Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Cine y series

“Una batalla tras otra”, “The Pitt” y “Adolescencia” brillan en los Globos de Oro

Paul Thomas Anderson recoge uno de sus Globos de Oro

Javier Zurro

12 de enero de 2026 07:21 h

0

Parece que el momento de Paul Thomas Anderson finalmente llegó. Al menos en los premios. Nadie duda que el director de obras maestras como Magnolia o El hilo invisible es uno de los cineastas más importantes del cine reciente, y sin embargo hasta ahora los galardones se le habían resistido. Quizás porque hacía un cine más autoral que lo que se suele premiar, quizás porque nunca había encontrado ese momentum que le colocara como el gran favorito. Ese momento llegó con Una batalla tras otra, otro peliculón para su filmografía que, ahora sí, le coloca como el favorito a todo, sobre todo después de arrasar en unos Globos de Oro en donde la española Sirat, el filme de Oliver Laxe, se quedó con las manos vacías a pesar de sus dos nominaciones.

La película de Paul Thomas Anderson arrasó con cuatro Globos. Entre ellos los tres más importante: Película de comedia o musical, dirección y guion. Que Una batalla tras otra iba a arrasar se supo pronto. Teyana Taylor ganó el primer premio de la noche, el de mejor actriz de reparto, y lo hizo en el mejor momento posible, cuando los últimos galardones la habían dejado atrás y colocado a Amy Madigan como la gran favorita por Weapons. Taylor, maravillosa como la activista Perfidia, abrió la gala con un discurso potentísimo en el que se lo dedicó a sus “hermanas y a las niñas morenas que nos observan esta noche, nuestra ternura no es una desventaja”. “Nuestra profundidad no es excesiva. Nuestra luz no necesita permiso para brillar. Pertenecemos a cada espacio que entremos. Nuestras voces importan y nuestros sueños merecen espacio”, añadió.

Si esta era la primera señal, la segunda y casi definitiva, aunque solo se llevara poco más de una hora de gala, fue cuando Paul Thomas Anderson ganó el premio al mejor guion por encima de Jafar Panahi o Joaquim Trier, a priori favoritos. Lo hizo por su adaptación libérrima del Vineland de Thomas Pynchon, del que se ha quedado la esencia para volar a su propio terreno en la que es, desde ya, una película marcada a perdurar y la favoritísima para los Oscar. El cineasta se acordó de Nina Simone, cuyas palabras fueron una inspiración para esta película: “¿Qué es la libertad? No tener miedo”.

Teyana Taylor recoge el premio a Mejor actriz de reparto por 'Una batalla tras otra'

Es el reconocimiento a uno de los mejores directores de las últimas décadas. Un realizador único, personal, y que ha demostrado este año que se pueden hacer películas de estudio ambiciosas, diferentes y arriesgadas en un momento donde la originalidad escasea y los estudios apuestan por las franquicias. Donde las películas apenas duran unos días en las salas. Eso sí, ni rastro de todo esto cuando subió a recoger los premios. No hubo ni un discurso comprometido, sobre todo teniendo en cuenta que su película habla sobre el activismo y la lucha contra el poder. El premio para Una batalla tras otra es también una declaración de intenciones, ya que es una apuesta de Warner Brothers por el cine original y en salas en un momento en el que parece que el estudo será comprado por Netflix. Pero tampoco hablaron de ello.

En la categoría de drama el triunfo fue para Hamnet, la adaptación del libro de Maggie O'Farrell que ha dirigido Chloe Zhao y que ha adaptado junto a la propia autora. La historia de la mujer de William Shakespeare y el duelo ante la pérdida de un hijo y la ausencia del escritor en ese momento, en el que, en esta ficción, escribe su obra maestra, Hamlet, como proceso para sanar esa herida. Una película producida por Steven Spielberg, que recogió el premio final de la noche. No fue el único para Hamnet, ya que Jessie Buckley hizo buenas las apuestas. Era la favorita para ganar en la categoría de actriz dramática, y ganó el galardón por su conmovedora interpretación. Es la favorita a un Oscar que ya roza con las manos y donde solo la sorpresa de Rose Byrne, que ganó el Globo en la categoría de comedia por Si pudiera te daría una patada, podría aguarle la fiesta.

El triunfo de Brasil

Sirat no pudo materializar ninguno de sus dos globos de oro, el primero, el de banda sonora lo perdió frente a Los pecadores, y lo hizo sin que se viera en directo. La CBS decidió no emitirlo en la ceremonia sino en un bloque pulblicitario, una falta de respeto absoluta a los nominados y al galardón. Eso sí, el recién creado premio al mejor podcast sí se emitió en la gala. Lo de sacar premios del directo se convierte este año en una práctica habitual preocupante. Solo hay que recordar que en los recientes Critic Choice el cineasta Kleber Mendonça Filho recogió el premio de película extranjera para El agente secreto… en la alfombra roja en un momento sonrojante. 

El otro Globo de Oro al que optaba, el de película de habla no inglesa, lo perdió frente a, precisamente, El agente secreto, que venció a las dos favoritas, Un simple accidente y Valor sentimental. El director brasileño dejó una de las pocas menciones a la actualidad cuando subrayó el “importante momento en la historia actual para hacer películas en EEUU y en todo el mundo”. No fue el único premio para el filme brasileño, ya que el actor Wagner Moura, conocido por su papel en Narcos, se llevó merecidamente el premio al Mejor actor de drama.

El actor Wagner Moura con su Globo de Oro al Mejor actor en una película de drama por 'El agente secreto'

Ya ganó en Cannes, y repite ahora en los premios de la prensa extranjera. “Esta película trata sobre la memoria, sobre la ausencia de memoria y sobre el trauma generacional. Creo que el trauma puede pasar de generación en generación, pero creo que los valores también”, dijo Moura que terminó su discurso en brasileño dedicándoselo a su país y a la cultura brasileña.  Fueron los dos únicos premios para las películas de habla no inglesa, que llegaron haciendo historia por su amplia presencia, pero que finalmente acabaron como meras comparsas de las producciones hollywoodienses a las que la prensa extranjera se ha vuelto a rendir.

El que va lanzado a su primer Oscar es Timothee Chalamet. No se puede decir que no lleve tiempo intentándolo, y esta vez parece que no se le va a escapar. Venció en una de las categorías más competidas, la de Mejor actor de comedia, por su excelente trabajo en Marty Supreme, una mirada perversa y febril al falso sueño americano a través de un jugador de ping-pong que demuestra que es una de las grandes estrellas del momento, pero también uno de los actores más prometedores. 

No fue una buena noche para Los pecadores, que a pesar de su triunfo en los Critic Choice unas noches antes tuvo que conformarse con dos premios menores, el de Banda sonora y el del logro en la taquilla, un galardón absurdo inventado por los Globos hace unos años y que suena a premio de consolación para el filme de Ryan Coogler. También se llevó solo un premio Valor sentimental, el drama del noruego Joachim Trier que llegó como la segunda película con más nominaciones y solo logró el de mejor actor de reparto para Stellan Skarsgard, que emocionado pidió que la gente viera “el cine en los cines”. Peor todavía le fue al iraní Jafar Panahi, que llega a la recta final de cara a las nominaciones de los Oscar desfondado. Un simple accidente optaba a casi todo y se fue de vacío, igual que el Frankenstein de Guillermo del Toro.

Timothée Chalamet posa con su Globo de Oro por 'Marty Supreme'

Todo en una gala que parecía que ocurría de espaldas a su tiempo. Mientras en las calles la gente se manifestaba contra el ICE y el asesinato de Renee Good, los Globos de Oro no alzaron la voz contra nada. Ni contra Trump, ni contra una industria que puede verse sacudida por la compra de Warner Bros por parte de Netflix. Solo Judd Apatow se atrevió al entregar el premio al Mejor director a decir que “vive en una dictadura” en EEUU, y algún ganador como Jean Smart que llevaba una chapa en honor a Renee Good.

Tampoco hubo chistes políticos en el monólogo inicial de la presentadora, una divertida Nikkie Glaser que sí tuvo pullas para la lista Epstein y para el año convulso de Warner Bros, pero que prefirió bromear sobre las estrellas y dirigir sus dardos hacia ellos. Una pena que una gala como esta haya perdido el colmillo político precisamente en el momento en el que más debería haberlo sacado. Quizás lo estén guardando para los Oscar, pero lo que parece es que el miedo se ha instaurado en la industria y se prefiere celebrar a poder incomodar.

Etiquetas
stats