Alejandro Cacace
Entrevista al secretario de Desregulación: “Las sociedades automatizadas no van a generar puestos de trabajo para las personas”
A Alejandro Cacace el Mundial lo agarra en plenas funciones como secretario de Desregulación y Transformación del Estado. El martes vio la agónica victoria de la Selección argentina ante Egipto junto a Federico Sturzengger y este sábado esperaba encontrar un hueco en un viaje diplomático a Aspen, Estados Unidos, para ver el partido contra Suiza. “En otros países no entienden la locura que vivimos”, confiesa a elDiarioAR el funcionario, mano derecha del ministro que impulsa la desregulación mileísta.
Abogado, oriundo de San Luis, exdiputado por la UCR entre 2019 y 2023 –autor del primer proyecto de dolarización presentado en el Congreso–, es uno de los funcionarios que más tiempo pasa explicando en el Congreso, ante cámaras empresarias y en foros internacionales la agenda de desregulación libertaria. En esta conversación telefónica realizada el miércoles pasado, responde a preguntas sobre la anunciada reforma del Banco Central, las críticas a la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, la relación con Estados Unidos, el inédito y polémico proyecto de Sociedades Automatizadas y DAO, los intereses del tecnomagnate Peter Thiel y el cruce de Milei con el filósofo e historiador Yuval Noah Harari por la inteligencia artificial.
–Empecemos por lo más reciente, la reforma del Banco Central. ¿Cuáles son las claves que está pensando el Gobierno?
–Es un proyecto en elaboración. Claramente dos problemas han sido estructurales en la economía argentina, de los que Milei viene hablando desde la campaña: uno es el déficit fiscal recurrente –en 60 años tuvimos 57 años de déficit fiscal–, y otro es que ese déficit es financiado con asistencia monetaria del Banco Central al Tesoro. Esa es la cadena de eventos que nos ha llevado históricamente a la inflación. De ahí hay que deducir dos cosas: que el Estado no puede tener déficit, y que el Banco Central no puede asistir al Tesoro para financiarlo. Lo primero tiene que ver con el presupuesto y su mecanismo de sanción; lo segundo, con la carta orgánica del BCRA. Por un lado está la regla fiscal: si el Estado tiene déficit, no puede gastarlo, básicamente no puede haber un Estado que funcione con déficit. Por otro, el rol del BCRA: no puede tener veinte objetivos de política monetaria, porque al final no cumple ninguno bien. Su rol tiene que ser defender la estabilidad monetaria, sin ocuparse del empleo o del crecimiento, y sin asistir al Tesoro para financiar déficit.
–¿Es una idea nueva o algo que ya estaba conversado?
–El esquema conceptual lo tiene el Presidente hace mucho tiempo. Lo relevante de ahora es que hay una decisión de institucionalizar ese concepto en reglas: una regla fiscal sobre el presupuesto y una regla de autonomía para el Banco Central.
–¿Hay algún modelo a seguir? En Perú acaba de cambiar de gobierno y se definió mantener al histórico presidente del banco central.
–Perú es un caso excepcional, porque pese a haber tenido mucha inestabilidad política siempre preservó la independencia del Banco Central, y encima en la figura de la misma persona. Nosotros, desde la recuperación de la democracia, tuvimos 24 presidentes de Banco Central. Eso es precisamente el indicador de que no hubo independencia. Los bancos centrales del mundo tienden a ser autónomos e independientes respecto del poder político. Lo nuestro es más bien la anomalía.
–¿Manejan también la idea de un mecanismo de shutdown, como en EE.UU.?
–Allá el shutdown se produce cuando no hay acuerdo político entre el presidente y el Congreso. El foco acá está puesto en evitar a toda costa el déficit fiscal, por el efecto pernicioso que tuvo en términos de afectar la estabilidad monetaria.
–Un proyecto que sí está encaminado es el de propiedad privada, agendado para la próxima sesión en el Senado. ¿Tienen los votos aportados por los gobernadores?
–Tenemos mucha expectativa y confianza en que se va a aprobar, al igual que la Ley Hojarasca. En propiedad privada se llegó a un acuerdo, y ese acuerdo es mayoritario, tiene los votos para ser respaldado. Hubo dificultades en sesiones anteriores por la controversia en torno a los pliegos judiciales y por la interpelación a Adorni, que hicieron que no se llegara a tratar en el orden del día.
–¿La salida de Manuel Adorni destrabó cierta parálisis parlamentaria?
–Había un foco puesto en el tema de la interpelación. Cuando hay concentración en ese tipo de pedidos que captan la atención pública, eso termina tomando precedencia sobre tratar otros temas, pero no es que los otros no se pudieran tratar: las dos cámaras siguieron sesionando.
–Una de las críticas más resonantes al proyecto de propiedad privada vino de la Iglesia, que llegó a decir que implica una pérdida de soberanía. ¿Cómo toman dichos cuestionamientos?
–Lo de la Iglesia es una gran contradicción. Leí el comunicado de Cáritas y de la Pastoral Social, y creo que hacen del cristianismo, que es una idea universal y humanista, una ideología nacionalista. El comunicado dice, en un párrafo, que el cristianismo es universal, que es para todos los seres humanos por el hecho de ser humanos. Y a renglón seguido dice que la tierra es solo para los argentinos y no la pueden tener los extranjeros. No tiene consecuencia lógica: es como decir que algo es patrimonio de toda la humanidad y después decir que no querés que ningún extranjero lo compre. Es una pena, porque el cristianismo desde sus orígenes es humanista y universal, y acá la Iglesia como institución lo convirtió en una idea nacionalista con esto de la soberanía.
–Pero aceptaron cambios, como el que afectaba al registro de barrios populares.
–Nosotros habíamos puesto una derogación del régimen de expropiación del Renabap; no de la regularización ni de la urbanización, que son obras y convenios que siguen vigentes y se financian. El mecanismo de regularización, por el que las familias que ocupan esos terrenos podían obtener un título de propiedad, nunca funcionó, porque le exigía al Estado expropiar 6.600 barrios populares, y el Estado nunca tuvo la plata para hacerlo. Como la ley prohibía el desalojo, la conclusión fue que no se expropió nada y nunca se regularizó la tierra: sobre esos 6.600 barrios no hay una sola expropiación; los únicos juicios que hay son de expropiación inversa, iniciados por los propios dueños de los terrenos. Nosotros derogamos ese mecanismo que fracasó y ellos se oponen creyendo que con eso protegen a alguien. Ahí, para mí, está la hipocresía.
–¿Qué responden a las críticas sobre la compra de tierras por parte de extranjeros?
–La Constitución, en su artículo 20, establece que los derechos de los extranjeros son iguales a los de los nacionales, y que tienen derecho a comprar bienes raíces, enajenarlos, trabajarlos. Una posición que busque que los extranjeros tengan menos derechos civiles que los nacionales me parece cualquier cosa menos cristiana. Además, cuando le prohibís comprar a siete mil millones de personas y solo se lo permitís, en teoría, a 47 millones, le bajás el valor a nuestra propia tierra, porque hay gente dispuesta a comprar que no puede hacerlo, y terminás impidiendo inversiones importantes. ¿Quién quiere invertir si no puede ser dueño de la tierra? Hubo discusión pero se llegó a un acuerdo. El acuerdo final establece que las personas humanas o jurídicas extranjeras puedan comprar tierras, que haya un régimen de autorización en las zonas de frontera, y que haya régimen de autorización para los Estados extranjeros y también para las empresas con participación de Estados extranjeros.
–¿Antes de liberar la compra de tierras al mercado no convendría darle más posibilidades de acceder a la tierra a las familias más humildes?
–Me parece que ahí se confunde todo: la cuestión habitacional con lo que es una inversión productiva. Nuestro país se fundó y creció con la idea del inmigrante viniendo a labrar la tierra.
–¿Pero no se puede incentivar, con esa misma lógica, que la gente concentrada en el conurbano bonaerense se traslade a otras zonas del país a trabajar la tierra?
–Hay minería en San Juan y Mendoza, hay hidrocarburos en Neuquén, y pueden ir millones de personas a trasladarse ahí y conseguir trabajo. No veo cómo eso compite con que los extranjeros puedan venir a invertir también. Estamos hablando de un país que siempre fue despoblado. La concentración en el AMBA viene de una política industrial de sustitución de importaciones que generó industrias cerca de los centros de consumo. Cuando dejás que se importe lo que conviene traer de afuera y aprovechás nuestras capacidades para exportar más –minerales, energía, producción agropecuaria–, eso genera un desarrollo más equilibrado en todo el país, sin necesidad de subsidios.
No hay que confundir la cuestión habitacional con lo que es una inversión productiva. Nuestro país se fundó y creció con la idea del inmigrante viniendo a labrar la tierra.
–Sobre Hojarasca, el caballito de batalla son las leyes obsoletas, como el carné de mochilero. Pero también hay críticas sobre puntos como la derogación de que los medicamentos son de interés público, el INTI, patrimonio cultural, actividad teatral… ¿Son válidas esas críticas?
–Hojarasca no tiene, en principio, ningún desacuerdo. Sobre lo otro, algunos critican sin leer la ley. Por ejemplo, sobre la producción de medicamentos de interés público, la ley no dice nada, es la nada misma. Si declarás algo de interés público pero no le das recursos, no le marcás un trámite distinto, no le establecés ningún incentivo. Esa declaración es nada. Es muy típico de lo que hacía el peronismo: “vengan todos, desplieguen banderas”. Está lleno de leyes de cáscara vacía que solo generan inflación legislativa. Hojarasca es un primer paso de una necesidad de ordenamiento profundo del sistema normativo: no podemos tener un millón de normas.
–¿Puede haber más de una Hojarasca?
–La idea es ordenar el Digesto. Nosotros unas 40.000 leyes y decretos-ley. De esas están vigentes 2.800. La idea es que esté claro para el ciudadano, para la administración y hasta para los jueces cuáles son las normas realmente vigentes. Eso hay que hacerlo.
–¿Por qué se demoró el acuerdo de patentes PCT con EE.UU.?
–La agenda de propiedad intelectual está avanzando. Derogamos la resolución conjunta de guías de patentabilidad farmacéutica y la de guías de patentabilidad en biotecnología. También establecimos un nuevo procedimiento de control sobre el uso de la semilla fiscalizada. Para avanzar con los tratados, que exigen acción del Congreso, estamos esperando que se aclare la situación arancelaria con Estados Unidos. Lo que acordamos fue un arancel general recíproco del 10% para la Argentina, el más bajo entre todos los países del mundo. La idea es que sobre el final de este mes o comienzos de agosto ya esté todo publicado de manera definitiva, y que a partir de agosto rija ese esquema.
–¿Cuánto influye la relación entre Milei y Trump en haber conseguido ese 10%?
–Decisiva. Esa amistad y cercanía a nivel presidencial hizo la diferencia: a Brasil se le impuso en su momento 50% de arancel, ahora 37 y medio. La figura de Milei a nivel internacional es extraordinaria en cómo captó la atención y difundió su modelo, y eso generó tracción en Estados Unidos.
–Usted viaja seguido a EE.UU. ¿Ellos nos ven como socios o como un lugar para hacer sus negocios?
–Nos ven como socios. No es que Argentina tenga el tamaño o el mercado que les cambie tanto a ellos; no es venir acá por un interés de negocios. Tienen un aliado estratégico en el hemisferio con el que comparten valores y cierta visión, y eso es lo que los inclina a ayudarnos.
–¿El Gobierno puede estar atado a la suerte política de Trump?
–No lo creo. Hay un alineamiento político e ideológico muy fuerte entre Trump y Milei, pero noto que los cambios que estamos haciendo en Argentina concitan atención y aprobación tanto entre los republicanos como en los demócratas; o sea, en todo ese establishment.
Va a haber una sociedad que opera un algoritmo, un robot o una inteligencia artificial, que tiene un patrimonio, y si tenés un problema podés ir contra la empresa.
–Otro proyecto parlamentario en agenda es la reforma de la Ley de Sociedad, con novedades como las Sociedades Automatizadas y la Sociedad Descentralizada Autónoma Operativa (DAO). ¿Cuál es el resguardo para un consumidor si tiene un reclamo y no hay un ser humano del otro lado?
–Las DAO ya existen: lo que se está dando es regulación para una sociedad dominada por la tokenización, que es la característica que ya tienen esas formas descentralizadas. Es una regulación para que tengan una forma jurídica y haya responsables. La Sociedad Automatizada sí es un tipo nuevo: aquella que para sus operaciones diarias no requiere personas en relación de dependencia, porque la tarea la hace el algoritmo, el robot o la inteligencia artificial. Pero, igual que cualquier sociedad, va a ser responsable por sus acciones con su patrimonio. Lo nuevo es la figura; lo de la responsabilidad no es nada nuevo, es la responsabilidad limitada que tienen todas las sociedades. Doy un ejemplo: si usás Windows y tenés un problema, no le vas a golpear la puerta de la casa a Bill Gates; vas y le reclamás a Microsoft como consumidor, y Microsoft responde con su patrimonio. Nunca responde Bill Gates con el suyo. Acá es lo mismo: va a haber una sociedad que opera un algoritmo, un robot o una inteligencia artificial, que tiene un patrimonio, y si tenés un problema podés ir contra la empresa.
–¿Ese robot puede contratar personas humanas para hacer los trabajos?
–No, porque la característica de la sociedad automatizada es que para su operación ordinaria no requiera empleados en relación de dependencia.
–Entonces, ¿no generaría puestos de trabajo nuevos?
–Para las personas no, porque lo que define a la sociedad es que haga su tarea el algoritmo. Es, por ejemplo, un algoritmo que hace trading automáticamente: la operación la hace el algoritmo, no las personas. Lo que sí te puede generar es tributación –si esa sociedad se constituye acá y paga impuestos– y más actividad económica. Si contrato el algoritmo para hacer trading e invierte bien, yo voy a ganar plata a partir de eso. Si contrato un robot para limpiar mi casa, gano en productividad, porque el tiempo que me llevaba limpiar ahora lo hace el robot y yo puedo dedicarlo a otra tarea.
–¿Cómo les cayó la crítica de Harari a la idea de darle personería jurídica a una empresa de IA?
–Yo estuve en la cena en Davos cuando él planteó el tema por primera vez. Lo admiro muchísimo, sus libros me parecen súper interesantes, los leí todos. Pero me parece que desarrolla un carácter muy pesimista sobre la inteligencia artificial; es como un tecnoescéptico, dice que es terrible lo que nos va a pasar con la IA. Yo no digo que no haya riesgos, pero me parece que los beneficios y el potencial son muchísimo mayores, y buscar detenerlos es una torpeza, además de que es un tanto inevitable.
–¿Les sorprendió que escribiera algo puntual sobre Milei?
–A él le sorprendió que algo que pensó que iba a pasar en años ya lo vio en un país en cuatro meses. Reconoce la osadía de Milei en plantear nuevas ideas. Lo desconcertó que en este tema, en el que él estaba en desacuerdo, avanzáramos. Siento que, con toda su lucidez y brillantez, su parecer está muy condicionado por un tecnoescepticismo.
Siento que (Harari), con toda su lucidez y brillantez, su parecer está muy condicionado por un tecnoescepticismo
–Milei le respondió públicamente pero por escrito y luego de varios días. ¿Ustedes le aportaron material para su respuesta?
–El Presidente tiene clarísimo que hay un auge de la inteligencia artificial a nivel global, y que gran parte del desarrollo económico hacia el futuro está en el desarrollo de la IA, que no es solo software y modelos, sino también data centers, infraestructura, hardware. Si él puede crear las condiciones para que una parte importante de ese desarrollo ocurra en la Argentina, o para que la Argentina sea parte de eso, lo va a hacer. Esa es la idea y el concepto más claro que tiene al respecto.
–Sociedad Automatizada, Súper RIGI, propiedad privada: ¿son leyes hechas a la medida de magnates como Peter Thiel?
–No, están hechas para abrir oportunidades, que vengan inversiones en todos estos campos, de quien sea. No es exclusivo para la IA tampoco, pero sin duda es uno de los campos donde más puede florecer la inversión hacia adelante. No hace falta verlo solo en la Argentina: fijate mundialmente hacia dónde está rotando el capital en los mercados, y vas a ver que la IA está absorbiendo enormes flujos de capital por encima de otros sectores de la economía. Sería estúpido generar condiciones para, por ejemplo, la inversión automotriz, y no para la IA, que está generando una atracción de capital muchísimo mayor.
–¿Usted no ve un futuro distópico con la IA?
–No. Veo el incremento en productividad que está ocurriendo a partir de esto, es extraordinario, lo tenemos que aprovechar y potenciar. Lo veo en nuestro propio trabajo con los modelos de inteligencia artificial, cómo nos ayudan hasta para hacer la desregulación. ¿Cómo vamos a desaprovechar eso? En realidad lo que me preocupa no es el futuro distópico, sino que nos quedemos fuera del tren, como tantas otras veces.
–¿Entonces no son proyectos pensados a medida de magnates del tipo Peter Thiel y el ecosistema de Silicon Valley?
–Lo de la compra de tierras viene desde Alberdi, desde 1850: por suerte tuvimos ideólogos absolutamente visionarios que ya la tenían clarísima sobre cómo tenía que ser la Argentina. Esto es cumplir con ese mandato constitucional. Y lo de la sociedad automatizada tiene que ver con cómo vimos otros desarrollos tecnológicos antes: lo que pasó con las compañías de las Indias Orientales a comienzos del 1600, cuando había grandes inversiones que se podían hacer en las colonias y no se hacían por el riesgo. Cuando se avivaron e hicieron el marco jurídico para que pusieran la plata, terminaron siendo potencia mundial. En cada salto tecnológico, el país que se avivó y tuvo las instituciones para que ese salto se desarrollara fue el que más rápido creció. El planteo es ver si, alguna vez, nos avivamos nosotros, en vez de estar siempre corriendo de atrás, y podemos ser los pioneros en un tema. Es obvio que después me pueden decir “¿estás seguro de que te va a salir?”, y capaz que no, pero al menos estamos probando. Lo peor es mirar siempre pasar cómo los otros países hacen las cosas.
MC