Cumbre presidencial

Alberto Fernández viaja a Chile: más política que economía, ante un Piñera devaluado

Alberto Fernández / Olivos

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Alberto Fernández pidió, y consiguió, que el gobierno de Sebastián Piñera le permita depositar una ofrenda floral en el monumento a Salvador Allende en la plaza de la Constitución, frente a La Moneda, la sede de gobierno chileno. A simple vista puede parecer un detalle menor pero enhebra algunos simbolismos que sirven de guia para leer la visita que Fernández prevé hacer a Chile el 26 y 27 de enero próximo.

Se planeó una reunión de una hora, a solas, entre los dos mandatarios, lo que que sugiere que hay una temario que requiere discreción y tiempo. Fernández y Piñera, con gestiones diplomáticas de por medio, protagonizaron una relación tensa que se encaminó luego de una charla en la que pusieron de acuerdo sobre lo que los diferencia.

La fecha se reprogramó luego del aislamiento impuesto a Piñera y su esposa por un contacto estrecho que dio Covid-19 positivo. El martes, el gobierno chileno elevó varias fechas y el miércoles desde Olivos se confirmó la visita de dos días que además de ser el primer viaje de Fernández en 2021 puede considerarse el primero desde que estalló, en marzo pasado, la pandemia.

Chile, con un Piñera con solo 7 puntos de imagen positiva y catorce meses de presidencia por delante, es una plaza atractiva para Fernández

Su presencia en la jura de Luis Arce -antesala de la escolta a Evo Morales en su regreso a Bolivia- fue un episodio con nervio político pero sin agenda diplomática de trabajo. El asado con Luis Lacalle Pou. en diciembre, repasó el temario bilateral pero fue, más que nada, un intento de deshielo en el vínculo enrarecido con el Uruguay.

Chile, con un Piñera con solo 7 puntos de imagen positiva y catorce meses de presidencia por delante, es una plaza atractiva para Fernández. De todos los vecinos necesarios y distintos -Brasil, Uruguay, Paraguay- se volvió el más previsible y el que podría aportar mas beneficios, según apuntó una fuente oficial. La situación de Piñera puede. desde esa óptica, permitir que avancen capítulos que, en otro contexto, serían más tortuosos.

Algunos palpables, como el acuerdo para que pick ups argentinas puedan entrar a Chile con arancel cero, un régimen que ese país otorgó en un acuerdo con Tailandia, y que aparece tentador para las automotrices locales. Otros simbólicos. "Chile, aun con su crisis política, es bien visto en el mundo y a Argentina le sirve mostrar un buen vínculo", apuntó a elDiarioAR un funcionario argentino que, además, interpretó que hay beneficios mutuos porque a Piñera, devaluado en el frente interno, lo ayuda una foto con Fernández que, a priori, subirá a su comitiva al canciller Felipe Solá, al ministro de Economía Martín Guzmán y al de Salud, Ginés González (ex embajador en Santiago, plaza que ahora ocupa Rafael Bielsa).

Parte de la gira de Fernández tendrá como escenario la residencia argentina: allí planea recibir a varios músicos e intelectuales chilenos, a un grupo de científicos encabezados por Ennio Vivaldi, rector de la Universidad de Chile, además de una cena con dirigentes chilenos, entre ellos Marco Enriquez Ominami (MEO), amigo y colaborador de Fernández. El mandatario argentino avisó, para evitar malestares, que tendrá esa cita con opositores a Piñera.

Están previstas, además, homenajes a Bernardo O´Higgins y a José De San Martín, y reuniones de Fernández con autoridades del Senado, Diputados y la Corte Suprema chilena, una agenda que incluirá también un encuentro con empresarios de ambos países.

PROSUR y Venezuela

Capítulo aparte en la relación Fernández-Piñera merece el PROSUR, el foro que el presidente chileno promovió junto a su par colombiano Iván Duque, como reversión de la UNASUR, y que en Argentina entienden como un bloque alineado con la política de EEUU orientada a aislar a Venezuela. El Gobierno argentino avisó que no tendrá un papel activo en el PROSUR, una forma de avisar que el capítulo venezolano es, para la gestión de los Fernández, un tema de política interna como, quizá, es para Piñera la cuestión boliviana.

Habrá, entonces, un paragüas sobre esos asuntos, innegociables para ambos gobiernos con lógicas propias. Fernández, por caso, mira a Chile como un escenario donde puede consolidar su perfil centrista, que puede tener -como tuvo- un rol activo en la defensa de la institucionalidad en Bolivia cuando colaboró con Morales, pero también con Piñera, que se ubica en el otro extremo ideológico. Esa distancia ha llegado, en alguna ocasión, a generar tensiones, por caso cuando un anuncio de campaña en la previa del plebiscito para reformar la Constitución derivó en un pedido de explicaciones de la Embajada argentina.

En el PROSUR, la presencia de administraciones que el gobierno argentina considerá "hostiles", como la de Lenin Moreno en Ecuador -que "nos tiró la estatua de Néstor por la cabeza"-, aparecen como factores que inhiben la participación argentina. Pero, a la vez, reflejan que a pesar de enfoques distintos Fernández y Piñera lograron sintonizar y pueden, con beneficios compartidos, avanzar en acuerdos políticos, económicos y de integración como el servicio de roaming telefónico y la validez de los registros de conducir en ambos países) 

Habrá, en ese segmento, un párrafo puntual sobre el paso de Agua Negra, un proyecto que Chile desactivó cuando renunció al crédito solicitado al BID pero que podría recuperar vitalidad y tener en la bilateral de fines de enero un impulso compartido entre los dos presidentes luego de que se consideró "desechado" .Fernández mencionó el tema en varias ocasiones y cayó muy mal en el gobierno argentino que Chile, sin aviso y sin consulta, desista de la línea crediticia con el BID.

Hay, además, cuestiones de investigación y colaboración en materia de meteorología y una idea para que Argentina y Chile compartan, con fines de estudio, alguna de las trece bases argentinas en la Antártida, un ejercicio de cooperación entre los dos países.

PI

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