Visita misteriosa

Tim Walberg, el referente del ala más dura de Trump que aterrizó en Buenos Aires en medio del silencio oficial

28 de enero de 2026 20:05 h

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El segundo avión tocó pista en Aeroparque como si fuera una continuación del primero: sin anuncio previo, sin nombres, sin demasiadas explicaciones. Venía desde Lima, Perú, y traía a bordo a otra comitiva del Congreso de Estados Unidos. Tras una semana marcada por vuelos militares y agendas reservadas en el sur argentino, la Embajada de ese país se limitó a informar que “una delegación bipartidaria de miembros del Comité de Educación y Fuerza Laboral” se encontraba de visita en la Argentina. Y mencionó un solo nombre: el del legislador republicano Timothy Walberg.

Según el comunicado difundido por la sede diplomática que conduce Peter Lamelas, la agenda incluye “reuniones con funcionarios gubernamentales y otros actores clave, con el objetivo de interiorizarse sobre las políticas argentinas de educación y desarrollo de la fuerza laboral”, y las conversaciones también abordarán “la capacitación en ciberseguridad y los marcos de gobernanza para la inteligencia artificial”.

Del lado argentino, fue el canciller Pablo Quirno quien celebró en X la visita y justificó que no se hagan públicos con anticipación los movimientos de este tipo de delegaciones. “Las autoridades pertinentes han sido informadas”, dijo. Pero la pregunta sigue abierta: por qué Washington desplegó, en cuestión de horas, dos comitivas distintas en el país sin que la Casa Rosada ofreciera mayores precisiones.

Un halcón republicano

Walberg no es un legislador menor. Republicano, conservador de línea dura, pastor evangélico antes de entrar en la política, representa desde hace casi dos décadas al estado de Michigan en el Congreso y es considerado una de las figuras más experimentadas de su delegación. Su presencia en la Argentina, en plena etapa de alineamiento explícito de Javier Milei con Donald Trump y con un vínculo exterior cada vez más ideológico con Washington, funciona también como una señal. No solo por la visita en sí, sino por lo que encarna.

Nacido en 1951, Walberg no llegó a la política desde el mundo corporativo ni desde las universidades de élite. Aunque se define como no confesional, su formación es la de un dirigente religioso: estudió en el Moody Bible Institute y en Taylor University, instituciones emblemáticas del evangelismo conservador norteamericano. Antes de ser congresista fue pastor, y esa matriz atraviesa su discurso público, su visión moral del Estado y su pertenencia a la derecha cristiana que en los últimos años se consolidó como uno de los motores del trumpismo. En el Congreso construyó una identidad clara: defensor del libre mercado, crítico del gasto público, opositor a regulaciones estatales y alineado con la agenda cultural del Partido Republicano más duro.

Su carrera tuvo idas y vueltas: llegó por primera vez a la Cámara en 2007, perdió su banca en 2008 y regresó en 2011. Desde entonces se mantuvo como un representante estable del conservadurismo del Midwest norteamericano, con vínculos sólidos con el electorado rural y religioso. En Michigan es considerado el decano de la delegación republicana, una figura de peso interno aunque no necesariamente mediática. Pero su nombre circuló recientemente en medios internacionales por una declaración extrema: sugirió que Estados Unidos debería arrojar una bomba atómica sobre la Franja de Gaza para terminar el conflicto y sostuvo que Washington “no debe gastar un céntimo” en ayuda humanitaria.

Polémicas

Walberg no es, en ese sentido, un conservador clásico. Su trayectoria está marcada por una combinación de religión militante, negacionismo y posiciones extremas que lo ubican en el ala más dura del trumpismo. En 2017, por ejemplo, rechazó el consenso científico sobre el cambio climático con un argumento teológico: dijo que confiaba en que, si existía un problema real, “Dios puede solucionarlo”.

Su historial incluye además un costado conspirativo: durante años agitó teorías sobre el lugar de nacimiento de Barack Obama y, tras la derrota de Trump en 2020, fue uno de los legisladores republicanos que respaldaron una demanda para impugnar los resultados electorales. En el plano doméstico, votó reiteradamente a favor de derogar el Obamacare —una reforma sanitaria promulgada en 2010 cuyo objetivo principal era hacer los seguros médicos más accesibles— y mantuvo vínculos estrechos con organizaciones antiaborto.

Esa matriz ideológica excede las fronteras estadounidenses. En octubre de 2023, Walberg viajó a Uganda para participar del Desayuno Nacional de Oración, invitado por un legislador local impulsor de una de las leyes más duras contra la homosexualidad en el mundo. Allí instó al país africano a mantenerse firme frente a la presión internacional y despreció las críticas del Banco Mundial, la ONU o incluso del propio gobierno norteamericano de entonces, en nombre de “los valores que Dios creó”.

En política exterior, su retórica se volvió todavía más cruda. Votó contra la asistencia a Ucrania y llegó a plantear que, si se trataba de intervenir, el objetivo debía ser “aniquilar a Rusia” lo más rápido posible. Y en marzo de 2024, criticó la ayuda humanitaria a Gaza y dijo que Estados Unidos no debía gastar “ni un centavo”, sugiriendo que la solución debía ser “como Nagasaki e Hiroshima”. Organizaciones de derechos civiles musulmanas acusaron a Walberg de hacer un llamado abierto al genocidio. Él luego intentó relativizarlo como una metáfora, pero el mensaje ya había quedado dicho.

Con ese frondoso historial, queda claro que Walberg no es un visitante neutro ni un congresista más en gira. Su presencia en Buenos Aires, presentada por la Embajada en términos técnicos, suma una capa política inevitable: el tipo de figuras que empiezan a circular alrededor del gobierno de Milei no solo responden a comités legislativos, sino también a una cosmovisión que el Presidente mira con admiración.

La llegada del republicano ocurre, además, en un momento en que La Libertad Avanza busca profundizar su sintonía con Donald Trump y con el universo político que lo rodea. En ese marco, la visita de un dirigente como Walberg se inscribe en una relación que ya no se limita a la diplomacia tradicional. A fin de cuentas, el silencio alrededor de una comitiva es tan significativo como el perfil del que la encabeza.

PL/MG