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Incendio en Los Gallardos
En la zona cero de la tragedia de Almería: “Todavía no encontramos a algunos amigos, tememos lo peor”

Varios vehículos calcinados en el incendio forestal.

Paula Bolaños

Los Gallardos (Almería) —

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Louise es una mujer británica que hasta el jueves por la tarde llevaba una vida tranquila bajo el sol del este de la provincia de Almería. En apenas unas horas, todo cambió. La casa rural donde vivía, una de las tantas propiedades dispersas en la sierra y habitadas en su mayoría por extranjeros —sobre todo británicos y belgas—, quedó frente a un incendio que avanzaba a una velocidad devastadora.

Cuando vio que el fuego se acercaba, Louise reunió a sus familiares, a unos amigos y a sus perros e intentó escapar en auto hacia el sur, con destino a Los Gallardos. “Supimos que Serena (una pedanía de Bédar) había sido evacuada y salimos enseguida, pero las llamas habían llegado a la ruta. No podíamos pasar, así que dimos la vuelta y fuimos en dirección a Lubrín. No nos dimos cuenta de que nos quedábamos sin combustible. Éramos cinco personas y dos perros, repartidos en dos autos, y ninguno tenía nafta. Fuimos unos tontos”, cuenta.

Los ocupantes del otro vehículo que viajaba con ellos, en lugar de regresar al encontrarse con el fuego sobre la ruta, decidieron atravesar las llamas para intentar llegar a Los Gallardos. “Nos dijeron que el auto levantó una temperatura impresionante. Por suerte están bien, pero nosotros no nos animamos a seguirlos porque otras personas que intentaron escapar manejando no lo lograron. Todavía no encontramos a algunos amigos y tememos lo peor”, relata.

Louise consiguió llegar junto a su grupo hasta la localidad de Antas, donde pudieron cargar combustible antes de continuar viaje hasta Aguamarga. Allí pasaron la noche en la casa de unos amigos. A la mañana siguiente, el camino hacia Los Gallardos ya estaba habilitado y decidieron instalarse allí para seguir de cerca la evolución del incendio.

Los Gallardos, espectadora del peor incendio

Desde que el jueves por la tarde comenzó a difundirse la noticia del incendio en el municipio de Los Gallardos, en el este de la provincia de Almería, la localidad se convirtió en testigo de un desastre que ya es considerado el incendio más grave de este siglo en España y el más letal en la historia de Andalucía, con 12 muertos y 23 personas que aún permanecen desaparecidas.

Protegido de las llamas por la barrera natural que representa la autovía A-7, que separa Los Gallardos de la Sierra de Bédar —donde el fuego avanzó durante toda la jornada del viernes—, el pueblo siguió de cerca el avance del incendio, que arrasó la sierra y alcanzó viviendas de amigos, familiares y vecinos de localidades cercanas como Bédar y Alfaix.

Los equipos de emergencia del 061, el 112, la Unidad Militar de Emergencias (UME) y los Bomberos instalaron rápidamente un puesto de atención primaria para los evacuados en el Centro Cultural de Los Gallardos. Allí montaron seis camillas y un área de triaje para asistir a las personas afectadas.

Sin embargo, las camillas permanecieron vacías durante la noche del jueves y gran parte del viernes.

“Aquí no tuvimos que atender a nadie, pero durante toda la noche estuvimos movilizados para asistir a heridos en otras zonas”, cuenta un integrante del equipo sanitario.

“Por un lado pensás: menos mal que no hizo falta atender a nadie acá. Pero, por otro, te sentís impotente porque tenés que permanecer en tu puesto por si surge una emergencia, mientras sabés que otros compañeros están completamente desbordados”, relata Justi de la Cruz, enfermera del 061 que integró el equipo de guardia instalado en el centro cultural.

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En el pueblo el sentimiento general es de preocupación. “Vivo en Vera pero tenemos un cortijo en Bédar y no sabemos si se ha quemado, tenemos animales allí pero no sabemos si están bien. Han cortado el acceso y no nos dejan subir”, cuenta Atika.

La Guardia Civil mantiene cerrado el acceso a Bédar, cuyos vecinos fueron desalojados durante la madrugada del viernes al ser uno de los núcleos más cercanos al incendio. “Mi vecina se negó a marcharse, se ha quedado en su casa en Bédar pero la policía la está obligando a evacuar”, relata Louise, que ha buscado refugio en la localidad vecina.

Fuente: EFFIS (Copernicus)

Bédar, testigo directo del fuego: “No hemos podido dormir”

Bédar está ubicada a apenas ocho kilómetros de Los Gallardos, por lo que sus habitantes vivieron muy de cerca el avance del incendio.

“No pudimos dormir. El balcón de nuestra casa da directamente a la sierra y vimos el fuego durante toda la noche. Teníamos muchísimo miedo porque tenemos tres hijos y somos extranjeros. Si nos obligaban a dejar la casa, no teníamos otro lugar adonde ir”, cuenta Raúl, vecino de la localidad.

Junto a su esposa, Paola, no solo cuidan de sus tres hijos, sino también de los hijos de una sobrina que trabaja asistiendo a una persona mayor en situación de dependencia.

“Ella me decía que la señora estaba sola y que no podía abandonarla por si pasaba algo. Entonces nos dejó a sus hijos para que, si evacuaban la zona, estuvieran con nosotros y pudieran irse acompañados”, relata Paola.

Paola, al igual que su sobrina, es trabajadora social. A la preocupación por su familia, sus amigos y sus vecinos se sumó la responsabilidad de mantenerse en contacto con las personas a las que asiste.

“Tenemos un grupo de WhatsApp donde fuimos compartiendo información sobre cómo avanzaba el incendio para poder avisar también a nuestros usuarios”, explica.

La solidaridad fue una de las constantes durante la jornada del viernes. Vecinos, comerciantes y voluntarios colaboraron para abastecer con alimentos y otros insumos a los puestos de comando y a los centros donde fueron alojadas las personas evacuadas, además de asistir a los equipos que trabajan en el combate del incendio.

En Los Gallardos, esa tarea tuvo como epicentro el supermercado Simon's, que volvió a abrir sus puertas durante la noche del jueves para responder a un pedido urgente de las autoridades.

“Ya habíamos cerrado cuando el intendente nos pidió que preparáramos provisiones. Volvimos a abrir el supermercado y nos pusimos a trabajar”, cuenta Vanesa, empleada del comercio.

No era la primera vez que el local participaba de una emergencia de estas características. Años atrás ya había colaborado durante otro incendio, una experiencia que les permitió organizarse rápidamente.

“Armamos una cadena humana para trabajar lo más rápido posible: uno horneaba el pan, otra cortaba los fiambres, otro preparaba los sándwiches y otra persona los iba empaquetando”, recuerda.

A la tarea del personal del supermercado pronto se sumaron vecinos que, al ver el movimiento y las luces encendidas, entraron espontáneamente para ofrecer ayuda. Además de los sándwiches, prepararon bebidas y fruta para distribuir entre los equipos de emergencia y las personas evacuadas.

“Veían que estábamos trabajando y se acercaban a colaborar. Fue una noche muy larga, pero nos sentimos muy orgullosos del trabajo que hicimos y de la respuesta de los vecinos”, dice Gerónima, otra empleada del comercio.

Mientras tanto, la provincia de Almería continuará durante los próximos días bajo máxima alerta por la intensidad del incendio. La prolongada sequía, los fuertes vientos del este y la compleja geografía de la zona siguen dificultando el trabajo de los equipos de emergencia, que combaten el fuego sin descanso en un territorio donde, según distintos especialistas, no se realizaron las tareas preventivas necesarias antes del inicio de la temporada de mayor riesgo de incendios.

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