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Sin internas no hay paraíso

El peronismo no tiene Plan B para la suspensión de las PASO y se encamina a presentar listas separadas

Máximo Kirchner en Parque Lezama

María Cafferata

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Karina Milei tardó tres años en abrazar el ABC de la casta política en tiempos de elecciones: fracturar al enemigo sin romper el propio electorado. El desembarco de Diego Santilli, a quien le dio libertad de acción para hacer lo que sea necesario para suspender las PASO, es la culminación de un proceso político que solo piensa, ahora, en la reelección de Javier Milei. El Gobierno apuesta a que el peronismo continúe consumido por su propia interna y pretende que la eliminación de las primarias obligatorias sea el tiro de gracia. El kirchnerismo lo sabe, pero no tiene Plan B. Solo busca culpables.

Axel Kicillof no es el candidato de Cristina Fernández de Kirchner y, desde hace una semana, los dos se esfuerzan en dejar en claro esta premisa. En el cristinismo son más vocales: desde el acto encabezado por Máximo Kirchner en Parque Lezama que la estrategia de acumulación de La Cámpora consiste en encontrar una narrativa que les permita diferenciarse del gobernador bonaerense. El problema no es ideológico, es personal, pero necesita una justificación política para ir a disputar el voto kirchnerista en la Provincia de Buenos Aires.

La Cámpora optó por migrar del discurso de “Cristina libre” a “Cristina presidenta” para apelar al votante duro kirchnerista en el marco de una eventual interna con Kicillof. Pero no es suficiente: en el cristinismo saben, en el fondo, que la narrativa por la candidatura de CFK, por más que se repita en los streamings, no termina de permear en la sociedad, por lo que la clave es dejar en claro que fue el gobernador bonaerense quien rompió primero con Cristina. Y que es él quien tiene que pagar los platos rotos de una eventual ruptura en 2027 que derive en una derrota electoral.

Cristina Fernández de Kirchner, presa en San José 1111, a un año de su detención

“La decisión de Axel Kicillof de tomar distancia de Cristina es un parteaguas”, explicó, en una extensa entrevista con Futurock, la mano derecha de Máximo, Facundo Tignanelli. El diputado provincial, que preside el bloque oficialista en la Legislatura bonaerense, recordó que fue el dedo de CFK quien permitió que Kicillof fuera candidato a gobernador y que, luego, fue él quien decidió distanciarse del espacio en 2025 cuando se negó a respaldar la candidatura de CFK para la presidencia del PJ.

Una arqueología de la culpabilidad, que para CFK fue clave porque sostiene que la dejó vulnerable ante el fallo condenatorio de la Corte Suprema, y que La Cámpora pretende convertir en el hito fundacional del poderío de Milei. Las dos rebeldías de Kicillof: la desautorización de CFK en el PJ, primero, y el desdoblamiento de la elección bonaerense, después. Lo primero debilitó a Cristina, lo segundo al peronismo.

Frente a este escenario, el cristinismo trabaja en presentar su propia propuesta electoral. Una propuesta real –no la de CFK– con la que disputarle a Kicillof las pretensiones de liderazgo y construir una alternativa a Milei que respete la jefatura de la expresidenta. “Es Axel el que no quiere saber nada con Cristina, es un amor no correspondido. Bueno, habrá que construir una candidatura competitiva, que tenga viabilidad para ganar pero que a la hora de ejercer el poder no cague a la gente que lo votó”, explica un dirigente de La Cámpora, aludiendo, sin sutilezas, al experimento fallido del Frente de Todos.

Máximo Kirchner junto a Facundo Tignanelli

Todavía no hay un nombre. Cristina no anticipa candidatos con un año de anticipación y, además, todavía falta definir la estrategia. Hay dos posibilidades. Opción 1: elegir un candidato corrido al centro que permita ampliar el electorado, como se hizo con Martín Insaurralde, Daniel Scioli, Alberto Fernández y Sergio Massa. La estrategia funcionó solo una de las cuatro veces, pero es la gran apuesta de Massa, quien pretende erguirse como candidato a presidente con los votos prestados de Cristina. Tanto el massismo como un sector de La Cámpora están convencidos que existen ingenierías posibles para ganarle una interna a Kicillof.

La Opción 2 es ir con un candidato ideológicamente puro, fiel a la expresidenta y que represente la continuidad de la “década ganada”. Ahí se anotan figuras como “Wado” de Pedro o el propio Máximo. Fue la estrategia que utilizó Cristina, recuerdan en La Cámpora, cuando eligió a Kicillof como candidato a gobernador de PBA. “Cristina siempre buscó ampliar, excepto cuando eligió a Axel a pesar de la resistencia de gran parte del peronismo. Pero algunos se olvidan”, desliza un dirigente de confianza de la ex presidenta.

El control de calidad ideológico que el cristinismo ejerce sobre Kicillof dificulta, sin embargo, la posibilidad de pronunciarse sobre cualquiera de las dos estrategias. Ambas, advierten (esperan) en el kicillofismo, obligan a dar explicaciones a la base militante que no entiende por qué Massa sí, pero Kicillof no. Es una campaña en construcción, una búsqueda de sostén político a una disputa que es personal y que amenaza con convertir la elección de 2027 en un electorado de tercios. Uno de Milei, otro de Cristina y otro de Kicillof.

¿Qué pasa si no hay PASO?

El peronismo no mileísta observa las negociaciones del “Colo” Santilli para eliminar las PASO como un espectador pasivo. Las declaraciones del gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, generaron una ola de indignación, pero la respuesta fue mínima. “Las PASO no le sirven a la sociedad, es una encuesta muy cara que no fortalecen a los partidos políticos”, aseguró el peronista con peluca, anunciando lo que, hace semanas, era un secreto a voces: son los gobernadores peronistas quien le darán los votos a Karina Milei para sellar la condena electoral del peronismo.

Javier Milei junto con los gobernadores que participaron del acto por el 9 de Julio en Tucumán

Después de estas declaraciones, el riojano Ricardo Quintela lo llamó por teléfono para convencerlo de cambiar de opinión. Fue un diálogo breve que rápidamente chocó con los límites de una negociación desigual: el peronismo tiene hoy menos incentivos para ofrecer que el Gobierno. Los gobernadores quieren reelegir, y Karina está dispuesta a allanarles el camino para lograrlo. El peronismo, en cambio, no.

Esa es la premisa, al menos, de los gobernadores del Norte, quienes justifican su alineamiento automático con la gestión libertaria acusando al kirchnerismo de no tener vocación de construir poder.

“Con esa gente no hay nada que hacer. Si se llegan a caer las PASO habrá que señalar la responsabilidad de quienes lo hicieron. Y ponerles un candidato a gobernador propio en la provincia. Si no se las ganamos, al menos se la haremos perder”, propone un dirigente cristinista. Si no hay diálogo, que haya guerra.

El kicillofismo tampoco está pensando en un Plan B. La estrategia del gobernador, hasta ahora, fue mantener el silencio frente a las embestidas del cristinismo. “Los vuelve locos que no responda”, se jacta un funcionario kicillofista que apela a un axioma: el que se enoja pierde. No tiene respuesta, en cambio, sobre qué hacer si el Gobierno logra eliminar las PASO.

El gobernador Axel Kicillof

Una cosa es segura y es que nadie está pensando en una interna abierta. Se intentó hacer en 2002, durante el gobierno de Eduardo Duhalde, y fue imposible. “Supondría consolidar los padrones de todos los partidos que integren la alianza. Y después depende de quiénes te llevan a votar, porque con el voto no obligatorio la interna se transforma en una elección de aparatos. Es un quilombo”, graficó uno de los principales negociadores del massismo, que ha participado de varios cierres electorales.

No hay punto medio. Sin PASO, el peronismo se encamina a presentar listas separadas o una unidad forzada que, a esta altura, no parece posible. Los más optimistas advierten que la tensión seguirá escalando hasta el último día pero que, cuando llegue el deadline, las expectativas electorales ordenarán la discusión. “Nadie rompe lo que gana. Y si nosotros vamos unidos y ellos divididos, que creo que puede pasar, ganamos en primera vuelta”, señala, entusiasmado, un dirigente cercano al tigrense.

La alternativa, en cambio, es la ruptura. Y, con la ruptura, la eventualidad de la derrota. Por eso todos empiezan a escribir desde ahora el relato del quiebre. Si Milei consigue la reelección, nadie quiere cargar con la responsabilidad de haber roto primero.

MCM/MG

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