Entrevista a Fabián Grillo

“Toda su vida fue un daño constante a la sociedad.”: el padre de Pablo Grillo sobre Patricia Bullrich

Ocho meses después del disparo que casi lo mata, el fotógrafo Pablo Grillo volvió a salir de terapia intensiva. Por tercera vez desde el 12 de marzo, día en que el gendarme Héctor Guerrero le disparó en la cabeza una granada de gas lacrimógeno durante una protesta de jubilados frente al Congreso, el joven fotoperiodista logró un avance en su recuperación. Ahora fue trasladado al Hospital Manuel Rocca, donde trabaja un equipo multidisciplinario que intentará sostener los progresos neurológicos y motrices que viene mostrando.

Grillo, que este domingo cumple 36 años, ya atravesó ocho cirugías. El 7 de octubre, la Justicia procesó a Guerrero y lo embargó por 203 millones de pesos, luego de que la jueza María Servini diera por probado que el cabo disparó de manera horizontal y antirreglamentaria, “a sabiendas de que podía poner en riesgo la integridad física o la vida” de los manifestantes. El fallo también desestimó la principal excusa del gendarme –que no podía ver bien– y documentó otros cinco disparos irregulares efectuados ese mismo día. Aun así, la entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, insistió pocas horas después del ataque con que Guerrero había tirado “al cielo, a 45 grados”.

Para la familia de Grillo, la intervención del Estado no solo fue tardía y peligrosa, sino que además estuvo envuelta en un discurso oficial que buscó minimizar la brutalidad del operativo. Sin llamados de las autoridades, sin apoyo político y ante un escenario de impunidad que consideran estructural, el padre del fotógrafo, Fabián Grillo, se convirtió en uno de los impulsores más visibles del reclamo de justicia. Y también en una voz crítica y frontal contra Bullrich, hoy senadora electa por la Ciudad de Buenos Aires, a quien responsabiliza no solo por lo ocurrido con su hijo sino por “una trayectoria entera de daño”.

Este domingo, los amigos y compañeros de Pablo –en especial un grupo de hinchas de Independiente del que el fotógrafo formaba parte– habían organizado un festival solidario por su cumpleaños en la Estación Darío y Maxi, en Avellaneda, pero por la lluvia fue postergado para el 7 de diciembre. Tocarán bandas, habrá una muraleada, comidas populares y se proyectará un documental. La entrada es un alimento no perecedero que será destinado a comedores y espacios de jubilados del municipio. Para Fabián, ese encuentro es una demostración de la “lucha popular” que, según él, es la que logró que la causa avanzara en estos meses.

Fabián cuenta que Pablo recibió la noticia del traslado al Rocca “de buen ánimo”. Lo ve más conectado: reconoce, conversa, come algunas cosas y mantiene la memoria. “Ya en terapia intermedia lo hacían caminar un poco”, explica. “Lo motriz no parece ser lo más grave. Está charlando bien. Reconoce, tiene memoria, conversa. Hoy estuvo comiendo yogur”. Aun así, por indicación médica, seguirá recibiendo alimentación a través de sonda debido a la alta demanda calórica que requiere el cerebro para recuperarse. La nueva etapa de rehabilitación será intensa: kinesiólogos, fisioterapeutas, psicólogos, psiquiatras, fonoaudiólogos y terapeutas ocupacionales trabajarán a diario para afianzar cada avance. “Es un proceso día a día”, resume Fabián. “A medida que recupere habilidades, le van reforzando lo que falta”.

El festival y la fuerza de la militancia

Sobre el festival por el cumpleaños de Pablo, Fabián cuenta que lo impulsa un grupo de jóvenes de Independiente con quienes su hijo compartía espacios. Esa red, dice, fue y es clave: “Esto es un reflejo más de lo que hace la lucha popular. Mucha gente pregunta para qué sirve un paro, una movilización, un acto. Y sirven para esto: para no quedarse quietos, para luchar en todos los planos”.

Aun con la recuperación en curso, Pablo ya percibe algo de ese afecto colectivo. Se sorprende cuando recibe mensajes de referentes políticos, artistas y figuras del deporte, como la visita de Ricardo Bochini: “Para él fue asombroso. Lo emociona mucho. A veces hace caras como diciendo ‘¿qué carajo pasa?’, pero de a poco se va dando cuenta”.

“Fui a mirarla a los ojos”

El 26 de octubre Fabián fue a buscar a Patricia Bullrich a la puerta de la escuela donde votaba. No había recibido llamados ni explicaciones del Gobierno desde el ataque que sufrió su hijo. “La intención era que por lo menos me mirara. Pero ni eso”, dice. Aclara que no es personal, que no busca un gesto humano o un encuentro, sino algo mucho más concreto: responsabilidad política. Ahí es cuando pronuncia su frase más dura: “Toda su vida fue un daño constante a la sociedad. No hay un solo hecho positivo para la sociedad en la vida política de Bullrich. Es todo daño. Y a la corta o a la larga va a tener que pagar”.

Sobre su llegada al Senado y los fueros, sostiene que forma parte de una estrategia más amplia. “Ellos se sienten muy impunes”, analiza. “No creo que sea solamente por los fueros. Ella está desarrollando una estrategia. Me parece que tiene aspiraciones ejecutivas. Ahora, como generalmente ocurre, entra por la ventana. Pero me parece que tiene aspiraciones ejecutivas. El plan es ese. Además, ella evidentemente está respaldada. Ella tiene algo atrás, que sin dudas es una o dos embajadas ,por lo menos. Evidentemente viene por ahí la cosa. Es una herramienta de ellos. Y si hoy en Milei tenemos un virrey, ella sería una continuidad de eso”.

El avance de la causa

Mientras el expediente avanza con pruebas que comprometen de manera directa al gendarme Guerrero, Fabián no se hace ilusiones rápidas. “Lo lógico es que lo condenen a él y después vaya para arriba, a los mandos operativos y políticos. Pero todos sabemos cómo es la Justicia argentina. Hay que ser cautos. A veces sorprende para bien, pero generalmente para mal”. Lo que él prevé es un intento de dilatar la causa: “Es tan obvio todo lo que pasó que si lo apuran, pierden. Entonces la estrategia siempre es plancharlo, patearlo, dormirlo. Manejan muy bien los tiempos”.

Por eso la familia ya inició presentaciones ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde participaron en una audiencia pública reciente en Miami. “Primero veremos qué pasa acá. Después veremos cómo seguir”, dice.

Fabián no duda cuando se le pregunta de dónde sacan fuerzas. “De Pablo. No hace falta nada más. Su bienestar, su recuperación, y la justicia”. Pero la búsqueda de justicia, aclara, excede a su hijo: “No es solo por él. Es por la sociedad. Porque no puede volver a ocurrir. Si hubiera habido justicia con Rafael Nahuel o con Santiago Maldonado, tal vez no hubiera pasado lo de Pablo”.

Lo que viene es una etapa larga, incierta y desgastante. Pero Fabián insiste en que la paciencia es parte del camino: “Las Madres y las Abuelas tardaron 35 años en juzgar al primer represor. A nosotros no nos queda otra: seguir, seguir, seguir”.

Mientras tanto, Pablo avanza. Camina un poco. Conversa. Se emociona. Y empieza a reconstruir, fragmento a fragmento, lo que la violencia estatal intentó romper. Y a su alrededor -en las salas del hospital, en las visitas, en los festivales, en las calles- la lucha que lo sostiene no se detiene.

CRM