso cuando algunos de ellos todavía no tienen volumen político suficiente para atravesar el Congreso.

Detrás de esa estrategia aparece además una admisión implícita del propio oficialismo sobre sus límites parlamentarios. Milei volvió a reconocerlo este martes por la mañana, en una entrevista con Radio Mitre, donde dijo que el Gobierno todavía no cuenta con la fuerza legislativa necesaria para avanzar con la velocidad y la profundidad reformista que imagina. “Seguimos siendo primera minoría y no tenemos quórum propio”, sostuvo al justificar por qué muchas de las transformaciones que impulsa requieren negociación permanente y terminan llegando al Congreso más moderadas de lo que pretendía originalmente la Casa Rosada.

El ejemplo más claro de esa dinámica es el llamado “Súper RIGI”, presentado como una versión todavía más agresiva del régimen de incentivo a las inversiones aprobado el año pasado. El proyecto busca reducir del 25% al 15% la alícuota de Ganancias para las empresas alcanzadas y acelerar fuertemente los esquemas de amortización fiscal para sectores “estratégicos”. La lógica detrás de la propuesta excede incluso la discusión económica puntual: forma parte de la narrativa con la que Milei intenta mostrar que, pese al ruido político interno, el Gobierno todavía conserva capacidad para sostener una agenda propia.

Equilibrios inestables

Pero detrás de la agenda formal vuelve a aparecer, una y otra vez, el verdadero trasfondo de la reunión de la mesa política: la necesidad de administrar la convivencia interna dentro del oficialismo. El conflicto entre Santiago Caputo y el entorno de los Menem alcanzó durante las últimas semanas uno de sus niveles más altos desde el inicio del gobierno. Las acusaciones cruzadas, las operaciones en redes sociales y la circulación de versiones sobre ataques digitales alimentaron dudas incluso sobre la continuidad de algunos espacios comunes de coordinación política.

Por eso el Tedeum de este lunes funcionó como mucho más que una ceremonia religiosa. Javier Milei utilizó la fecha patria para mostrar a todos los sectores bajo su paraguas político. Todas las tribus compartieron espacios, recorridos y fotos en una coreografía cuidadosamente observada dentro del oficialismo. Hubo gestos especialmente leídos puertas adentro: la invitación directa del Presidente a Santiago Caputo —habitualmente relegado de este tipo de ceremonias organizadas por la Secretaría General—; el abrazo público a Bullrich desde el balcón de Casa Rosada; y la caminata compartida entre el asesor presidencial y Lule Menem tras la salida de la Catedral.

Las señales buscaron instalar un armisticio. Pero incluso en medio de la escenificación de unidad quedaron marcas de las tensiones que atraviesan al oficialismo. En las fotos oficiales difundidas por Presidencia sobre el Tedeum y la actividad posterior en Casa Rosada, Santiago Caputo prácticamente no apareció, pese a haber sido uno de los protagonistas políticos de la jornada y a haber participado tanto de la ceremonia como de la actividad en Balcarce 50. El detalle no pasó inadvertido dentro del ecosistema libertario, donde cada encuadre, ubicación o ausencia es delineada hasta la obsesión por la propia Karina Milei.

A ese cuadro de tensión interna se le suma además otra preocupación que sobrevuela cada reunión política del oficialismo: la incertidumbre alrededor de Manuel Adorni. Aunque en la Casa Rosada intentan relativizar el impacto político del caso que envuelve al jefe de Gabinete, lo cierto es que durante las últimas semanas su situación empezó a convertirse en una olla a presión dentro del propio Gobierno. Las versiones sobre su patrimonio y la creciente exposición mediática del tema obligaron al oficialismo a reorganizar parte de su estrategia comunicacional justo cuando buscaba volver a concentrar la agenda en la economía y las reformas.

En Balcarce 50 sostienen que Milei mantiene intacto su respaldo político hacia Adorni y recuerdan los gestos públicos que el Presidente le dedicóa lo largo de estos últimos tres meses. Pero incluso dentro del oficialismo admiten que el caso abrió un frente de desgaste inesperado para una administración que hasta hace pocos meses se sentía cómoda discutiendo casi exclusivamente variables económicas. La expectativa ahora está puesta en la presentación de la declaración jurada del funcionario, que el Gobierno espera utilizar como un intento de cerrar la discusión pública sobre su patrimonio y desactivar parte de la presión política que se acumuló en las últimas semanas. La preocupación no pasa solamente por la dimensión judicial o mediática del tema, sino por el riesgo de que el “factor Adorni” termine amplificando la sensación de desorden interno en un momento donde el Gobierno necesita transmitir exactamente lo contrario.

En el Gobierno saben que el escenario político comenzó a volverse más complejo. Javier Milei se vio obligado por primera vez en casi dos años de gestión a intervenir personalmente para bajar la tensión entre su consejero y el universo político que responde a su hermana. La escena tuvo algo inusual para la lógica de funcionamiento libertaria. Hasta ahora, el Presidente había logrado preservar una estructura de poder donde las disputas convivían bajo un equilibrio relativamente estable sostenido por su centralidad política y por la división tácita de funciones.

Sin embargo, la escalada de las últimas semanas empezó a mostrar fisuras más visibles. El Presidente necesitó exhibir gestos públicos de contención hacia todos los sectores al mismo tiempo. La propia necesidad de montar esa escenografía dejó al descubierto un dato incómodo para el oficialismo: que la autoridad presidencial, hasta ahora ejercida sin demasiadas mediaciones internas, empieza también a ser puesta a prueba dentro de su propio esquema de poder. La tregua de este lunes aparece así menos como una resolución definitiva que como una pausa administrada por Milei para evitar que el conflicto entre sus principales terminales políticas siga escalando frente a todos.

PL/MC