Opinión

Cuba: una marcha opositora en el teatro de la infiltración

Protesta opositora en Cuba en julio pasado

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¿Qué se puede hacer frente a una inflación del 7000% y la pérdida de subsidios y gratuidades? ¿Cómo se canaliza o gestiona un malestar de larga data que el Estado mira con un ojo estrábico, si es que no lo desecha por fuera de lugar porque nunca rinde cuentas? La pregunta ha encontrado en Cuba por primera vez una respuesta y una acción meditada fuera de las estructuras partidarias. “Allí donde hay una injusticia, el cumplimiento de la ley se considera una humillación”. Con ese y otros argumentos, los intelectuales Julio César Guanche y Harold Bertot Triana defendieron las razones de la Jornada Cívica con la cual una nueva disidencia cubana, alejada de los estereotipos de la anticastrista cerril y retrógrada, se propone el 15 de noviembre pedir en varias ciudades de la isla por la libertad de los detenidos durante el estallido social del pasado 11-J y, a la vez, ejercitar como nunca antes el derecho a la crítica y la diferencia en el espacio público. Se trata de un hecho político y cultural sin precedentes desde 1959. 

La marcha ha sido prohibida. El Gobierno ha lanzado una intensa campaña mediática para desacreditar a los integrantes de Archipiélago, el heterogéneo colectivo que la ha impulsado. Para las autoridades, la protesta responde exclusivamente a los intereses de Estados Unidos y busca restaurar un orden erradicado hace más de seis décadas. Archipiélago es, sin embargo, una novedad propia de la era de las redes sociales y, a la vez, el resultado de una explosión que nadie vio venir meses atrás. En aquella oportunidad, la calle fue ganada especialmente por jóvenes empobrecidos y sectores de la comunidad afrocubana de los principales centros urbanos. A ellos se ha sumado una nueva generación que no puede ser tachada de mercenaria o quinta columna de la CIA. El joven dramaturgo Yunior García Aguilera es uno de sus principales referentes. 

Licenciado en Dramaturgia por el Instituto Superior de Arte y egresado de la Residencia Internacional para Dramaturgos Emergentes del Royal Court Theatre de Londres, García Aguilera es el nombre de la nueva bestia negra en la isla. Autor de varios libros (Cierra la boca, Semen), sus obras han sido incorporadas en diversas antologías del teatro cubano contemporáneo. Ha sido miembro de la asociación de jóvenes artistas y de la Unión de Artistas y Escritores (UNEAC). Con su grupo teatral El Trébol puso en escena Pasaporte. Sus personajes se inspiran en las experiencias de cubanas y cubanos que han emigrado o quisieran partir. “Soy un animal de trabajo, compañera. Lo que no soy es esclavo. A mí hay que pagarme. Y dicen que en Canadá pagan más bien”, dice un personaje. “Yo no quiero irme. No me interesa. Me gusta estar aquí. Y no es masoquismo, no disfruto ser pobre. Es otra cosa… No son ni las palmas, ni el calor, ni el puerco asado, ni los baches, ni Fidel, ni el malecón, ni la bandera…es cagarte en la madre de alguien cuando hay un apagón. Y encender una vela y ponerte a cantar. Y escuchar la algarabía de todo el mundo cuando vuelven a poner la luz. Eso es Patria: no sentirse solo”, argumenta otra protagonista.

García Aguilera ha decidido también quedarse, aunque le hacen la vida un yogurt desde aquel 2016 en que, durante una reunión en su provincia, Holguín, se paró frente a la directiva de la UNEAC y, en presencia del primer secretario del Partido Comunista, lanzó una filípica que comenzó a recorrer la isla (a estas alturas hay más de siete millones de teléfonos celulares: de esas cosas antes se enteraban los demás por el rumor). Alguien lo grabó cuando dijo: “¿Por qué el Papa tiene que lanzar bulas y los cubanos tienen que lanzar bolas?  ¿Por qué algunos dirigentes descuidan el presupuesto para proteger la cultura y otros descuidan la cultura para proteger el presupuesto? ¿Por qué los policías en Estados Unidos matan afroamericanos y los de Holguín dan tiros por la espalda? ¿Por qué criticábamos la ley antiinmigrante de Arizona si todavía los palestinos (la inmigración del interior en la capital) necesitamos un permiso de residencia o una residencia transitoria para trabajar en La Habana?”.

El 11-J salió a la calle y, como muchos dentro y fuera del país, comprendió que esa experiencia no había sido contrarrevolucionaria ni vandálica (aunque hubo, claro, derechistas y violentos) sino un punto de clivaje. Tras las escenas de represión y los discursos demonizantes de la prensa oficial, intentó comunicarse con Silvio Rodríguez. Su carta en Facebook lleva la marca de la urgencia. “Me dirijo a ti porque tu voz me importa, porque crecí escuchándote…Te escribo de pie porque sé que el ser humano que fue capaz de crear ´Sueño con serpientes` no puede hacer una lectura tan elemental de mi generación y sus complejidades”. Yunior García le asegura que “Cuba ya no es exactamente la misma que resumiste en aquel barco llamado Playa Girón”. Le hizo, además, un inventario de las tensiones en el campo de la cultura. “Sé que muchos jóvenes rebeldes acaban transformándose en viejos conservadores. Pero no creo que sea tu caso. Si todavía me queda, después del 11 de julio, una mínima esperanza de diálogo, quiero que sea contigo. No te imagino lanzándonos a un camión de basura ni defendiendo tiendas con un palo en la mano”. Se encontraron y primó la necesidad de escucharse. Nada más. Archipiélago se formó para dar cauce a un estado de ánimo incubado antes de la pandemia y que, en medio del derrumbe económico y el aislamiento, se cocinó como un caldo diferente. La manifestación iba a realizarse el 20 de noviembre y, casuales casualidades, el Gobierno fijó para ese día ejercicios de defensa. El 15-N coincide con el inicio de la reapertura de la temporada turística. 

Pero antes, la denigración. La TV presentó hace unos días el testimonio de un agente de la seguridad, Carlos Leonardo Vázquez González, alias Fernando, quien se hizo pasar por un médico disconforme y acusó al director teatral de haber participado dos años atrás en España de un taller organizado por la universidad estadounidense de Saint Louis, y que giró alrededor del rol militar en una transición política. En ese encuentro estuvo el expresidente español Felipe González. Alias Fernando dijo que el dramaturgo “sabe” que la marcha del 15-N “está buscando” el enfrentamiento “de las Fuerzas Armadas con el pueblo. “Y eso no lo permitiremos”. El programa manipuló imágenes para mostrar a Yunior García con la bandera estadounidense. En un verdadero acto fallido y, a la vez, de nostalgia por los años del socialismo real en Europa del Este, la televisión lo comparó con el dramaturgo checoslovaco Václav Havel, uno de los líderes de Carta 77, el grupo que lideró la llamada "revolución de Terciopelo", en 1989.  El holguinero fue transformado en chivo expiatorio. Ha tenido incluso que escuchar acciones de repudio frente a su casa. “Entiendo la necesidad del régimen de buscarle la quinta pata al gato para negar lo obvio: Archipiélago y la Marcha son propuestas totalmente genuinas, nacidas dentro de Cuba, como resultado de la crisis económica, política, social, cultural y moral que sufrimos los cubanos…Espero sinceramente que el doctor tenga más talento como médico que como agente encubierto. No le deseo ningún mal", ha ironizado sobre el denunciante.

El médico infiltrado se ha convertido a su vez, por unas horas, en un héroe mediático. La figura del agente de seguridad que se interna en las entrañas del enemigo es un gran tópico del castrismo. A fines de los setenta encontró su punto de mayor aceptación social con En silencio ha tenido que ser, una serie televisiva basada en un hecho real: la penetración, por parte de un miembro de la seguridad del Estado en una red contrarrevolucionaria en EE.UU. El actor Sergio Corrieri, fue una celebridad y un activo político del Gobierno: de la ficción pasó a la gestión pública. Las historias de espías se han replicado en el papel y las pantallas. Netflix la hizo suya en La red avispa, sobre el caso de los cinco cubanos que estuvieron detenidos en La Florida. El enfrentamiento con el Estados Unidos, con los sucesivos intentos de asesinato de Fidel Castro, obligaron a un pertinaz ejercicio de vigilancia estatal. La emergencia devino pronto sistema de control interior. El reciente caso del galeno-topo volvió a poner en escena una sospecha extendida: todos pueden ser informantes, protagonistas involuntarios de una versión caribeña de El hombre que fue jueves. En la novela de G. K. Chesterton, publicada en 1908, un poeta, Gabriel Syme, es reclutado por una sección contra-anarquista de Scotland Yard. Syme debe desbaratar al Consejo mundial, que consta de siete hombres, cada uno con el nombre clave de cierto día de la semana. Pero el poeta descubre que cinco de los otros seis miembros son también policías o detectives encubiertos. No ha sido Chesterton sin embargo el modelo de control capilar sino la policía secreta de lo que fue la República Democrática Alemana (RDA). Señala Jens Gieseke en The history of the Stasi. East Germany’s Secret Police, 1945–1990, que, tras la caída del Muro, en 1989, ese organismo se convirtió en la imagen de la perversión. En septiembre de 1990, el último jefe de Gobierno de la RDA, Lothar de Maizière, expresó su reparo en la inmediata desclasificación de los archivos de la seguridad estatal. “Entonces no habrá más vecinos, amigos y colegas, entonces habrá un infierno que pagar”. Desde 1992, casi dos millones de alemanes han solicitado ver esos archivos y leer sus expedientes. ¿Qué sucederá el día en que se abran los archivos cubanos? ¿Qué dirán de cada vecino, cada colega, las carpetas asociadas a sus nombres?

Más allá de las analogías, las vísperas del 15-N generan una enorme preocupación alrededor de Archipiélago. “Muchos ciudadanos se mantienen paralizados por los efectos del acoso policial y de la seguridad del Estado”, ha señalado la Comisión de Apoyo y Protección a los Manifestantes. El Gobierno “decidió intensificar la violencia política” y ha contribuido a “exacerbar las contradicciones, la radicalización y la polarización de la ciudadanía en la isla y la diáspora”. La comisión ha documentado despidos laborales, la obligación de dejar constancia por escrito de que no se participará de la protesta, persecución por posicionamientos críticos o un simple “me gusta” a publicaciones que circulan en las redes sociales, seguimiento de las comunicaciones, “reclusión domiciliaria sin causa formada” e interrupción de los servicios de internet.

Archipiélago ha llamado a protestar con imaginación para quienes no se atrevan a salir a la calle, colocando sábanas blancas en balcones o ventanas, vestirse de ese color, cacerolear y aplaudir. En este contexto de creciente tensión, el Gobierno ha reconocido que el llamado “ordenamiento” económico, que incluyó la unificación monetaria y cambiaria, ha sido un rotundo fracaso, y no por culpa del bloqueo. “La gente está viviendo precios siete, diez veces más grandes”, reconoció el diputado Marino Murillo en una reciente sesión del Parlamento, donde no existen voces disidentes. El economista Pedro Monreal señaló al respecto que, en 2019, el coste de la canasta de productos básicos representaba el 46% del salario. Dos años más tarde, es del 85%.

La situación en la isla reclama, desde esta parte de la región, una mirada desprejuiciada y de nuevas palabras para caracterizarla. “El proceso político cubano se ha transformado con el paso del tiempo en una especie de tabú para buena parte de las izquierdas en el mundo, especialmente latinoamericanas, en donde cualquier crítica al respecto es rápidamente denostada y descartada por su carácter imperialista”, señaló Andrés Kogan Valderrama en un artículo del portal La Joven Cuba. “Si bien es innegable la importancia crucial que tuvo la experiencia de la Revolución cubana para la autonomía política de la región, no la hace un proceso sin errores y horrores en muchos sentidos”. Kogan Valderrama enumera el historial de agresiones del vecino. “Pero de ahí a omitir el carácter centralista, militarista, autoritario y burocrático del Estado en Cuba, conformado estructuralmente por la partidocracia castrista, es simplemente dejarse llevar por una noción estática y esencializada de lo que ha sido la Revolución en los últimos 62 años”. Años atrás, el grupo Habana Abierta lo explicó así en su canción “Divino guión”: “Los de derecha giran a la derecha/ Los de la izquierda giran a la izquierda/ Y ya yo me aburrí/ De esos viejos viajecitos en círculo”. 

En la medida que esta nueva disidencia solo recoja la “simpatía” de conservadora quedará debilitada y La Habana encontrará siempre su justificación de plaza sitiada (debió saludarse con entusiasmo la declaración de la Cámara de Representantes norteamericana de respaldo a la oposición). Yunior García conoce esa falsa disyuntiva y por eso siempre ha reclamado el fin de las sanciones económicas de Washington. Nunca fue suficiente. “Era un dramaturgo sin nada de talento, un manipulador, un agente de cambio con ideas centristas. Ahora resulto ser un mediocre total, mercenario, asesino, agente de la CIA, apátrida y traidor, experto en manuales y revoluciones de colores, merecedor de las más altas condenas ante sus tribunales. Mañana quizás me dibujen como un mutante con poderes telequinéticos, entrenado por el jefe calvo de los X-Men”.

AG

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