Gira Presidencial

Gobierno en “modo avión”: el mensaje que deja Alberto y la incógnita sobre Cristina

Fernández, minutos antes de embarcar hacia París.

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Alberto Fernández no bajará su candidatura presidencial. Se lo repite a los propios y se lo trasmitió, el lunes, a algunos de los dirigentes bonaerenses que lo visitaron en Casa Rosada. Operó como una respuesta a un planteo que nace de usinas K y sostiene que el pliego de condiciones para retomar el diálogo entre el presidente y Cristina Kirchner, debe incluir que Fernández desista de su sueño reeleccionista.

“Eso no va a ocurrir”, dijo Fernández cuando lo consultaron. Traducción: no accederá, si es que existiese tal pedido -o, en todo caso, si se explicitara-, a desactivar una eventual postulación en el 2023. Con ese mensaje, el presidente viaja esta noche con destino París para una gira que lo llevará también a Bali, Indonesia, y mantendrá fuera del país durante una semana. Viaje que coincide, aunque no es novedoso ni casual, con otro momento de rispidez en el Frente de Todos (FdT).

Luego de una semana chispeante, el Gobierno entra en “modo avión”, según la definición de un funcionario, con la expectativa de que las agendas diferenciadas sirvan para aplacar la tensión interna. En medio, en las últimas horas, hubo varias señales de pacificación. Todos los movimientos fueron de abajo hacia arriba: Juan Manzur reunió a Aníbal Fernández y Victoria Tolosa Paz con Eduardo “Wado” De Pedro y, en Quilmes, Gabriel Katopodis compartió un acto con Mayra Mendoza.

Son soldados de ejércitos -o batallones- diferentes y que aparezcan, aunque algunos lo hagan con cara de pocos amigos, es visto como un periodo de deshielo en medio del fuego cruzado de la última semana. Todo, además, con una incógnita abierta: qué versión de Cristina subirá al escenario el 17 de noviembre, en el Estadio Único de La Plata, cuando se cumplan 50 años del regreso de Juan Perón a la Argentina.

Como el azar es antojadizo, para ese jueves está previsto el regreso de Fernández a Argentina.

Demandas

Fernández rehuye al tiroteo interno pero, cuando lo interrogan -y así ocurrió el lunes, durante un encuentro reducido- envía señales. Una puntual cuando le preguntaron si atendería el reclamo, supuesto pero que forma parte de la conversación en el FdT, de que baje su intención para el 2023, dijo que “eso no va a ocurrir”. Esa demanda flota, como una verdad en voz baja, en el ecosistema Cristina. El discurso de Máximo Kirchner, el sábado en el Congreso del PJ bonaerense, cuando habló de una “aventura personal”, sonó alineado con esa exigencia.

Las parrafadas del diputado fueron la música de fondo de la reunión que, el lunes por la tarde, Fernández tuvo con intendentes del conurbano. La cita la armó Martín Insaurralde, en contacto directamente con el presidente, y fue para plantearle a Nación un menú de pedido para el tramo final del año, con lo que eso significa diciembre, y proyectar el 2023, un año electoral.

Fernández sumó a la mesa al ministro de Economía, Sergio Massa y al jefe de Gabinete, Juan Manzur. Una biopsia de la foto aporta un dato específico: en la reunión no hubo ningún kirchnerista puro. Por el temario, deberían haber estado el gobernador Axel Kicillof y el ministro de Interior Eduardo “Wado” De Pedro. No ocurrió. La relación entre el presidente y De Pedro está fría. Un puñado de frases del ministro agudizaron esa distancia. “Wado viene con días de malas declaraciones, nada más”, dijo un albertista.

Tensiones

Había, en la cumbre de Rosada, un desfile de socios del kirchnerismo: de Insaurralde, aliado hace tiempo de Kirchner, a Jorge Ferraresi, ahora intendente de Avellaneda, de vínculo inestable con el diputado pero que asume a Cristina como su jefa política. La otra particularidad era que muchos de los que se reunieron con Fernández, estuvieron, 48 horas antes, sobre el escenario desde el que Kirchner tiroteó al presidente.

Entre los dirigentes del FdT del conurbano hubo incomodidad por el discurso del diputado. “No está bien que use un acto del PJ para hacer eso”, le dijo a elDiarioAR un jefe territorial. “Máximo se equivoca: lo toma como algo personal y esto es política”, apuntó otro. El lunes anterior, durante un encuentro en la gobernación de La Plata, se había hablado del tono del congreso y se acordó evitar sumar tensión. Después ocurrió otra cosa.

Ese cambio de agenda, sobre todo luego de un discurso de Cristina que evitó el forcejeo directo con Fernández, sorprendió a más de uno. Una interpretación, muy naif, sugiere que el tono del discurso fue para marcar la cancha porque 48 horas después del Congreso, la plana mayor del peronismo del conurbano tendría un encuentro con Fernández.

La cumbre estaba programada desde hacía una semana y fue producto de conversaciones y encuentros que, dicen en Casa Rosada, Fernández mantuvo con el jefe de Gabinete bonaerense y jefe del PJ de Lomas de Zamora, alcalde que oficia como un canciller de buena parte de los intendentes del PJ del conurbano. Suspender la reunión hubiese generado más tensión y, según los huéspedes, se abarcó una agenda de gestión y sirvió, además, para tratar de descomprimir.

Unas horas después, Andrés “Cuervo” Larroque lo leyó de otro modo: dijo que el presidente no parecía estar enfocado en tratar de ganar las elecciones.

¿Qué Cristina hablará el 17 de noviembre en La Plata? ¿Una Cristina con el tono y la agenda de la que habló en el plenario de delegados de la UOM, el viernes en Pilar? ¿O una Cristina en línea con el discurso, frontal y de pase de factura, que hizo su hijo el sábado en el Congreso del PJ bonaerense en Mar del Plata?

Una fuente camporista, que habla con la vice, interpretó que su discurso en la UOM fue más de coyuntura mientras que el del 17 de noviembre será más táctico. En paralelo, en el Instituto Patria, se especula que el tono del discurso de la vice dependerá de qué tipo de diálogo y comunicación hay, antes de esa fecha, entre el presidente y Cristina. El anuncio del acto se leyó, de hecho, como un ultimátum de la vice para intimar a Fernández a que convoque, de una vez por todas, una mesa política del FdT.

“Algunos van detrás de la agenda que quiere instalar Máximo pero el clima es otro: Alberto y Sergio están alineados, se está trabajando bien con los gobernadores que no quieren que les lleven internas a las provincias y los intendentes piden recursos”, apunta una fuente del gobierno y hace, todo el tiempo, una distinción entre Cristina y Máximo. Es una distinción ociosa: la vice es la jefa del dispositivo, y la figura de más peso del peronismo, y su hijo es quien, en la práctica, gerencia ese poder.

PI

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