PJ blue: el otro peronismo que busca un lugar

¿Locos sueltos o una verdadera estructura electoral?

“Era domingo y no tenía nada que hacer. Me fui a divertir un rato”. Miguel Pichetto, el hombre sin emociones, participando del programa de radio de Guillermo Moreno.  

“Fotaza. En la casa de Kicillof”. Fernando Gray, Facundo Moyano y Juan Zabaleta mientras pasean y se hacen selfies en Aubasa, la empresa propiedad del gobierno que conduce Axel Kicillof.

“Los dos enemigos públicos más emblemáticos de Massa”. Julio Zamora y Martín Guzmán, en Tigre.

Con fogonazos de liturgia peronista, un sector del PJ empieza a sacudirse el polvo en medio del caos partidario para intentar un armado que les aporte un lugar a la hora de las decisiones. No quieren llegar a los minutos finales del cierre de listas vacíos de estructura y contenido para esperar que los llamen, o peor aún, tener que ir a tocar el timbre del Instituto Patria.

Por ahora son tribus disgregadas que tienen en común una definición: ser las caras visibles y sonoras del anticamporismo que buscan instalarse en una agenda adversa para el peronismo. Aportan fotos bien pensadas y alguna juntada política más allá de Instagram. Pero logran llamar la atención. Y que suenen los teléfonos.  

“Querían que yo volviera al PJ. Les dije que no voy a volver si siguen Kicillof, Alberto y La Cámpora”, se queja Pichetto. El diputado es la última novedad del “pejota blue” que sorprendió con su presencia en el programa del ex secretario de Comercio y su foto, unos días después, con Gildo Insfrán. El gobernador de Formosa lo llamó para tomar un café en el hotel en el que para cuando viene a Buenos Aires, y un café en épocas de aislamiento político no se le niega a nadie. Pichetto avisa: “En estas condiciones no voy a volver. Al Congreso del partido lo voy a ver por televisión”.

Tiene en el PJ oficial una pata, el salteño Juan Carlos Romero, su aliado, que vacila entre participar o no del encuentro del próximo viernes, en el microestadio de Ferro, donde se reunirán los congresales para aceptarle la licencia que ¿pidió? Alberto Fernández, una suerte de si te he visto no me acuerdo, que le de salida a la fallida experiencia del último gobierno peronista.

Quienes están cerca de Pichetto creen que sus movimientos tienen que ver con un cansancio hacia el modo de no conducción política de Javier Milei. El hartazgo lo encontró la semana pasada haciendo cuentas para conseguir el quórum en la fallida sesión especial que pidió parte de su bloque para tratar una nueva fórmula de movilidad jubilatoria. “Las negras también juegan en el tablero de la política”, le manda mensajes a la Casa Rosada. “Se hinchó las pelotas”, agrega sin sutilezas un dirigente que lo conoce.

También aparece entre las explicaciones cierto apego a sus bases políticas originarias. No sólo marca el paso con algunas fotos aisladas, sino que algunos intendentes refieren que se mueve en encuentros con dirigentes de la provincia de Buenos Aires, sobre todo, del conurbano oeste y sur. Para darle un giro más a sus movimientos, fue a C5N, al programa Duro de Domar. Mágicamente le aparecieron las emociones y el humor, el buen humor. “¿Está prohibido aplaudir acá?”, se río apenas ingresó al estudio y lo cargaron por su frase contra el bloque libertario en medio del debate por la ley ómnibus. “”Dejen de aplaudir, no sean pelotudos“, les había gritado.

Ese programa se convirtió en el lugar de cobijo de dirigentes hiper críticos de Máximo Kirchner, como Guillermo Moreno o Aníbal Fernández. Por supuesto, sobre Pichetto sobrevuelan también otras versiones (“disparatadas”, dirá), que van desde un acuerdo con Mauricio Macri a un sector peronista frente a un desenlace fallido de la gestión presidencial.   

Insfrán comparte la idea de ampliar el peronismo con una mirada más federal, el reclamo que llega sobre todo de las provincias. Pero su preocupación más urgente pasa hoy por ordenar el partido y evitar “que la pudran” los sectores díscolos con sillas en el congreso nacional.

En esa batalla se mueve cómodo Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría, el más movedizo de los críticos. Tiene denunciado a Máximo Kirchner por su desembarco en la presidencia del PJ bonaerense, pero no logra aún un fallo judicial que lo avale. Mientras tanto, hace ruido. Es congresal y promete dar pelea en Ferro. Su foto política más contundente fue con el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, un dirigente del peronismo de centro al que miran todos los sectores frente al vacío. No quedó nadie en pie tras las sucesivas derrotas electorales, tanto a nivel nacional como provincial. Cayó Sergio Uñac, de San Juan. Cayó Juan Manzur, con asteriscos, en Tucumán. Y cayó Jorge Capitanich, de Chaco, los tres ex gobernadores que tenían cierta aspiración personal.

Quienes miran al gobernador de Córdoba con posibilidades expansivas destacan que una vez por semana está en Capital. Se sabe que Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires. A favor: es un exponente del cordobecismo, un espacio político de origen peronista que logró destacarse con gobiernos nacionales con los que se diferenciaron siempre, desde José Manuel de la Sota con los Kirchner, hasta la reciente tirantes de Llaryora con Milei. “Habla, se expone, tira títulos”, lo psicoanalizan los peronistas que miran más allá de Cristina. En contra: recién empieza, lleva solo tres meses de gestión, y gobierna una provincia en la que el Presidente sacó el 74% de los votos.

Llenar el feed político no puede pasar inadvertido y eso lo saben todos en el PJ paralelo. Mate, copita con agua, varios controles remoto, teléfono celular. Escena austera en el municipio de Tigre. Allí recibió Julio Zamora a Martín Guzmán. Los dos son los enemigos más visibles que tiene Sergio Massa. La picardía en la elección de con quién sí o quién no subir una foto también cuenta. En este caso se mezcla la cuestión local y personal. El jefe comunal sigue enfrentando a Massa y Guzmán se defiende de las críticas de su sucesor en Economía. Quienes hablan con el economista cuentan que avisa que se queda en la Argentina y ya hay quienes lo anotan para una candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Tiene domicilio en La Plata. Guzmán arma equipos y habla con gobernadores e intendentes.

El factor Kicillof: sí pero no

El mapa paralelo del PJ se completa con los intendentes del conurbano que desafían abiertamente la conducción de Máximo Kirchner, y no tanto (solo algo), la de Cristina. Pero el problema que ven es que la ex presidenta a la hora de armar delega en su hijo.

En ese pelotón están Jorge Ferraressi, de Avellaneda, abiertamente enfrentado a Máximo, y Mario Secco, de Ensenada, dos ex ultra K. Se recuestan en Axel Kicillof, como armadores políticos de la expansión del gobernador. ¿Lo quieren o sólo buscan una figura para contraponerse al diputado nacional? El problema, refieren, es que es Axel el que tiene que tomar la decisión de liderar. Tampoco es una figura que convoque a los que se fueron. Y eso lo saben dirigentes como Facundo Moyano y Juan Zabaleta, dos que se anotaron para salir en la foto del otro pejota. En la jerga: “No sintetiza”.

Este grupo trabaja bajo el paraguas peronista pero con la idea de saltar la baldosa. Suena lejano, pero en las charlas sin fotos aparecen nombres como el de Horacio Rodríguez Larreta, Martín Lousteau, Emilio Monzó, Facundo Manes, y el propio Pichetto. Construir un centro, ese que dejó vacante Sergio Massa con su alianza con Máximo y Cristina. Juntar todo lo que esté enfrente de Milei.

¿Y Moreno? “Acumula hacia adentro”, lo destaca un dirigente del conurbano. “Revive la mística, eso es bueno”, aporta otro. El ex funcionario entusiasma a la atmósfera tuitera con la idea de replicar a Milei. Pero en saco viejo difícil meter un discurso nuevo.     

MV/MG