Entrevista

Ernesto Tenembaum: el “chiste” Corea del Centro, la incomodidad liberal y el peso de la ausencia de Zloto

Ernesto Tenembaum

Ernesto Tenembaum (La Plata, 1963) recibe a elDiarioAR en un bar ubicado en una esquina de Buenos Aires en la que se cruzan diagonales, una zona difusa donde rasgos de Palermo se combinan con los de de Almagro. Un poco clase media alta, facciones del Soho neoyorquino y colegios bilingües, y otro tanto de clase media-media, cruce de colectividades, desorden y escuela pública. En la charla previa a una extensa entrevista centrada en su carrera y su mirada sobre el periodismo, Tenembaum habla su familia, su inusitada pasión por Estudiantes de La Plata, el “no tan superministro” Sergio Massa y cuánto extraña a Marcelo Zlotogwiazda.

¿Qué representa el concepto Corea del Centro para vos?

Nada más que un chiste. Un grupo de personas habíamos sido muy críticas del kirchnerismo, que es una característica del mejor periodismo antes de 2015, y seguimos ejerciendo de igual modo cuando llegó (Mauricio) Macri. Un militante macrista en Twitter, Diego Papic, nos dijo “ustedes son Corea del Centro”, porque en lugar de tomar partido, seguimos haciendo nuestro laburo. El concepto supone que hay un sector del mundo que es libre, Corea del Sur, y una dictadura, Corea del Norte. Efectivamente, entre una dictadura y una democracia no podés tener una postura intermedia, pero ese dilema no es el argentino. Jorge Fontevecchia (dueño de Editorial Perfil) registra el nombre y un día me propone que trabaje en Net TV. Le cuento a María (O’Donnell) y me dice: “che, por qué no lo hacemos juntos y le pedimos a Fontevecchia que nos preste el nombre para definir con esa chicana qué es periodismo”. Me gustó cuando (Marcelo) Longobardi dijo: “no sé cuántas coreas hay, por ahí hay Corea del Este, del Noroeste, y yo no sé a cuál pertenezco, depende el día”.

¿Distancia crítica y postura equilibrada son equivalentes?

Creo que un periodista tiene que ser crítico de todos los sectores políticos y de poder. Un periodista no debería estar alineado, aunque algunos lo creen con honestidad y tienen todo el derecho. Eso es distinto a estar equilibrado porque supone un punto equidistante entre dos extremos, y yo creo que una buena historia es una buena historia, no importa a quién beneficie, y no obliga a hacer una historia en sentido contrario. La moraleja debería ser irrelevante, lo más interesante es contar algo que uno no sabe o una reflexión que te acerca a entender algo. Soy un escéptico, me generan escepticismo el kirchnerismo y Juntos por el Cambio.

Algunos sostienen que la generación de Pagina 12 de principios de la década de 1990 encontró un blanco fácil en un Gobierno con altos niveles de corrupción y cierto descaro, presidido por un personaje con las aristas de Carlos Menem, que encima indultaba a represores, pero que esa misma generación se vio desafiada cuando llegaron los Kirchner, quienes también tuvieron altos niveles de corrupción durante sus mandatos, pero además disputaron la renta del agronegocio, el papel de Clarín en un sistema de medios concentrado y vulneraron ciertos tótems de poderes fácticos. ¿Lo percibís?

Hay que aclarar algunos preconceptos. Página 12 está formado, muy esquemáticamente dicho, por dos formas de pensar la política: una muy setentista y otra muy ochentista. Una aspiraba a cambiar socialmente la realidad, venía de la década del setenta, y otra muy liberal en lo político, muy alfonsinista, a la cual adscribo desde que nací. Esa es la visión que tengo del periodismo, que es distinta a la de un militante político que ejerce el periodismo. Cuando estaba Menem, ante las privatizaciones, el indulto y la corrupción, todos sintonizamos la misma línea. Cuando llega Kirchner, eso se divide, los que decidieron que había que defender a ese Gobierno quedaron enfrentados con los que dijimos hay que hacer lo mismo de siempre.

¿Aun desde la óptica liberal que definís, se pudo mantener la mirada crítica sin perder de vista las fuertes disputas que despertaban políticas de los Kirchner con poderes muy instalados?

Los periodistas que viajaron a Santa Cruz en la época en que Kirchner era gobernador contaban que había gente que mandaba papelitos por debajo de la puerta porque tenía miedo de narrar lo que se vivía en la provincia, por la persecución que había contra ellos y sus familiares. Kirchner aplicaba en Santa Cruz en relación a la Justicia y el periodismo lo mismo que Menem a nivel nacional. Llega a la Casa Rosada e intenta hacer lo mismo con un argumento que es nuevo para nosotros: el periodismo no es un contrapoder sino un aliado del poder que no quiere que cambien las cosas. Nosotros veníamos muy envalentonados por lo que habíamos hecho en la década del noventa, que nos había dado muchísimo prestigio, y eso fue un choque de culturas tremendo.

¿Ese choque continúa vigente?

Visto a la distancia, los dos tenemos algo de razón. La mirada de Kirchner tenía algo de razón y nosotros debimos haberla repensado. La mirada nuestra también tenía algo de razón. Detrás del discurso antiperiodístico del kirchnerismo, había un intento de que hubiera una sola voz. La idea de buscar muchas voces que no sean las de Clarín escondía el objetivo de que no hubiera otra voz salvo la de ellos, y aquél que pensara distinto, era mercenario, había sido cómplice de la desaparición de niños, etcétera. Esa exageración y ese intento autoritario del kirchnerismo no quiere decir que el periodismo fuera santo. De hecho, se radicaliza y se transforma en antikirchnerista per sé, muchas veces sin chequear la información, y desnaturaliza la función de informar de manera independiente y criteriosa. Llegar a esa conclusión me tomó algunos años.

Kirchner llega a la Casa Rosada con un argumento que es nuevo para nosotros: el periodismo no es un contrapoder sino un aliado del poder que no quiere que cambien las cosas. Nosotros veníamos muy envalentonados y eso fue un choque de culturas tremendo

Ernesto Tenembaum

¿Cómo y cuándo llegaste a esa conclusión?

Fue paulatino. La relación entre Clarín y el Gobierno explotó cuando comenzamos con Marcelo (Zlotogwiazda) a tener un rol muy importante en TN (con el programa Palabras +, Palabras -, martes a las 23, levantado en marzo de 2015) y yo, a conducir la primera mañana de Radio Mitre. Al principio, teníamos una posición favorable a la resolución 125 (de segmentación de las retenciones a las exportaciones del agro). Cuando nos pusimos a investigar y a hablar con pequeños y medianos productores, ahí había una discusión política válida. Si decís que la medida técnicamente era muy reprochable, empezás a ser mercenario. Te enojás, levantás la voz, porque ya no estás discutiendo la 125 sino las acusaciones injustas que recibís, y eso te va empujando a una dinámica muy perniciosa. Ves 678, marchas con las caras de periodistas como enemigos del pueblo, juicios públicos a periodistas que habían combatido la dictadura con la denuncia de que habían sido cómplices. Una maquinaria muy autoritaria, casi fascista, y eso te va sesgando en los tonos y en los acentos. Hubo un momento en 2013 en que esa discusión sobre kirchnerismo y antikirchnerismo me empezó a aburrir. Sentí que el kirchnerismo comenzaba a entrar en un declive muy fuerte con la derrota (en las legislativas de medio término) ante (Sergio) Massa. Cuando te desprendés de eso, empezás a ver el todo. Salís un poco de la pelea o por momentos ves los riesgos e incongruencias del macrismo, y finalmente el Gobierno de Macri.

Desde posturas ideológicas cercanas, el abordaje de Marcelo Zlotogwiazda fue algo distinto al tuyo.

La relación con Marcelo Zloto era muy rica en ese sentido. Los dos estábamos de acuerdo básicamente en la palabra que definía a uno y otro sector, pero estábamos en desacuerdo en los tonos y los acentos. El tenía una mirada sobre el antikirchnerismo más crítica que la mía y yo enfocaba mis críticas sobre el kirchnerismo. En el intercambio, todo el tiempo, los dos nos hacíamos pensar.

¿Qué te reprochás de tu actuación?

Cuando reviso, me enojé más de lo que debería, y no enojarme me hubiera ahorrado algunos errores, como una entrevista con Agustín Rossi. Al mismo tiempo, en los puntos centrales que planteaba, creo que tenía razón. Por la 125, que Cristina Kirchner reconoció como un error cuando acusó a Martín Lousteau de que había hecho mal las cuentas, se dividieron familias, se reconfiguró la política argentina, surge el conflicto con Clarín y con la Justicia. El reconocimiento del error es de una magnitud gigantesca. Teníamos razón con (la malversación de estadísticas en) el INDEC; la corrupción existía y era muy grave. La tragedia de Once (12 de febrero de 2012, 52 muertos y centenares de heridos) fue un hecho que deriva de la corrupción y está probado judicialmente. La macro en la economía kirchnerista terminó siendo muy destructiva para el país y el sectarismo le hizo mucho daño. Esas críticas, a veces sin matices, eran correctas en lo sustancial y volvería a hacerlas, tal vez en otro tono.

Aquel Página 12 de los noventa era visto como irreverente, alternativo, contrahegemónico se diría hoy. Parte del grupo fundacional siguió ligado al diario pero otras firmas emblemáticas hace años se desempeñan en medios del mainstream, incluso volcados a la derecha dura. ¿Esa deriva de la irreverencia hacia el sistema es consecuencia de la madurez, el sueldo, la fama, el deseo de aceptación del entorno?

Es una pregunta con un montón de sobreentendidos que podría discutir qué éramos entonces y qué somos ahora. Se supone que éramos irreverentes y rebeldes y ahora no lo somos. Depende quién, el caso y el momento. En mí, esa parábola no se da; siempre me sentí un periodista socialdemócrata, no mucho más que eso. Por ejemplo, la pelea por los derechos humanos la sentí muy propia, pero en cuanto a los “dos demonios” (que equipara las responsabilidades entre “el mal” de la dictadura y “el mal” de las organizaciones armadas), yo tenía una visión muy crítica de la guerrilla. El libro de Pablo Giussani Montoneros, la soberbia armada (Sudamericana, 1984) me encantaba en los ochenta y me encanta ahora. Es un ensayo inteligentísimo, pero al lado de la barbarie militar, uno no miraba a la guerrilla. Un periodista labura contando historias, no mucho más. Nunca pensé que trabajar en Clarín fuera un pecado.

Más allá de tu actitud individual, es un hecho que, desde hace una década, la principal figura del Grupo Clarín es un exdirector de Página 12 (Jorge Lanata), quien antes denunciaba el poder del multimedios, y está lejos de ser el único que tuvo esa trayectoria.  

En mi caso, dudo mucho más hoy de qué está bien y qué está mal. Puteaba contra Menem en arameo y hoy me pregunto cómo habría bajado la inflación un Gobierno progresista en aquel momento. Después veo que la pobreza fuerte en Argentina se instaló en la década de 1990. Con un Gobierno progresista, ¿habría habido más o menos pobreza? No lo sé. Esas preguntas te ponen en un lugar de mayores dudas y cambia la perspectiva. Trato de ser menos ofensivo en la manera de plantear las cosas, incluido hacia Gobiernos con los cuales tengo mucha discordancia como el de Macri. Trato de explicar lógicas en lugar de escribir llamaradas. Tal vez sea la influencia de Zloto. Después de muerto influye sobre mí mucho más que cuando estaba vivo.

La tragedia de Once es un hecho directamente atribuible a Cristina

Ernesto Tenembaum

Con sus defectos y virtudes, no se puede decir que el kirchnerismo haya variado mucho en métodos y objetivos desde 2003. Durante los primeros años, Lanata sugería que vos, Marcelo Zloto y Adrián Paenza eran oficialistas. ¿Qué cambió en tu mirada sobre los Kirchner para adoptar una mirada tan crítica como la que expusiste a partir de 2008?

El kirchnerismo fue acentuando algunos rasgos. Con un Gobierno con el cual en algunas cosas estás de acuerdo, es más difícil ser crítico, efectivamente es así. Ya con Cristina, la mejor medida fue el matrimonio igualitario, que hizo cambiar el punto de vista de toda la sociedad sobre un tema central. También la asignación por hijo y, con algunas dudas, la estatización de las AFJP. Acordaba en un contexto muy difícil, porque me agredían. Siempre trato de resolverlo con la mirada periodística. Cuando llegó Kirchner, no podía creer que un Presidente dijera cosas que yo pensaba. Me gustó que fuera audaz con la moratoria jubilatoria, la reforma liberal de la Corte, de la que después se desdicen. Antes de 2007 arranca un proceso con las piñas en el Hospital Francés, el tiroteo y la alianza con (Hugo) Moyano en el traslado con los restos de (Juan Domingo) Perón, el apoyo a (Carlos) Rovira en las elecciones en Misiones (para reformar la Constitución y ser reelecto, en 2006), el INDEC... El de 2003-2007 fue un buen Gobierno, en el que las semillas de la patología posterior ya estaban, pero la suma y resta da bien. Después, en la suma y resta, la patología le gana a lo virtuoso. La tragedia de Once es un hecho directamente atribuible a Cristina, no judicialmente, pero era evidente que había cobertura de lo que estaba pasando en ese tren. La cantidad de accidentes, informes, rebeliones de usuarios eran contundentes, y después le echan la culpa a un chofer de 26 años.

Una cosa son los delitos vinculados a la corrupción y otra un accidente tan grave, cuando los peritajes confirmaron que los frenos funcionaban y el maquinista no los activó. ¿No representa justamente una falacia propia de la polarización atribuir directa responsabilidad a Cristina, quien, en todo caso, debería ser juzgada por presunta corrupción en los contratos y subsidios?

Si los frenos funcionaban, es una discusión muy profunda en la causa; depende a quién le preguntás. Son peritajes muy finos. Te estoy diciendo que estás viendo una tragedia anunciada y un Gobierno que no hizo nada, con los (empresarios a cargo de la concesión) Cirigliano en el medio. Había habido un accidente unos meses antes en una barrera donde había habido seis muertos. Cada vez que los usuarios se rebelaban, le echaban la culpa a (el cineasta y político Fernando) Pino Solanas, al Partido Obrero, a (el sindicalista Rubén) Pollo Sobrero. Llegó a haber detenidos por sabotaje. Nunca vi una tragedia prenunciada tan clara. Ese mismo día, Mónica Schlotthauer (delegada de trabajadores y luego diputada nacional del FIT) le dice a (el entonces secretario de Transporte Juan Pablo) Schiavi: “te dije que esto iba a pasar”. Uno de los primeros programas que hizo la cobertura de ese tren, antes del accidente, fue Palabras + Palabras -, gracias a que el Pollo Sobrero nos abría las puertas. De todos los que investigaron, no hay uno que tenga dudas respecto de la responsabilidad del Gobierno en esa tragedia. Luego aparece lo de (las coimas atribuidas al ex vicepresidente Amado) Boudou y la respuesta automática es que es inocente. Aparece (el fiscal fallecido Alberto) Nisman y al día siguiente dicen que se suicidó. La reacción mecánica es la misma en todos los casos.

Esa reacción automática existía, así como el bombardeo de Clarín, La Nación y los múltiples satélites con una falta elemental de rigor profesional de la que había pocos antecedentes en democracia.

Si tomás el tema Nisman, existían abordajes así de los dos lados.

La forma tan oscura y el contenido precario de la denuncia de Nisman por el memorándum con Irán y las especulaciones sobre su muerte, sin el menor indicio de un asesinato, dan cuenta de una ofensiva compleja de Inteligencia, política y periodística contra el Gobierno de Cristina Fernández. ¿Correspondía al menos tratar de iluminar eso?

Al día siguiente, ya mucha gente había llegado a la conclusión de que lo habían matado y otros, de que se había suicidado. Aquellos que decían que lo habían matado eran antikirchneristas y los otros, kirchneristas, por lo cual uno podía desconfiar.

¿La distancia crítica no indica que hay que cuestionar lo que corresponda, como el manejo de la SIDE con Jaime Stiusso y la interferencia en Comodoro Py, pero a la vez dar cuenta de la operación en juego y los motivos de la ruptura con cloacas de los servicios de inteligencia?

Depende cuán cerca se está del tema. En tu pregunta hay implícito un planteo respecto de cómo uno debe ejercer y yo podría darte un montón de ejemplos en los cuales yo realmente fui crítico respecto de cómo algunos medios trataron al kirchnerismo. Es desagradable o de mal gusto tener que hacerlo, porque debería hablar bien de mí mismo. No sé de todos los temas. Lo que dije desde el principio es que no me consta ni una cosa ni la otra. La Justicia tiene que investigar e ir viendo. Tampoco soy un especialista en los hechos de corrupción que se atribuyen a CFK. Ahora, cuando empezaron las detenciones (de exfuncionarios kirchneristas) sin condena en la época de Macri, mis notas eran muy combativas respecto de eso y muy contraculturales, porque todo el mundo festejaba. Cuando el Grupo Clarín resistía que los hijos de Ernestina Herrera de Noble pusieran el brazo para hacerse el test de ADN ante la sospecha de que fueran hijos de desaparecidos, con Marcelo hicimos un programa entero, en TN, con nietos de desaparecidos que plantearon que lo que tenían que hacer era poner el brazo. Fue un programa que nos enorgullecía mucho haber hecho.

¿Qué consecuencias tuvo el programa?

Ninguna, ni siquiera un comentario. Lo que también es verdad es que la campaña que se hizo con eso fue una canallada por razones políticas (de parte del Gobierno de Cristina) y merecería un pedido de disculpas. No vi nada más grave en toda la discusión sobre la grieta que la acusación de apropiarse de hijos de desaparecidos sin tener pruebas.

Esa posibilidad había sido admitida por la propia Ernestina Noble ante sus hijos varios años antes, y estaba el derecho de los familiares de desaparecidos a saber la verdad.

Son cosas distintas. A muchos nos gritaban “devolvé a los nietos”, hubo una orden de hacer eso. Son cosas de las que es raro volver a hablar porque para mí es un tema muy importante que ya está saldado.

¿Clarín pudo haber utilizado la incorporación tuya y de Marcelo para erosionar la base de Cristina en un ámbito progresista y, cuando la divisoria se decantó y la posibilidad de derrota del kirchnerismo cobró fuerza, volcó del todo a la derecha y dejó de interesarle al grupo tenerlos en el barco?

Yo soy muy poco conspirativo; confluyeron varias cosas. Los públicos exigen extremismo y nosotros habíamos definido que no iba a ser nuestra postura. Más allá de lo que pensáramos sobre el Gobierno, íbamos a hacer una cobertura como si estuviéramos en Suiza. El Gobierno no quería venir a TN, entonces buscábamos subterfugios: Carta Abierta, (Fernando) Chino Navarro, (Martín) Sabbatella, Daniel Filmus... En los graphs no aparecía “ley de medios K”, y así un montón de cosas de la confección cotidiana. En un momento, el público se empieza a polarizar y nosotros medíamos menos. Probablemente, si hubiéramos medido mucho, habríamos seguido. Y después, hay desgaste. Cuando entramos a TN, en 2007, era el momento mejor de la relación entre los Kirchner y el Grupo Clarín porque se estaba por producir la fusión de Cablevisión y Multicanal. Andá a saber cómo son las cosas. El tipo de periodismo de guerra que se hace contra el Gobierno no me representa en los más mínimo. Insultar a un presidente me hace acordar al gobierno de (Arturo) Illia, me parece de mal gusto, no le hace bien al país.

La polarización demostró ser exitosa tanto en términos de audiencia como de ingresos económicos, sea porque la publicidad la premia o porque el público está más predispuesto a bancar al medio con el que coincide. ¿Corre riesgo la sustentabilidad de la concepción liberal o profesionalista del periodismo?

El periodismo está atravesado por muchos intereses y necesidades, avisos que condicionan y no coinciden con el objetivo del periodista profesional, liberal e independiente. Ahora, hubo periodistas que lo hicieron durante la dictadura militar, como Magdalena Ruiz Guiñazú, y en democracia siempre hay espacio. Mucho más miro al periodismo argentino en todas sus perspectivas. Con el debate apasionado que hay, creo que, más allá de hechos puntuales, está en un lugar que habla de una sociedad liberal. Si soy optimista o pesimista, creo que soy optimista.

Escuché el mito de que Larreta tiene amparo mediático a cambio de pauta y no sé cómo medirlo. Me genera escepticismo que JxC, aun ganado Larreta, potencie todos los problemas anteriores

Ernesto Tenembaum

En las redacciones es vox pópuli que Larreta tiene un amparo a cambio de pauta o por coincidencia ideológica que trasciende la polarización y alcanza a medios cercanos al kirchnerismo o muy críticos del macrismo. ¿Mito o realidad?

No soy un analista de medios, soy bastante marciano y bastante aislado de eso. Escuché ese mito y no sé cómo medirlo.

¿Percibís que con Larreta vendría un ciclo liberal-conservador clásico de ajuste y endeudamiento, o una versión moderada, “compasiva”, esta vez, sería factible?

No sé si sería distinto a Macri, pero tengo desconfianza. Hay un economista muy respetado, Fernando Navajas, que hace poco habló de los monetaristas de una sola neurona que entienden que no emitiendo se resuelve todo en el país. En la fundación pensar, cerca de Rodríguez Larreta, hay un sesgo muy fuerte en ese sentido. No veo por parte de los economistas de Juntos por el Cambio una autocrítica que me convenza respecto del desastre que fue la implementación de los planes económicos de Mauricio Macri. Y como no la veo y es muy necesaria, me genera escepticismo y mucha preocupación que, aun ganando Rodríguez Larreta, vayamos a un problema económico muy grave que potencie todos los problemas anteriores.

¿Qué escucharías en tu horario si no tuvieras el programa en Radio con Vos (Al aíre junto a Gustavo Grabia, Jairo Straccia, Tamara Petinatto y Yamila Segovia; Mariano Pavetti en la jefatura de producción)?

Escucharía a María 0’Donnell (Urbana Play, FM 104.3), seguro. Me gustaba mucho la manera en que Marcelo Longobardi (CNN Radio, AM 950) hacía la síntesis de noticias, un espacio genial. Siempre le valoré que nunca se plegó al griterío. Una visión más conservadora que la mía, sobre todo en la mirada económica, pero que siempre intentó la reflexión. Me gusta mucho lo que hace Jairo Straccia, distinto en la radio argentina; divertido, irónico, con mirada lateral; es muy informado y muy preciso. No escucho mucho. Cuando lo hago, escucho Radio con Vos. Me expulsa mucho el mensaje previsible y gritón, sea kirchnerista o antikirchnerista. No resisto dos minutos viendo algunos noticieros de televisión.

En general, la gente que me rodea es gente que duda. El cristinista es alguien que no duda

Ernesto Tenembaum

¿Qué pensamiento te nace cuando leés que Verbitsky se refiere a vos como alguien del “gorilismo liberal". “Un psicólogo metido a comentarista radial dijo que Cristina intentaba darle un golpe de Estado a Alberto”?

Me enteré que se refirió a mí de esa manera. No habla bien de nadie que descalifique al otro con adjetivos, ni es algo que me resulte cómodo responder. Yo no soy psicólogo, me recibí de psicólogo en 1987 y nunca ejercí, y desde entonces, ejerzo como periodista. Soy liberal, claramente, en el sentido político, no económico, y tengo una valoración positiva del rol del general Perón en la vida política argentina, con muchos peros. Por fuera de eso, es una descalificación que tiende a evitar la discusión de lo que dije, en el sentido de que CFK intentó darle un golpe de Estado a Alberto. Golpe de Estado no es como el de 1976 sino en el que Michel Temer le dio a Dilma (Rousseff, en 2016). Hay que discutir de verdad y con mucho énfasis lo que hizo el cristinismo en estos dos años y medio de Gobierno. Nunca vi un proceso de desestabilización de un presidente tan fuerte por parte de alguien de su misma fuerza política, mucho menos desde un sector cuyo líder es más poderosa que el propio Presidente. Creo que las renuncias en masa de ministros (en septiembre de 2021, tras la derrota en las PASO) es un hecho muy grave para la historia de la democracia, los insultos de cristinistas (como Fernanda Vallejos), que no recibieron reparos de los líderes, son muy graves porque deterioran la autoridad presidencial. No le permitieron estabilizar equipos, tomar medidas, profundizar reformas, en un contexto de pandemia y de herencia muy graves. Hechos muy traumáticos para un Gobierno. Desautorizaciones públicas, gritos contra ministros, burlas, utilización e la vida privada para desestabilizarlo. Todo eso es muy difícil analizarlo si no contempla que lo que se estaba buscando era arrinconarlo para debilitar su autoridad. Cuando uno todos estos hechos, es muy difícil descartarlo, y finalmente lo logrado fue una desestabilización. Por supuesto que en esta dinámica hay dos, y Alberto Fernández construyó esa trampa. Hizo una alianza con alguien a quien conocía mucho y no le encontró la salida a ese dilema de que, si ejerce el rol que le exige la vicepresidenta, genera inestabilidad en el Frente de Todos, y si no lo ejerce, termina teniendo efectos muy graves para el país.

¿Cómo convivís con un entorno personal y laboral con integrantes menos críticos del kirchnerismo, no sé si ahora, pero sí previamente a 2019?

Cuando ganó Alberto, estaba al aire y todos en la producción de entonces, detrás del vidrio de la pecera de la radio, hicieron la V. Eso me dio mucha simpatía. En el equipo que está al aire ahora, no hay nadie que sea cristinista. En un ensayo en un cumpleaños de mi suegro en 2011, a pocas semanas de la elección, Hermes Binner (de la coalición de Partido Socialista con la UCR y otros) sacó 17 votos y Cristina, tres. Jodía con que éramos Bélgica. Me llamo Ernesto por el Che y Raúl por Raúl Castro. Cuando mis viejos se fueron del PC (Partido Comunista), en un largo proceso, en 1967, yo tenía tres años. Sufrieron mucho y el PC era muy parecido al núcleo duro del kirchnerismo. En el momento de una objeción, ya sos un disidente y te acusan de mercenario. Crecí en la casa de dos disidentes y eso me marcó mucho. En general, la gente que me rodea es gente que duda. El cristinista es alguien que no duda. Tengo familiares cristinistas con los cuales nos queremos mucho y, a veces, hablamos de política. Ahora están desorientados, porque quienes no son parte de la organización no entienden por qué les hizo votar a alguien al que boicoteó desde el primer día. Es una explicación que Cristina les debe a todos ellos.

Lo que Alberto Fernández prometía en 2019, con acento en la igualdad y la sustentabilidad económica, tenía algún punto de coincidencia con ideas de Zloto. A la luz de la deriva del Gobierno, ¿en qué disentiría y en que coincidiría con vos?

Unos días antes de morir, Zloto dio una charla en una feria industrial en Comodoro Rivadavia en la que estaba la directora de Página 12, Nora Veiras. Él dice que le había dado muchas vueltas a un tema central: conseguir dólares. “Si alguna crítica tengo al kirchnerismo histórico es que no cambió la estructura productiva y la economía argentina, sin dólares, cae en crisis recurrentes. El vería con angustia que todavía no se resolvió y lo ataría mucho a un leit motiv de los últimos 12 años de su vida, que fue la pelea para que no se subsidie el consumo energético. La energía se paga en dólares y cuesta mucho conseguirla, y acá se regala a sectores que podrían pagarla. Estaría preocupado por el posible regreso de opciones más ortodoxas al Gobierno. No me atrevo a decir mucho más que eso.

Tuviste una relación fluida con Alberto como protagonista político y fuente durante décadas. ¿Esperabas este devenir de su Gobierno?

Se encontró con un dilema que no pudo resolver. Si era coherente con su visión de cómo administrar el poder y con qué funcionarios trabajar, rompía con Cristina, pero trató de que no ocurriera, ya fuera por miedo o por una evaluación correcta sobre los efectos. Pero como privilegió la relación con Cristina, cedió áreas muy importantes en su gestión, como el manejo de la pandemia, la relación con la oposición, la economía y muy particularmente la cuestión energética. Hoy el resultado no es bueno por donde se lo mire. En los últimos días, la coalición se fortaleció un poquito, pero está muy débil y parece incapaz de gobernar, y la gestión también es muy mala. Ese drama de origen tampoco lo pudo resolver ella, porque no pudo imponer su criterio y ni conformar un gobierno que funcione. Hay un problema de relación y de constitución de un frente que es totalmente tóxico y muy violento.

¿Cambia la dinámica con Sergio Massa en Economía?

Su situación es muy parecida a la de Alberto en 2019. Ambos comparten haber sido políticos a los que les tocó dos veces ocupar el centro del poder de un Gobierno. Alberto la primera vez, hasta que se peleó con Cristina (en 2008), y lo mismo sucedió con Massa (2009). Alberto tuvo una segunda vez ahora y se enfrentó a un dilema que no pudo resolver. Verá Massa cómo termina, pero son parte de lo mismo. Es una conducción del peronismo anti-K que rompió con Cristina con la promesa de “borrar a los ñoquis de la Cámpora” y “meter presos a los corruptos kirchneristas”, que se alió en 2019 con la ilusión de imponer algunos de sus criterios. Alberto no pudo, ahora lo va a intentar Massa, tal vez, con el apoyo de Alberto, pero también con la resistencia de Cristina.

¿La foto de Cristina y Massa y los apoyos de La Cámpora alcanzan?

Veremos. Lo que se sabe del tema energético, que es fuente de los principales problemas económicos, algunos de ellos innecesarios, como el faltante de gasoil y la corrida acelerada por una venta de bonos que tenía ENARSA antes de la renuncia de Martín Guzmán, es que toda esa agente queda en el poder (ndr: La Cámpora y funcionarios cristinistas manejan la Secretaría de Energía, entes reguladores y empresas públicas del sector, se definía al cierre de esta edición el probable reemplazo de Darío Martínez). Caen ministros, secretarios, cancilleres, todos, pero no cae la gente de Energía porque la protege Cristina. Massa es teóricamente un superministro pero no puede resolver ese problema y ya arranca débil, por lo cual, no es tan superministro. 

¿Qué extrañás de Marcelo Zloto?

Extraño al ser humano. Era un amigo con el que tenía trato cotidiano, diario. Varias veces al día nos contábamos cosas que nos pasaban. Uno tiene muchos amigos, pero de ese tipo, no hay muchos. Era un amigo con el que pensaba muchas veces distinto, pero procesábamos todo con mucha intensidad, interés y diversión. Me hacía crecer mucho. Y también se lo extraña como periodista. Recuerdo algunas cosas de Marcelo que son fantásticas. En 1995 hubo un paro de 45 días en Página 12. Todos sabíamos que Clarín había comprado Página y que la condición que había puesto era que ajustara la planta. Fue muy duro para todos. La redacción y el sector industrial paraban, los jefes, no. Marcelo fue de los pocos que paró, sin presumir de nada; le parecía justo y punto. En 2006, empezó a hinchar con los subsidios a la energía, tema que no se resolvió hasta hoy. Marcelo dice: “si no se actualiza rápido va a ser una montaña y va a generar un problema de déficit comercial, fiscal y energético muy importante”. También dijo que la frase de Alberto Fernández de que entre los jubilados y las leliqs de los bancos, elegía a los jubilados, era demagógica a semanas de la derrota de Macri. Era un periodista progre planteando un tema macroeconómico que no le cerraba. Decía lo que le parecía justo con una frialdad y un estoicismo total, no le importaba nada. Él ha roto las pelotas con la desigualdad hasta cansarse, tema que me empieza a interesar mucho más después de que él muere. Ahí empiezo a leer a (Thomas) Piketty y otros textos. Es una pregunta que no dejo de hacer a nadie que se perfile para ser ministro de Economía. “¿Qué vas a hacer para reducir la desigualdad?”.

¿Qué esperás para tu próxima década profesional?

Una decadencia digna, elegante. No hacer papelones, no querer mantenerme en un lugar importante del debate público forzando mis posiciones, y seguir divirtiéndome. Formar a alguna gente. Cuando armo equipos, trato de transmitir una forma de hacer periodismo. Estoy por cumplir 60 el año que viene, hay cosas que tienen que ver con la nueva generación, personajes como Julio Leiva y Tomás Rebord, que me parecen novedosas, a las que me llevan mis hijos. Primero reacciono como si invadieran mi territorio y después me encuentro con cosas realmente interesantes. Me imagino laburando, estudiando. Si no es radio, será escribiendo un libro. En cada momento de la vida, la pasión garpa.

 

 SL

 

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