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Máximo Kirchner eligió la casa que hay retirada al fondo del predio de Luz y Fuerza para rodearse de un grupo reducido de allegados y ensayar su discurso de cierre del primer plenario de la rama sindical del PJ bonaerense. Junto a Hugo Yasky, diputado y cabeza de la CTA, y los organizadores del acto –Vanesa Siley, diputada nacional y líder del gremio de judiciales; Walter Correa, secretario general del sindicato de Obreros Curtidores– ultimó detalles y repasó hasta los nombres de los invitados presentes. 

Cuando ya unas cuatro mil personas lo esperaban en el galpón principal, salió cerca de las 15 y pasó diez minutos por el quincho contiguo, donde se congregaron algunos de los principales dirigentes gremiales y figuras del peronismo bonaerense que llegaron a Baradero desde toda la provincia. Entre las sobras de lo que había sido un jugoso asado de tres vaquillonas, el hijo de la vicepresidenta dio un saludo más protocolar que político. 

Luego atravesó la pileta de natación, entró al enorme edificio con techo de chapa por una puerta trasera y subió al escenario. En lo que pareció una jugada preparada, únicamente él mencionó a Alberto Fernández y al ministro Martín Guzmán, mientras los demás oradores que lo acompañaron en el estrado –Yasky, la vicegobernadora Verónica Magario y el titular de la Federación Gráfica, Héctor “Gringo” Amichetti– obviaron por completo al Presidente y solo elogiaron a las dos parejas que ya parecen formar parte del panteón peronista: Perón y Evita, y Néstor y Cristina.

Las imágenes de los cuatro “próceres” del peronismo protagonizaron el telón de fondo que tuvo Kirchner, frente a un auditorio dividido en sectores. En un primer sector VIP con sillas de plástico, se acomodaron, entre otros, intendentes cercanos como Mayra Mendoza de Quilmes –y referente de La Cámpora–, Damián Selci de Hurlingham y Karina Menéndez de Merlo; la senadora Juliana Di Tullio –jefa del flamante bloque cristinista Unidad Ciudadana–, el presidente del PJ porteño, jefe del sindicato de porteros y dueño de Página/12 y otros medios, Víctor Santa María; el titular del Suteba, Roberto Baradel; el hombre fuerte de Merlo, Gustavo Menéndez, y el jefe de asesores de Axel Kicillof, Carlos Bianco –en otro guiño al gobernador, con quien compartió un acto esta semana. No se vieron figuras del albertismo. Detrás, unos 600 delegados de una variopinta cantidad de sindicatos. Y más atrás, el resto del público, de pie y mezclado entre banderas y bombos.

Si bien tuvo amplia convocatoria, a Kirchner le fallaron dos figuras de peso: el camionero Pablo Moyano y Ricardo Pignanelli, líder del Smata y jefe político del anfitrión, el intendente local, Esteban “Tito” Sanzio. Aunque llamó la noche del viernes para disculparse por su ausencia, Pignanelli dio el presente con la bandera más grande que colgaba de las paredes del galpón, justo encima de la puerta principal, con el característico color verde que identifica al gremio automotriz. 

Otra bandera que se colgó fue la de la seccional local del Movimiento Evita, aunque no estuvieron sus principales dirigentes a nivel nacional: Fernando Navarro y Emilio Pérsico encabezarán este domingo un multitudinario acto en la avenida 9 de Julio, donde no participará el jefe de La Cámpora. Entre el sinfín de gremios, los de los organizadores dieron la nota: bien cerca del escenario se ubicaron los judiciales de Siley con banderas argentinas, mientras los que oficiaron de guardias y controlaban los accesos en las vallas vestían chalecos de los curtidores, de Correa.

Discursos para la Rosada

Aunque Kirchner tomó el micrófono cuando ya el sol estaba cayendo, el plenario de la rama sindical del PJ bonaerense –que el canillita Omar Plaini señaló como “histórico”– había comenzado en las primeras horas del sábado en la localidad bañada por el río Paraná y a unos 150km de la Capital Federal. A puertas cerradas, los miembros y delegados gremiales discutieron en comisiones sobre los puntos más urgentes de la coyuntura nacional, señalándole una especie de agenda de trabajo a la Casa Rosada: la relación con el FMI, seguridad, salud e higiene, y salarios y precios, que fue la comisión más concurrida.

Previo a las palabras del presidente del PJ bonaerense, Correa, Siley y Plaini leyeron el documento de síntesis acordado con el propio Kirchner: se apoyó el proyecto de ley para crear un fondo especial para que “la deuda la paguen los que la fugaron” y se reclamaron “medidas concretas de políticas económicas y no políticas sociales”. En el texto también se solicitó al Gobierno “aumentos de sueldos por decretos”, más allá de los que se logren por paritarias.

La interna fue protagonista en los discursos, así como la necesidad de plantear un “enemigo” que justifique la pelea para el 2023. “Peleemos todo y discutamos todo, pero puertas adentro, siempre pensando de que el enemigo no está entre nosotros”, aseguró el jefe comunal, en uno de los pasajes más aplaudidos, con clara alusión a superar la crisis del FdT y apuntar contra Mauricio Macri. “No nos peleemos entre nosotros sino con ese enemigo del poder económico que remarca los precios y vacía la mesa de los argentinos”, dijo Amichetti.

Magario fue quien dio el discurso más encendido, caminando por el escenario con micrófono en mano. “Siento que están un poco lejos los dirigentes. Nos tenemos que acercar un poquito más a nuestros compañeros”, retó en broma a Kirchner y el resto de quienes copaban el estrado. Luego habló de “tiempos complicados” por la inflación e insistió con la idea de que el enemigo es externo al oficialismo: “La obligación moral es que nos pongamos al frente de la lucha contra los enemigos de los trabajadores, vamos por la producción, el trabajo genuino y la recuperación del salario. Vamos unidos porque la unidad es la que va a hacer que ganemos. No nos podemos rendir”, arengó.

El penúltimo en tomar la palabra fue Yasky, que le puso más virulencia a lo que luego diría el jefe del partido. “Queremos la unidad porque sabemos que somos invencibles, pero la unidad no es obsecuencia y no es decir que sí, cuando sabemos que las cosas no están yendo bien y hay cosas que cambiar”, dijo el titular de la CTA, que durante la semana fue quien más tintas cargó contra el Presidente. 

Entonces se paró frente al micrófono Kirchner, con ademanes cuidados, al igual que sus dardos contra Guzmán y mensajes encriptados a Fernández, entre metáforas, datos y estadísticas, y hasta menciones a la guerra en Ucrania. “Las metáforas siempre te permiten criticar con delicadeza. Fue contundente –opinó tras el acto un dirigente bonaerense en off–. Me pareció bien en el sentido de que le reclama a Alberto que, si no hace algo, no pasamos el 2023”. 

Así demostró Kirchner tener músculo sindical en su conducción del PJ bonaerense, en la víspera del 1° de mayo. Autoexcluido desde febrero de la conducción del Frente de Todos en la Cámara de Diputados, el pragmatismo del hijo de la vicepresidenta es un fenómeno en sí mismo en los tiempos revueltos del oficialismo. Luego de encabezar la multitudinaria marcha de La Cámpora el 24 de marzo, parece tener una estrategia propia de acumulación de poder, abarcando desde jóvenes militantes a dirigentes sindicales, fundamentalmente en fechas especiales. Quedará en el aire una pregunta: yendo desde Capital Federal hacia Baradero, ¿habrá leído ese graffiti anónimo que sobre un puente en la ruta 9 aseguraba: “El peronismo no es La Cámpora”?

MC/CC

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