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El mapa del FDT

Efectos de la fuga peronista en el Senado: el fin del quórum K y músculo para Schiaretti

Juan Schiaretti y Alberto Rodríguez Saá durante un encuentro en Córdoba

Pablo Ibáñez

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El grupo de WhatsApp evolucionó, un mediodía, a bloque. Durante meses, senadores del peronismo hicieron catarsis en privado, molestos por desplantes, descuidos y/o por sentirse huérfanos en sus territorios. El último mensaje, abierto, se emitió este miércoles pero esa botella lanzada al mar tampoco produjo ninguna reacción. “Se esperó, hasta el final, un llamado que nunca llegó”, se explicó desde el grupo díscolo que formaron cuatro senadores peronistas junto a Alejandra Vigo, cordobesa y esposa de Juan Schiaretti.

La secesión, que le quita el quórum en el Senado al oficialismo, trafica un mensaje brutal: el FDT dejó de ser, al menos para ese cuarteto, no solo un espacio de contención sino, sobre todo, se esfumó como dispositivo que puede ofrecerles futuro. ¿Por qué, un puñado de legisladores, dejarían sino un núcleo de poder que tiene por delante más tiempo de poder? No hay razones.

Es cierto que, a simple vista, el bloque Unidad -que integrarán desde el 1 de marzo Vigo, Guillermo Snopek (Jujuy), Carlos “Camau” Espinola (Corrientes), Edgardo Kueider (Entre Ríos) y María Eugenia Catalfamo (San Luis)- se desmarca de los dos bloques oficialistas pero no será, avisan, una oposición extrema. Desde ese lugar, negociarán cada proyecto que los involucre. Un primer dato: si Diputados está paralizado por la grieta FDT-JxC, con este cisma en el panperonismo, el año legislativo parece haber entrado en una deriva irreversible al menos hasta el próximo recambio de diputados y senadores, algo que ocurrirá dentro de diez meses.

Fuera de eso, y ante el hecho fáctico de que los años electorales son períodos de baja productividad legislativa, las novedades deben buscarse en el impacto político. Un dato muy relevante es la presencia de Vigo en el quinteto que, por razones de naturaleza provincial, no parece tener margen para votar con el FDT nada en el Congreso. Es una foto difícil con Juan Schiaretti en campaña, más allá de su sinuosa aspiración presidencial, enfocado en retener la provincia para el cordobesismo.

Hay varios interrogantes. Uno: por qué no hubo un operativo para desactivar el cisma cuando existieron tantas señales de que iba a ocurrir. La parábola del pastorcito y el lobo. La incapacidad para detectarlo o la impericia para reaccionar son hipótesis posibles. Pero hay una más, que supone cierta sofisticación, y sugiere que el movimiento pudo ser consentido y/o acordado con Cristina Kirchner, a priori la más afectada por el cisma porque se queda sin el quórum.

Una carta incendiaria de Snopek, que justifica su salida del bloque en el desencanto con Alberto Fernández y en la pasividad del gobierno frente a los “atropellos” del gobernador radical en la provincia, alimenta esa lectura. Snopek no salpica a Cristina en su salida, como si preservara esa relación, quizá porque el dedo de la vice puede ayudarlo, o condenarlo en Jujuy. Snopek habla por sí mismo, claro, pero lo hace fuerte. La carta firmada por los cuatro es menos estruendosa.

La nota interna se difundió, a modo de comunicado, en la página oficial del Senado y puede traducirse como una jugada para que todo el peso del cisma caiga sobre el presidente. De ese modo, marida con el coro de estos días para volver a poner sobre la mesa el pedido de que Fernández renuncie a su fantasía reeleccionista.

Por otro lado, permite poner un ojo en el hecho de que las razones de cada senador no son, necesariamente, similares en cada caso. Si Snopek puede ser considerado como un filo cristinista, Espínola y Kueider jugaron abiertamente para Alberto cuando tuvieron un rol activo en el Senado durante la discusión del acuerdo con el FMI. “Fueron, los dos, voceros jugados en defensa del acuerdo pero después los dejaron solos”, apunta un operador que habla con ambas y estuvo en las conversaciones de los últimos días. Kuieder reporta a Gustavo Bordet, gobernador de Entre Ríos, que tiene la necesidad de despegarse del FDT para ganar competitividad en la provincia. Espínola está en otro plan: no juega nada en Corrientes, este año, provincia por donde reeligió como senador en 2021 luego de un acuerdo que validó, en persona, Cristina Kirchner.

Con Catalfamo, senadora que responde al gobernador Alberto Rodríguez Saá, vale algo parecido: hace un mes y medio, el puntano se reunió con Schiaretti en Córdoba y aquella cita pudo ser el germen de lo que se cristalizó este miércoles. Hace algunas semanas, Rodríguez Saá bendijo a Jorge “Gato” Fernández como el candidato a sucederlo en la gobernación y sistematizó un juego anti grieta contra Macir y a buena distancia de Cristina y el FDT. Lo curioso es que hace unos meses, luego de un mano a mano con Alberto, la funcionaria de San Luis Ayelén Mazzina asumió como ministra de la Mujer en la Nación.

Nota al pie: en 2015, San Luis fue -después de Córdoba- la provincia donde Mauricio Macri sacó mayor porcentaje en el balotaje, el 65%. El número lo recuerdan los sanluiseños para justificar el zigzagueo de Alberto R Saá.

En medio de todas esas pérdidas, hay un efecto no del todo tóxico de la fuga interperonista. Con su movimiento, los senadores de Entre Ríos, Jujuy, Corrientes y San Luis pueden darle algo de músculo a una, hasta acá virtual, postulación de Schiaretti. ¿A quién le sirve que el cordobés gane volumen? Si Schiaretti se nutre de votos opositores, su irrupción en el plano nacional podría atraer anti gobierno que de otro modo irían a Juntos por el Cambio (JxC).

“A nosotros nos conviene que Schiaretti esté, al menos para que divida el voto opositor en Córdoba y la zona núcleo. Puede cumplir el mismo rol que Milei”, sugieren en un búnker que se mueve según los mandatos de Cristina Kirchner. De acuerdo a esa lógica, toda acción que robustece a Schiaretti puede terminar siendo funcional al oficialismo. Hasta acá, teorías.

Lo cierto, más allá que Schiaretti es un candidato que nunca arrancó, es que la aparición de un bloque peronista bis, con base en la zona centro, puede ser un indicio para que en algún momento se produzca un realineamiento que augura el cordobesismo. En algún momento, se especuló con que el senador de Santa Fe, Marcelo Lewandowski, podría haberse convertido en el senador número seis del bloque de Unidad Federal. Quizá eso no ocurrió por el simple hecho de que Lewandowski no sigue las indicaciones de Omar Perotti, el gobernador santafesino, relación que se deterioró porque el mandatario parece preferir como candidato a tratar de sucederlo a Roberto Mirabella más que a Lewandowski.

Como si se tratase de una casualidad -y quizá así fue- este miércoles, Mirabella se reunió con Martín Llaryora, intendente de Córdoba capital y delfín de Schiaretti para tratar de retener para el peronismo cordobés el control de la provincia.

PI

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