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QUÉ VER

Si querés llorar, “Hamnet” te dará motivos

Jessie Buckley, inolvidable en el rol de Agnes

Moira Soto

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Difícil encontrar a alguien entre el público teatrero y/o cinéfilo que a esta altura no sepa nada acerca de Hamnet, la muy recomendable novela de Maggie O`Farrell, publicada en 2020 y reeditada por estos días, debido al suceso de la trasposición cinematográfica, que localmente permanece en salas. Y más difícil aún resultaría dar con personas de ese numeroso público que no hubieran visto varios de los espectáculos escénicos y/o fílmicos inspirados, directa o indirectamente, en ese superclásico de Shakespeare que también ha incentivado a músicos de diversos géneros, a escritores y a múltiples ensayistas.

Pero la citada escritora, nacida en Irlanda (1972) y criada en Gales y Escocia, no centra su novela ni en la pieza teatral ni tampoco intenta proponer una nueva biografía del genial autor que, en su texto, es un personaje secundario que apenas es nombrado como el maestro de latín, el padre, el marido que se va a Londres a desplegar su vocación alentado por su mujer. En el libro, O’Farrell avisa desde el vamos que lo suyo fue tratar de despegarse del retrato desfavorable impuesto por cantidad de biógrafos hasta el siglo pasado, que presentaron a la esposa de William Shakespeare como añosa, interesada e ignorante, sin que hubiese suficiente documentación, o abiertamente manipulando los escasos datos existentes. Entonces, Maggie decidió hacer justicia a su manera creando un relato alternativo, poniendo de manifiesto, por ejemplo, que Agnes (como la nombra el padre en su testamento) era, en todo caso, un buen partido para la familia Shakespeare, endeudada con los Hathaway.

Por otra parte, la novelista vio una asociación notoria entre el título de la archifamosa tragedia y el nombre de ese hijo de la pareja Hathaway-Shakespeare, Hamnet, que murió a los 11 años de la peste: “Traté de entender por qué este niño nunca era tenido en cuenta por los especialistas. A mí siempre me fascinó la semejanza entre su nombre y el de la pieza, ¿cómo explicar que se lo tomaran solamente como una simple coincidencia?”, comentó en una reciente entrevista para la radio France Culture. Así fue que tomó la decisión de que Hamnet dejara de ser una nota al pie de página, para lo cual se puso de parte de Agnes, reconociéndole ese perfil de poco letrada pero muy inteligente, rebelde a las convenciones, bastante visionaria, en comunión con la naturaleza, conocedora de las hierbas sanadoras. Un toque druida plebeya por sus habilidades y su misticismo. 

Aparte de reivindicar el papel que habría jugado Agnes como persona, esposa, madre, curandera, la tesis de O’Farrell es que, al cabo de cuatro años de su muerte, Hamnet resultó la inspiración de Hamlet. Algo que, desde la verdad literaria, poética queda patentemente demostrado.

Jacobi Jupe (Hamnet) jugando con su padre (Paul Mescal)

Hamlet al por mayor en el cine

 La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca (título original) casualmente no figura en estos momentos en la cartelera teatral local, que tantísimas veces la ha solicitado. En consecuencia, acto seguido va un repaso de algunas de las versiones que ha ofrecido el cine desde aquella, cortita y silente, de 1899: El duelo de Hamlet, con Sarah Bernhardt, espada en mano diestramente manejada, sí, en el papel del ciclotímico noble.

Entre las adaptaciones más solemnemente académicas, inevitable la mención de la producción británica de 1948, encabezada y dirigida por Laurence Olivier, que dura dos horas y media largas, muy premiada. Olivier, para su mayor gloria y rédito, asimismo se hizo cargo del guion y de la producción. Este Hamlet se deja ver con paciencia y buena voluntad. Pero nada que se equipare con la majestuosa realización del ruso Grigori Kozintsev, de 1964, de una grandeza visual que corta el aliento en rutilante blanco y negro, maravillosamente musicalizada por Dmitri Shostakovich. El tan mentado monólogo Ser o no ser está recitado en off, como el pensamiento del príncipe que se pasea cerca del mar embravecido, entre las áridas rocas. Se puede ver en YouTube, restaurada, con subtítulos en español, en francés.

Gamlet (Hamlet),1964, de Grigori Kotzinsev

Entre las lecturas fílmicas más próximas en el tiempo, si bien francamente prescindibles aunque ostentosas, se puede nombrar el Hamlet de Franco Zeffirelli, 1990, ¡con Mel Gibson al frente!; y, un tanto mejor, la adaptación dirigida por Kenneth Branagh. Salvo que tuvo la mala idea de protagonizarla, en 1996.

En 2000, Michael Almereyda trajo a la actualidad el texto de Shakespeare, tomándose algunas lógicas licencias -reduciendo, pero respetando el lenguaje y el sentido originales- en el mundo de los negocios, en Manhattan. Con Ethan Hawke liderando y un elenco curiosamente heterogéneo: Julia Stiles como Ofelia, Kyle MacLachlan en el rol de Claudio, el fantasma a cargo de Sam Shepard, Bill Murray haciendo a Polonio… Y hace unos días nomás, el 6 de febrero pasado, se estrenó en Londres otro Hamlet en el siglo XXI, ambientado en la comunidad sudasiática de la capital inglesa. Con Riz Ahmed –en una interpretación “electrizante”, según la crítica–, bajo la dirección de Aneil Karia: atormentado por el fantasma apremiante que ya sabemos, este príncipe relativamente melanco pasa a la clandestinidad, y en su afán vengativo empieza a cuestionarse su propia conducta dentro de la corrupción familiar.

Hamlet 2026

En cuanto a Shakespeare apasionado (1998), se justifica mentarla porque tiene como figura principal al mismísimo Bardo de Avon, actuado por el irrelevante Joseph Fiennes, en un episodio amoroso imaginario de su vida, bloqueado en la escritura de Romeo y Julieta. En este film, que atrajo a mucho público, se desacredita a la esposa de WS, de la que está “muy separado”, hablando de su “lecho frío”. El ingenioso guion lo firma el dramaturgo Tom Stoppard, que se divierte con el intercambio de identidades de género en una época en que las mujeres tenían vedado el escenario: el personaje de Gwyneth Paltrow se hace pasar por varón para interpretar el Romeo que ella misma ha inspirado, de acuerdo a esta ficción. En la obra siguiente, Noche de reyes, Shakespeare apelará una vez más al travestismo: mujeres que se disfrazan de hombres por alguna conveniencia, que en el período isabelino eran interpretadas por actores varones muy jóvenes.

Agnes, por una actriz digna de ese rol: Jessie Buckley

Cantante y compositora, además de actriz, la muy talentosa Jessie Buckey se identificó de modo casi simbiótico con el personaje de Agnes. No importa que la intérprete tenga unos 10 años más que la Agnes histórica al casarse -a los 26- con Willy -de 18-. O sea que el actor Paul Mescal como el marido escritor tampoco cumple con la edad de su rol, si nos atenemos a los datos de la realidad. Pero en el film, basado fielmente en la novela salvo algunos ajustes, no se alude a esos detalles.

Agnes en el estreno de Hamlet, tributo a su hijo Hamnet

En el arranque, se muestra a una pareja joven que se encuentra, ella le ha dado de comer a un halcón amigo, él estaba enseñando latín a unos niños, hermanos de ella que los vigila. El flechazo: a primera vista, al primer diálogo, al primer roce físico. Agnes denota su condición de vidente cuando le toca la piel entre el pulgar y el índice, y ve “un paisaje, espacios, cuevas, acantilados, túneles, océanos, países por descubrir”. Él pone de manifiesto sus aficiones personales al contarle el mito de Orfeo y Eurídice, esa tragedia de amor y muerte de la mitología griega.

El resto no es silencio, exactamente. Agnes, embarazada, encuentra excusa para casarse con Willy (que trabaja a disgusto en el taller de guantes de su padre, villano de una pieza que lo humilla y golpea, hasta que el joven lo enfrenta y corta toda relación). Agnes tiene a su primera hija, Susannah, a solas, bajo su árbol en una escena breve, pero de tremenda fisicalidad. Al marido se lo ve luchando por escribir entre sus papeles, se diría un mantenido de su mujer que queda de nuevo encinta y da a luz gemelos, Judith y Hamnet (esta secuencia puede resultar algo excesiva, sobre todo para un segundo parto). 

Pasan los años, los chicos crecen, arman juegos teatrales, recitan sonetos, el gemelo y la gemela intercambian ropas. Hamnet practica esgrima con su progenitor antes de que él parta a Londres, animado por Agnes que comprende que su marido está atrapado sin salida para realizar su deseo en Stratford. Ella entretanto trasmite sus saberes sanadores a sus hijas.

A los 11, Judith se contagia de la peste, se agrava, ningún remedio casero surte efecto. En la noche, el niño, que ha prometido a su padre ser valiente y cuidar de la familia, acerca su rostro al de la niña yacente con el fin de engañar a la muerte que la ronda. Ofrece su vida a cambio. Y muere, para desesperación absoluta de su madre. El padre que está en camino, a caballo, no llega. Muy dolida, resentida, Agnes no perdona esa ausencia.

La pena colma la habitación del hijo ausente

Se produce un salto temporal de unos años (cuatro, durante los cuales WS, en la vida real, escribe comedias divertidas). Agnes viaja a Londres con su hermano llevando un volante en la mano que anuncia la presentación de la tragedia de Hamlet. En la primera parte de la representación, ella no entiende nada al ver a su marido hacer el papel del espectro. Indignada, logra llegar hasta el borde del escenario (para el film, se reprodujo, algo achicado y con menos ornamentación, el reconstruido teatro El Globo). Hasta que el discurso del padre de Hamlet le transfunde a Agnes su enorme dolor. Y en la última escena, cuando el joven actor que hace de Hamlet (no casualmente hermano de Jacobi Jupe, el extraordinario chico que interpreta a Hamnet) cae desfalleciente sobre las tablas, Agnes se estira y le toma la mano, lo conforta. Un momento más que emocionante donde se fusionan cine y teatro, se traspasa la cuarta pared y asimismo el corazón de los/as espectadores/as con el poder purificador, catártico que puede brindar el arte.

No en vano la directora Chloé Zhao trabajó tan consustanciada con Maggie O’Farrell el guion. Del mismo modo, se podría pensar que no existe otra actriz capaz de darle vida al indomable personaje de Agnes. Y vistos los resultados finales, tampoco es de imaginar otra cineasta más apropiada para crear las imágenes, los ritmos, la atmósfera del film Hamnet; para dirigir a ese elenco intachable, en especial al citado niño Jacobi Jupe.

Shakespeare frente al telón del Globo, con el bosque que remite a su esposa

Además de los logros de la fotografía, por igual en exteriores verdes o tomando fachadas de época, como en interiores con fuentes naturales de luz, la escenografía diseñada por Fiona Crombie trasporta al público de manera palpable, verosímil a fines del XVII, en un pueblo a ciento y pico de kilómetros de Londres.

Como bien escribiera Austin Tichenor –codirector de Reduced Shakespeare Companý, coautor de comedias, entrenador de escritura en The Shakespearence– este film dramatiza exitosamente la gran verdad de la novela: que el arte de WS tiene el mismo valor curativo que las hierbas y pociones de Agnes.

 MS/MG

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