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QUÉ VER

¿Quién le teme al Godard feroz? Richard Linklater, no

La pareja protagónica del film de Linklater en plena plática lúdica en Nouvelle Vague.

Moira Soto

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Quién hubiera dicho que, 65 años después, un director estadounidense –tejano para más datos– iba a atreverse a filmar en el mismísimo París, con producción francesa, en perfecto blanco y negro, un homenaje distendido y placentero a la obra más emblemática de esa movida revitalizante del cine en general, protagonizada por jóvenes críticos de la revista Cahiers du Cinéma, que dio en llamarse Nouvelle Vague… Bueno, como ustedes ya saben, Richard Linklater lo hizo con el mejor de los éxitos: el que hace coincidir reseñas y público. Y le aplicó ese nombre inconfundible (que ya había usado el mismo Godard para una película de 1990, protagonizada por Alain Delon, una suerte de antología de citas).

 A premios y nominaciones importantes como los Globos de Oro, hay que sumar en estos días las diez candidaturas a los César franceses, que encabeza con la dedicatoria “mejor” al film, al director, a la fotografía, al guion original, al sonido, al montaje… Localmente, la distribuidora Zeta Films tuvo el excelente tino de presentar primeramente Nouvelle Vague (que continúa en Cinépolis Recoleta, Arteplex y Cacodelphia), ficción sobre el rodaje del primer largo de Jean-Luc Godard, y luego el reestreno en impecable copia de la obra original, Sin aliento (ahora en el Lorca y Cacodelphia). Porque ciertamente después de disfrutar de Nouvelle…, cualquier persona que guste del cine y quiera saber más de la obra de Jean-Luc Godard, deseará ir por más, por la propia película À bout de souffle, hecha en 1959 y estrenada con gran estrépito en 1960.

Jean Seberg y Jean Paul Belmondo en la versión original de Sin aliento

Aquí cabe recordar que ya François Truffaut y Claude Chabrol habían estrenado con muy buena repercusión (Los 400 golpes; El bello Sergio y Los primos), pero la rupturista Sin aliento quedó instalada como ícono supremo. Sin embargo, hubo una precursora, aunque muy estimada por films posteriores, no siempre recordada como tal, llamada Agnès Varda, fotógrafa destacada que a los 26, en 1955, se despachó con el largo La Pointe-Courte. Escasa de fondos y con un equipo reducido rodó en Sète, un pueblo pesquero que conocía bien, inspirándose en la escritura de Palmeras Salvajes, de Faulkner para contar el desamor de una pareja (la zona ficcional). Y, paralelamente, la vida de los habitantes reales del lugar aferrados a viejas costumbres en su trabajo, con enfoque cuasi documental, sin dejar de lado la experimentación. Que se pondría plenamente de manifiesto en esa joya titulada Cleo de 5 a 7 (1961).

Richard Linklater

Vale decir, también, que no es esta la primera vez que Godard aparece en una cinta que ficcionaliza parte de su vida: en Le redoutable (2017), basada sobre el libro autobiográfico de Anne Wiazemsky (segunda pareja famosa del cineasta, después de la más que bella Anna Karina), aparece como personaje el autor de Sin Aliento en la etapa 1967-1979 (donde AK participa como actriz de obras mayores de su entonces marido: Vivir su vida, Pierrot le fou, Una mujer es una mujer, Alphaville, Bande à part…). El realizador Michel Hazanavicius pastichea un poco el estilo Godard en varios capítulos, entre la ironía y la simpatía.

Seberg y Belmondo callejeando por París

Antes de JLG, después de JLG

El inclasificable director independiente Richard Linklater nacía el año que se presentaba Sin aliento. Con el tiempo haría películas de más y de menos culto, la saga Before (del amanecer, del atardecer, de medianoche), Boyhood, la más reciente Blue Moon. Pero la idea loca de hacer esta película, como dice él mismo en una entrevista de la televisión francesa, la tenía desde hace años. “Recuperar la estética, el sonido, un equipo trabajando en una especie de reacción contra todo lo que estaba establecido que no se debía hacer, casi obsesivamente, sistemáticamente: ¿no se hace un primer plano con un gran angular? Pues vamos a hacerlo. ¿No se hace un travelling cámara en mano? Pues allá vamos. En esos años se podía salir con un equipo a la calle, cosa que ahora es casi imposible. Pero yo quería dar la sensación de que era fácil para nosotros. Todo el film es un truco. Hay un arte de la imperfección y uno de la provocación, que es muy fuerte en Godard”. 

Godard (Guillaume Marbeck), cigarrillos, mujeres y cine en Nouvelle Vague

Para Linklater fue un sueño cumplido ciento por ciento conseguir la financiación, ir a París y concretar sus más caros deseos. “Yo no quería que el elenco pensara que se estaba rehaciendo una obra maestra. Solo quería volver a esa época, recrear la atmósfera de un momento preciso, que se pudiera ver el proceso de rodaje importando relativamente lo que se contaba. Nouvelle Vague es una comedia que no se toma en serio a sí misma. Porque existe ese riesgo cuando un film se refiere a un tema importante, muy representativo. Y no quería alejarme del humor de Godard que siempre me pareció un tipo divertido, para nada solemne”.

RL tuvo claro que para la pareja protagónica no hacía falta llamar a actores famosos: “Cuando ves en una película a alguien muy conocido haciendo el papel que antes interpretó alguien célebre, es inevitable la comparación. Y opté por darles mucha libertad a Zoey Deutch, a Guillaume Marbeck, a Aubrey Dullin, quería que aflorase cada personalidad, una dinámica interior entre ellos. Y creo que aportaron credibilidad y así logramos que el espectador pueda viajar con nosotros a 1959, creyéndose que está ahí, despreocupado de comprobar si todo está bien. Hacia el final de la filmación advertí que me había olvidado de chequear si se parecían realmente a los originales Jean Seberg, Jean-Paul Belmondo”.

Patricia (Seberg) fumándose un pucho

Sin aliento fue lo primero que vio de Godard Linklater, a los 20, cuando ya comenzaba a interesarse por el cine. Y repitió varias veces. Ni siquiera piensa que sea la mejor de su amplia obra. “En una oportunidad programé para la Film Society 17 cintas suyas, año 1988. Las amo a todas, pero si me preguntan que quiero ver en este exacto momento, diría Masculino Femenino, con Jean-Pierre Léaud. Amo el cerebro cinematográfico de Jean-Luc Godard, la forma en que trabaja su espíritu”.

Empero, RL reconoce que no se identifica con su personalidad, que se siente más cercano a Truffaut o a Rohmer, “a quienes encuentro más humanos. En Godard no noto esa cualidad, sus personajes no tienen familia, ni pasado. Existen en ese momento, son como un concepto, o, más bien, los portavoces de sus ideas. En tanto que yo tiendo a ir al retrato psicológico más completo, en el estilo Truffaut”.

La precursora Agnes Varda junto a Jacques Demy en NV

Un realizador, una cámara, celuloide, un productor, una ingenua, alguna estrella, dinero, enumera Linklater emulando palabras de Godard. Y acepta que para encarar Nouvelle Vague tuvo la suerte contar con mucha documentación: memorias de gente vinculada, entrevistas, crónicas, los comentarios de Jean Seberg que venía de Hollywood, descubierta por Otto Preminger, pero sin haberse podido lucir -por total inexperiencia- en su primer film, directamente como protagonista, Santa Juana. Luego, encabezando Bonjour, tristesse. Y se encuentra con un director que filma sin sonido, que le entrega los diálogos a último momento, que no pide maquillaje, que le habla sin mirarla a los ojos. “Ni se imaginaba que estaba participando de un film revolucionario”, sonríe RL. “Un film que advertí que tenía que ver más de dos veces por su carácter innovador. En la primera oportunidad que uno ve, siendo muy joven, un Picasso, se dice: ¿y esto qué es?, ¿dónde esta el secreto? Y si hay verdadero interés, con el tiempo, empezás a descubrir más y más. Algo parecido sucede con el aprecio a la música contemporánea que, de entrada, puede resultar chocante. Para Sin aliento, como ocurre con otras creaciones realmente revolucionarias, el tiempo no pasa, no envejece nunca. A cada espectador, oyente, lector le toca encontrar su camino de comprensión, de apreciación. En su momento, aconteció con Godard, hoy devenido un clásico, una parte insoslayable de la historia del cine que siempre ofrece algo nuevo, que nunca dejará de ser moderno”.

MS/MG

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