La ansiedad que no reconocemos
Abrimos los ojos y hay mensajes, notificaciones, más mensajes. Abrimos las redes y nos encontramos con comparaciones, noticias, imágenes, más mensajes. El cuerpo todavía no terminó de despertarse y la cabeza ya está agotada.
La ansiedad dejó de ser la excepción. Se convirtió en el ruido de fondo que va a todos lados. . muchas personas ni siquiera reconocen: la naturalizan. Pero que estés siempre apurada, como si faltara algo, no es normal. A veces no te das cuenta hasta que el cuerpo avisa.
La ansiedad a veces grita, pero a veces es silenciosa. Aparece escondida en la necesidad de controlar. O cuando sentís culpa si descansas porque todavía hay tareas pendientes por resolver. Te convence de que, cuando resuelvas lo último, entonces vas a poder relajar. Pero eso no llega nunca.
La ansiedad la sentimos todos. Es un mecanismo evolutivo que sentimos por el simple hecho de ser seres humanos y estar vivos. Nos protege. Pero cuando es constante, desmedida, nos puede provocar problemas.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos de ansiedad son cada vez más comunes en el mundo. Se estima que un 4,4 por ciento de la población tiene algún trastorno de ansiedad súper intenso. No es necesario llegar a una sensación extrema para hacer algo.
Y para eso hay herramientas muy eficaces: La respiración es la clave. Cuando la exhalación es más larga que la inhalación se estimula el nervio vago, que le dice al sistema nervioso: ‘Calmate’. Es un tipo de respiración que funciona muy parecido a un ansiolítico.
De cualquier forma, como la ansiedad no funciona en todos por igual, es necesario adaptar las herramientas para cada caso. Para algunas personas meditar puede ser una gran opción, pero para otras, una tortura y, en cambio, necesiten regularse con ejercicio y movimiento.
No hay recetas mágicas que sirvan a todos por igual. Por eso, un profesional que te escuche con atención también puede ser un gran aliado a la hora de elegir las mejores estrategias para regular los momentos de ansiedad.
Pasa algo más. Cuando comprendes que necesitás ayuda, aparece otro desafío del que se habla poco: encontrar un terapeuta con quien te sientas cómodo. Construir un vínculo de confianza lleva tiempo. Porque no alcanza con pedir un turno: hay que sentirse comprendidos, seguros y que no minimizan lo que sentimos. Tampoco queremos que nos devuelva respuestas automáticas. Muchos menos que nos juzgue. Y todo eso, muchas veces, lleva tiempo. Pero que no aparezca enseguida no significa que la terapia no funciona para vos.
Vivimos en una cultura que nos exige soluciones inmediatas, por eso, es común que sientas que la terapia no es para vos sino llega ya. Pero hay que seguir probando hasta encontrar la más adecuada.
Queremos dejar de sentir ansiedad, y queremos que sea rápido. Pero, la salud mental no funciona con la lógica de la inmediatez. Aprender a vivir de otra manera requiere paciencia, práctica y, muchas veces, la valentía de mirar aquello que durante años evitamos. No vamos a dejar de sentir ansiedad, porque es inherente a todas las personas, pero sí podemos aprender a hacer algo que nos haga sentir mejor cuando aparezca.
0