PANDORA PAPERS

Corinna Larsen planeó legar a Juan Carlos I el 30% de los ingresos provenientes de un fondo Hispano-Saudí

Juan Carlos I

El País/La Sexta/ICIJ

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Corinna Larsen, la mujer que mantuvo una relación con el rey emérito de España, Juan Carlos I, planeó en 2007 que los gestores que administraran un fideicomiso denominado Peregrine, desde Nueva Zelanda, entregaran a Juan Carlos I, en caso de que ella muriera, “el 30% de los ingresos provenientes del Fondo de Inversiones Hispano Saudi” que el anterior jefe del Estado había patrocinado y para el que ella había trabajado. Los documentos, sin firmar, en los que se reflejan sus deseos, se crearon el 27 de marzo de 2007, 14 días antes de que se registrara en Guernsey, paraíso fiscal de las Islas del Canal, el fondo hispano saudí impulsado por ambos países. El abogado de Larsen asegura que esos documentos son falsos.

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Los detalles de ese plan forman parte de los Pandora Papers, un trabajo en colaboración con varios medios internacionales, entre ellos EL PAÍS y elDiarioAR, que coordina el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Más de 600 periodistas de 117 países analizaron durante dos años los 11,9 millones de archivos de 14 despachos de abogados especializados en crear sociedades offshore en paraísos fiscales. Este tipo de sociedades, radicadas en países distintos del domicilio fiscal de sus administradores, son legales siempre que el propietario las declare allí donde resida. El problema comienza, a ojos de las autoridades, cuando lo que se busca en estos países es anonimato y nula tributación. En España, EL PAÍS La Sexta analizaron la filtración en busca de personas de interés público que hayan sacado provecho de las jurisdicciones más opacas del mundo. El resultado son más de 700 sociedades vinculadas al país, entre las que destacan decenas de personalidades relevantes.

Un fideicomiso o fondo fiduciario como el citado Peregrine, del que hablaba Larsen, es un instrumento particularmente opaco. Se trata de un contrato en el cual un testador deja encomendado su patrimonio o parte de este a la buena fe de un representante legal (fideicomisario) para que, en según qué supuestos predeterminados, lo transmita a otra persona o lo invierta según las instrucciones recibidas. Los fideicomisos son herramientas habituales entre los productos que ofrecen los bancos y gestores suizos a las grandes fortunas que buscan evadir impuestos, seguridad y confidencialidad.

De la documentación se desprende que Corinna Larsen encargó redactar en 2007 al despacho panameño Alcogal una carta a Bachmann Trust Company (New Zealand) Limited, el gestor encargado de administrar el fideicomiso Peregrine Trust, hasta ahora desconocido, en la que incluyó a Juan Carlos I entre las personas que debían recibir los activos incluidos en este instrumento financiero en el supuesto de su fallecimiento.

Según señala la misiva, que está sin firmar, la consultora alemana expresó su deseo de que tras su muerte los activos del fondo Peregrine Trust se distribuyeran “a partes iguales” entre sus dos hijos: Nastassia Gioia Adkins, y “el príncipe” Alexander zu Sayn-Wittgenstein-Sayn. Entre los beneficiarios, añadió a continuación a “Su Majestad el Rey Juan Carlos I Borbón de Borbón, nacido el 5 de enero de 1938, residente en el Palacio de la Zarzuela de Madrid”. Y detalló qué activos debería recibir. “Deseo que los fideicomisarios consideren distribuir a Su Majestad el Rey Juan Carlos I Borbón de Borbón el 30% de todos los ingresos provenientes únicamente del Fondo de Inversiones Hispano Saudí. Tras la liquidación del Fondo de Inversiones Hispano Saudí, Su Majestad el Rey Juan Carlos I Borbón de Borbón ya no debería ser considerado beneficiario del fideicomiso”.

El documento, fechado en 2007, concluye así: “Es mi intención que este memorando que expresa mis deseos permanezca en vigor hasta que sea cancelado o modificado por mi propio escrito. En caso de mi muerte, quisiera que tuviera en cuenta los deseos de las personas mencionadas anteriormente. El contenido de este documento no debe ser divulgado a terceros y debe considerarse en todo momento como un asunto privado entre nosotros. Atentamente”.

Se desconoce si esta carta es un borrador, ya que entre los archivos del despacho panameño Alcogal figura otro documento casi idéntico, creado minutos después del anterior, en el que el espacio en el que aparece escrito el nombre de Juan Carlos I figura en blanco y en su lugar se menciona a “Mister X”. Se ignora asimismo qué fórmula se llegó a emplear, en el supuesto de que el plan siguiera adelante. Lo que sí expresa este documento es la presunta voluntad de Larsen de que Juan Carlos I recibiera a futuro parte de unos ingresos procedentes del Fondo Hispano-Saudí, ingresos de los que la carta no ofrece detalles.

El nombre de Juan Carlos I aparece también en el artículo 18 de los estatutos del fondo fiduciario Peregrine junto al de los dos hijos de Corinna Larsen. En este apartado dedicado a los derechos y obligaciones de los beneficiarios se refieren a él como “His Majesty King [su majestad el rey] Juan Carlos Borbón de Borbón”. En el último de los 21 folios del documento y bajo la apostilla en inglés “signed and delivered” (firmado y entregado) aparece el nombre de Larsen, que se presenta como “Princess Corinna zu Sayn-Wittgenstein”. Este documento tampoco está rubricado.

¿Qué es este Fondo de Inversiones Hispano-Saudí del que se habla en ese documento y que supuestamente podría haber proporcionado a Larsen ingresos que debían pasar parcialmente a Juan Carlos I tras su muerte? En 2007, la alemana Corinna Larsen había participado activamente en su lanzamiento. Este mecanismo de inversión había sido anunciado en Riad, en abril de 2006, durante una visita oficial de los Reyes a ese país con un grupo de empresarios españoles. Fue gestionado por el fondo británico Cheyne Capital y la empresa suiza Arox Infraestructures. El primero contrató al banco norteamericano Morgan Stanley para que captara inversores entre las empresas y los bancos españoles interesados en participar en un ambicioso y gigantesco plan de obras públicas en Arabia Saudí, cuyo proyecto más emblemático fue el AVE a La Meca.

La iniciativa de crear este fondo fue de Miguel Ángel Moratinos, entonces ministro de Asuntos Exteriores, y del propio Juan Carlos I, según reconocen fuentes cercanas al exministro y al rey emérito. “Necesitábamos mejorar las relaciones de España con Arabia Saudí, nuestras inversiones allí eran muy pequeñas y aquí ya disponíamos de grandes compañías. El Rey dijo: ‘tenemos que hacer algo’. Y decidimos crear un fondo de los dos países que garantizara las inversiones futuras. Era una gran oportunidad en la que los saudíes representarían la parte mayoritaria. Fue una iniciativa conjunta de Exteriores, la Casa Real y el Ministerio de Comercio”, explica un exministro del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que participó en el embrión del proyecto.

El 14 de junio 2007, el entonces rey saudí Abdalá Bin Abdelazziz visitó Madrid por primera vez y Juan Carlos I le impuso el toisón de oro, insignia de una orden de caballería del siglo XV y máxima condecoración que concede la Casa Real española. Durante aquel encuentro se hizo la presentación oficial de este fondo, al que se sumaron en su etapa inicial unas 14 empresas españolas. Al acto acudió Corinna Larsen, que entonces no era conocida públicamente.

El fondo Hispano Saudí tenía previstas inversiones por unos 4.125 millones de euros para desarrollar proyectos conjuntos de infraestructuras, nuevas tecnologías, industria, energía y defensa en Arabia Saudí, Oriente Próximo y el Norte de África. Alrededor de 14 empresas españolas se comprometieron a invertir en el fondo. Arabia Saudí no hizo las aportaciones que se esperaban, por lo que varios años después el fondo se disolvió. “Fallaron los saudíes. Pusieron al frente a un hombre que no cumplió su cometido. Al no alcanzarse la cifra estimada se disolvió”, recuerda un ministro del Gobierno español.

La disolución del fondo llegó en 2010: los gestores cobraron por sus servicios y gastos a las grandes compañías del Ibex 35 que se habían comprometido a entrar en el proyecto, según aseguran dos exdirectivos que participaron en el lanzamiento del vehículo inversor. Un año después de la creación del Fondo Hispano-Saudí, el Ministerio de Finanzas de Arabia Saudí transfirió 100 millones de dólares (65 millones de euros al cambio de entonces) a una cuenta de la fundación panameña Lucum en el banco suizo Mirabaud & Cie cuyo primer beneficiario era Juan Carlos I.

La orden fue dada por el rey Abdalá Bin Abdelazziz y, según el gestor de la cuenta Arturo Fasana, se trató de un regalo o donación. El fiscal suizo Yves Bertossa imputó a Larsen tras la aparición de este dinero por un presunto delito de blanqueo agravado de capitales. Bertossa investiga si este ingreso tiene alguna relación con la construcción del AVE entre Medina y la Meca, obra desarrollada por un consorcio de empresas españolas.

Juan Carlos I está siendo investigado por la Fiscalía del Tribunal Supremo por presunto cobro de comisiones en la construcción del AVE a la Meca e indicios de cohecho, prevaricación, tráfico de influencias y delito fiscal. Javier Sánchez Junco, abogado del rey emérito, declinó responder a las preguntas remitidas por este diario.

Robin Rathmell, abogado de Larsen en Londres, niega la existencia del plan de Larsen y afirma que los documentos son falsos. “Circulan rumores infundados de que Juan Carlos era beneficiario de una estructura relacionada con Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Estos rumores se originaron a partir de documentación falsificada. La evidencia que demuestra que estos documentos fueron fabricados se presentó ante las autoridades suizas en 2019. Esto también se tratará como parte del caso de acoso que mi cliente está siguiendo en Inglaterra contra Juan Carlos”, señala en un comunicado.

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