“¿Qué hacés con Dante Gebel?”, le escribe, incrédulo, Sergio Massa a uno de los dirigentes que participó del operativo clamor del pastor influencer en el Club de Pescadores en Costanera Norte. La conversación se repite, desde hace un mes, en varios despachos peronistas. Un gobernador del norte se lo pregunta a un consultor, un dirigente de La Cámpora se lo pregunta a un sindicalista, un funcionario kicillofista se lo pregunta a un intendente. En cada caso, la incredulidad encuentra la misma respuesta: “Dijiste lo mismo de Milei, y mirá lo que pasó”.
Dante Gebel aún no anunció si quiere ser candidato, pero la instalación de su nombre ya comenzó a surtir efecto. El predicador evangélico tiene una mega iglesia en California, la River Church, con capacidad para 4800 personas que llena todos los domingos hace 11 años. Tiene 3,2 millones de suscriptores en Youtube y sus videos –ya sean de un servicio religioso, que se transmiten en vivo, o de su programa “La divina noche”, que transmite canal 13– promedian un millón de visualizaciones cada uno.
No es un desconocido. Pero, ahora, su nombre empieza a surgir también en conversaciones que se desarrollan en despachos gubernamentales. Sus padrinos políticos, el sindicalista peronista Juan Pablo Brey y el legislador y ex armador de La Libertad Avanza, Eugenio Casielles, se están encargando de ello. Ambos dirigentes trabajan en tándem para instalar su candidatura presidencial y convertirlo, en 2027, en el principal dirigente de la oposición de Javier Milei. Lanzaron un espacio, llamado “Consolidación argentina”, en donde agruparon a líderes sindicales, referentes peronistas y ex libertarios heridos por Karina Milei. Y ahora comenzaron a recorrer el país.
El primer destino es el norte del país, donde el evangelismo es más fuerte y aspiran a poder instalar la figura de Gebel con mayor facilidad. “En el interior es muy fuerte, en algunos lugares es el 50% de la población”, admite uno de los dirigentes que acompaña a la dupla de armadores. En efecto, en algunos lugares, como Chaco, la fe evangélica no paró de crecer, multiplicándose año a año. En la Argentina, más del 15% de la población profesa la fe evangélica –el doble que hace 10 años–, y gran parte del crecimiento tuvo base en esa región del país.
El aprovechamiento político del crecimiento del evangelismo no es una novedad. El propio Milei llevó a pastores a orar a Casa Rosada, les dio personería jurídica y fue, incluso, a Resistencia, a inaugurar el templo de Jorge Ledesma (el pastor que aseguró que un milagro transformó 100 mil pesos en 100 mil dólares y ahora está siendo investigado por evasión y lavado de dinero). Su bancada en el Congreso cuenta con una importante presencia de legisladores evangélicos –la senadora neuquina Nadia Márquez, muy cercana a Karina Milei, es pastora, además de abogada– y cuenta con un importante respaldo de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA).
Gebel, en cambio, tiene una relación más conflictiva con otros pastores tradicionales. Provocador, suele reírse en sus sermones de otros pastores y afirma, muchas veces, que “los religiosos me dan urticaria, tengo un trauma con ellos”. Gebel es un pastor que no le gusta que lo llamen pastor y prefiere, según insiste en varias entrevistas, que le digan comunicador, artista o, incluso, influencer. Él es, antes que nada, un showman.
Pese a esa relación tirante con algunas iglesias, Gebel es una estrella en la comunidad evangélica del país. Se ve en la venta de tickets de su show “Presidante”, con el que recorrió todo el país el último año: estadio que pisa, estadio que vende todas las entradas. Y es esa fama lo que sus armadores políticos quieren aprovechar en la primera etapa de la instalación de su candidatura.
Es por ello que, en las últimas semanas, los armadores gebelistas recorrieron Misiones, Santa Fe y otras provincias. En uno de los distritos del norte, incluso, dialogaron con el gobernador para arrastrar su candidatura y armar un esquema territorial unificado. La fantasía del incipiente armado gebelista –que tiene, por ahora, más entusiastas que peso propio– es cerrar acuerdos del estilo por todo el país.
¿Qué hacés con Gebel?
La pregunta se repite, desde hace semanas, en varias charlas de café. “¿Me podés explicar qué hace Cristian Jerónimo, a quien llevé a un homenaje por el Papa Francisco hace un año, en el acto de Dante Gebel?”, se indigna un histórico referente del peronismo, un par de días después de que el secretario general de la CGT apareciera en el lanzamiento de “Consolidación argentina”. Un mensaje similar le manda Máximo Kirchner a otro de los sindicalistas presentes en el acto, varias semanas después.
“Mirá, yo no soy evangelista, pero (Gebel) tiene valores que comparto, como el de la salud y el cuidado a los jubilados. Sale de la grieta. Y yo estoy muy decepcionado con el peronismo, que vive para pelearse y se terminó convirtiendo en una secta de unos pocos”, masculla un dirigente sindical de más de 60 años que participó, como muchos otros, del acto con empresarios y ex libertarios en el Club de Pescadores. Asegura que, si tuviera que decir a quién vota, diría que a Axel Kicillof, pero que está harto de la interna peronista y que espera que una candidatura de Gebel ayude a ordenar al PJ.
Esa aparente contradicción se repite entre muchos de los dirigentes peronistas que estuvieron presentes en el operativo clamor de Costanera Norte. Muchos, tras ser consultados por este medio, deslizan que apoyaban la candidatura de Kicillof pero que, tras un año de interna descarnada con La Cámpora, empezaron a buscar otras alternativas para ganarle a Milei en 2027. Es el relato que sostienen Brey y Casielles cuando conversan, en privado, con los dirigentes más incrédulos: para ganarle a Milei se necesita tener un candidato que le gane en el ballotage y el peronismo, hasta ahora, no lo tiene.
En el kicillofismo, mientras tanto, observan el fenómeno con irónico escepticismo. “Es un fiasco, no va a funcionar. Milei ya ocupa el espacio del desencantado de la política y no hay lugar para otro. El escenario político ya está jugado: de un lado Milei, del otro el peronismo. El resto son globos de ensayo”, advierte una de las manos derechas del gobernador bonaerense.
En el massismo sostienen una postura similar. A pesar de los rumores de que lo vinculan con el armado de Gebel, tanto en el Frente Renovador como en el gebelismo afirman que no tiene nada que ver. “Ya quisiera Massa tener la plata de Gebel”, ironiza un dirigente peronista que advierte que el fenómeno de Gebel se pinchará más temprano que tarde. En el Frente Renovador, incluso, lo midieron en una encuesta y les dio que el pastor influencer enía un 60% de imagen negativa. “Nació muerto”, zanjó un dirigente massista.
En el embrionario armado de Gebel, sin embargo, hacen oídos sordos a los números de las encuestas. El caso de Milei funciona como respuesta a todo. “Si hoy te preguntara quién tiene más chances de ser presidente, un loco con una motosierra o un pastor que habla de cuidar a los viejos, ¿quién dirías?”, razona uno de sus impulsores, y la lógica se impone entre muchos dirigentes peronistas que, hartos de la interna del kirchnerismo, coquetean con la posibilidad de ganarle a un outsider con otro outsider.
Por ahora, no hay candidatura. Solo un nombre que circula en una oposición disgregada y sin liderazgo. Y, en un peronismo sin conducción y frente a un presidente que llegó afuera de la política, eso alcanza para que una pregunta, que hasta hace poco sonaba absurda, empiece a hacerse un poco más en serio. ¿Qué hacés con Dante Gebel?.
MCM/MG