Fin de la novela

Milei desplazó a Adorni tras tres meses de desgaste y designará a Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete

27 de junio de 2026 19:00 h

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El final llegó bastante después de lo que imaginaba buena parte de la política. Apenas regresado de la gira por España, Javier Milei tomó una decisión que durante semanas había resistido y que se terminó de cocinar en su ausencia. Después de más de tres meses de tensiones internas, operaciones de contención y una defensa cerrada encabezada por los hermanos Milei, Manuel Adorni dejó la Jefatura de Gabinete. Su reemplazante será el hasta ahora ministro del Interior, Diego Santilli, que ingresó al Gobierno recién el año pasado pero en poco tiempo logró convertirse en uno de los principales alfiles políticos de Karina Milei.

“El ensañamiento tiene un límite y yo he descubierto el mío. Lo hemos dado todo desde lo estrictamente laboral, pero también desde lo familiar y espiritual. Tal vez simplemente ocurre que a la gente común no le permiten estar en estos lugares”, fue la explicación que dio el ahora exfuncionario en un largo posteo en su cuenta de X.

Casi al unísono, Karina Milei replico el comunicado y le agradeció por su tiempo en el Gobierno: “Gracias por tu incansable trabajo durante todo este tiempo y por defender las ideas de la libertad con una pasión y un compromiso que pocas veces se ven. Sos una persona íntegra, valiosa y muy querida por todos nosotros”.

La jugada pone fin al episodio de mayor desgaste que atravesó el oficialismo desde el comienzo de la gestión libertaria. Lo que comenzó como una controversia alrededor de la declaración patrimonial del entonces jefe de Gabinete terminó convirtiéndose en una crisis que atravesó al gabinete, alteró la agenda parlamentaria durante meses y obligó a la Casa Rosada a desplegar uno de los operativos de contención política más intensos de los que se tenga recuerdo en la Argentina.

El punto de inflexión fue la admisión pública de Adorni de que había mantenido durante años parte de sus ahorros “en negro”. La revelación dio lugar a una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito y abrió un debate interno que nunca terminó de cerrarse. Mientras la oposición convirtió el caso en el eje de su estrategia parlamentaria, dentro del Gobierno comenzaron a convivir dos posiciones. Un sector entendía que el costo político hacía inevitable un reemplazo. Otro, encabezado por Javier y Karina Milei, sostenía que cualquier salida bajo presión sería interpretada como una derrota política.

Fue esta última postura la que terminó imponiéndose durante buena parte de la crisis. El Presidente ratificó públicamente a Adorni cada vez que tuvo oportunidad. Karina Milei asumió la coordinación política del operativo para sostenerlo y articuló, junto con Martín Menem, Patricia Bullrich y el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt, una estrategia destinada a impedir que el Congreso fijara los tiempos de una eventual caída.

El oficialismo consiguió bloquear una sesión especial en Diputados, reconstruyó una mayoría con la oposición dialoguista en el Senado, modificó la interpretación reglamentaria sobre las mayorías necesarias para avanzar con una interpelación y trasladó el conflicto hacia la Comisión de Asuntos Constitucionales. Durante semanas, el mensaje fue siempre el mismo: si Adorni dejaba el Gobierno, sería porque así lo decidía el Presidente y no porque la oposición lograra imponerle un calendario.

Aquella estrategia permitió ganar tiempo, pero no resolver el problema de fondo. La investigación judicial siguió avanzando, el desgaste político comenzó a extenderse al resto del gabinete y las diferencias internas se hicieron cada vez más visibles. El vínculo entre Adorni y Patricia Bullrich terminó completamente deteriorado. La senadora cuestionó públicamente sus explicaciones patrimoniales y protagonizó varios cortocircuitos con el jefe de Gabinete, el más evidente cuando anunció la suspensión de su informe de gestión ante el Senado y el propio funcionario salió minutos después a corregirla mediante un mensaje en X.

Este sábado, apenas conocida la renuncia, Bullrich posteó: “La confianza y la ética son dos elementos fundamentales para profundizar el cambio que el Presidente, la gente y todo el país estamos construyendo”. Un mensaje elíptico pero que deja entrever que, aun renunciado Adorni, el enojo persiste.

En su carta de renuncia, Adorni volvió a ampararse en una supuesta persecusión mediática para explicar los gastos exuberantes durante el tiempo que fue funcionario público.

“Usted sabe todo lo que he sufrido durante todo este tiempo. Los interminables ataques mediáticos que he soportado me han llevado a tener que pedirle que esta vez me acompañe, para poder cerrar este ciclo en pos de protegerme a mí y a mi familia. Las operaciones mediáticas han ido al extremo, no solo contra mí, sino contra mi mujer, mis pequeños hijos, mis amigos, mi familia y hasta mis vecinos y allegados”, dijo.

Con el paso de las semanas también comenzó a modificarse otro aspecto del Gobierno: su esquema de comunicación. La llegada de Adrián Ravier a la vocería presidencial y de Fabián Fernández a la Secretaría de Comunicación y Prensa había empezado a delinear una nueva arquitectura bajo la influencia política del entorno de Santiago Caputo. La salida de Adorni termina de cerrar esa transición.

¿Nueva etapa?

No fue casual que ambas decisiones coincidieran en el tiempo. El viernes, un día antes de oficializarse la salida de Adorni, Ravier realizó su primera aparición pública desde el atril de la Casa Rosada. Sin mencionar directamente a su antecesor, describió con precisión el problema que el Gobierno buscaba dejar atrás.

“En los últimos meses, la comunicación pública se enfocó en cuestiones ajenas a la marcha general del Gobierno”, afirmó el nuevo vocero. A partir de ahora, explicó, su tarea será volver a concentrar el discurso oficial en las reformas económicas, sus resultados y “el impacto que tienen en la vida de los argentinos”. También anunció que las conferencias de prensa volverán a realizarse semanalmente, todos los martes.

La frase fue interpretada dentro del oficialismo como una admisión implícita de que el caso Adorni había terminado condicionando toda la estrategia comunicacional del Gobierno. Durante más de noventa días, prácticamente cada conferencia, anuncio o debate político derivó en preguntas sobre la situación patrimonial del jefe de Gabinete, desplazando del centro de la escena el relato económico que Milei pretendía instalar.

La designación de Diego Santilli no figuraba entre las hipótesis que más circulaban en los pasillos de la Casa Rosada, aunque tampoco sorprendió a quienes siguen de cerca la dinámica interna del Gobierno. Aunque desembarcó recién el año pasado, fue construyendo un vínculo cada vez más estrecho con Karina Milei hasta convertirse en uno de sus principales alfiles políticos. Desde el Ministerio del Interior amplió progresivamente sus funciones mucho más allá del vínculo con los gobernadores y terminó consolidándose como una pieza clave de la estrategia parlamentaria y del armado político que conduce la secretaria general de la Presidencia.

Esa centralidad volvió a quedar en evidencia durante la crisis. Mientras el oficialismo negociaba en Diputados y en el Senado para impedir que prosperaran los pedidos de interpelación y moción de censura, Santilli fue uno de los funcionarios encargados de mantener abiertos los canales con gobernadores y legisladores aliados. Desde el Ministerio del Interior pasaron buena parte de las conversaciones que permitieron reconstruir las mayorías parlamentarias necesarias para sostener a Adorni cuando su continuidad ya comenzaba a ser discutida incluso dentro del oficialismo.

Paradójicamente, el desenlace de Adorni confirma la lógica que el oficialismo defendió desde el comienzo de la crisis. Durante meses rechazó la idea de que el Congreso pudiera decidir el futuro de su jefe de Gabinete y desplegó todos los recursos políticos a su alcance para impedir que una interpelación o una moción de censura precipitaran su salida. Finalmente, el relevo ocurrió cuando el Presidente consideró que el ciclo estaba terminado, aunque en medio de presiones constantes.

El Gobierno consiguió, en ese sentido, imponer sus tiempos. Pero eso no significa que haya logrado evitar el costo político. El blindaje parlamentario sirvió para postergar el desenlace; no para impedir que uno de los funcionarios más importantes de la administración libertaria terminara dejando su cargo.

Ahora comienza otra etapa. Ravier intentará reconstruir el vínculo entre la Casa Rosada y la prensa mientras procura reinstalar la agenda económica. Santilli, en cambio, tendrá otra tarea: ordenar políticamente un gabinete que llega golpeado por la crisis más prolongada de la gestión y preservar los acuerdos parlamentarios que permitieron sostener a Adorni durante sus últimos meses en el cargo. Su llegada también ratifica el proceso de concentración de poder alrededor de Karina Milei, que no solo condujo el operativo para blindar al jefe de Gabinete, sino que ahora consigue ubicar a uno de sus dirigentes de mayor confianza al frente de la coordinación política del Gobierno.

PL