Vida y obra de Rubí, el catalán que vende optimismo en la campaña del Frente de Todos

Gutiérrez Rubí, el catalán que busca "encuadrar" a toda la cúpula del Frente de Todos.

Cuando casi nada quedó en pie, Antoni Gutiérrez Rubí estaba ahí. Después del cataclismo que desató la derrota electoral en el Frente de Todos, llegó el cambio obligado. Aparecieron los que no tienen nada que perder, los audaces que apuestan a ganar en la crisis y los que se salvaron del desastre gracias a su perfil bajo. Seguro de estar entre los últimos de la lista, el asesor catalán que había adiestrado a la Cristina Fernández de Unidad Ciudadana y venía trabajando para el Sergio Massa que soñó una Nueva Mayoría quedó a disposición de una estrategia de campaña que había quedado acéfala. Voluntarista y fuera de tiempo, el eslogan de “La vida que queremos” fue ignorado en masa en las PASO del 12 de septiembre y el Presidente eligió a un extranjero para juntar los pedazos del movimiento nacional. 

Gutiérrez Rubí logró no pocas hazañas en medio de esa unidad que parece muchas veces atada con alfileres. Primero que nada, pasar del mundo privado -una de sus primeras incursiones en Buenos Aires fue auspiciada por la Fundación Telefónica- a la política. En segundo lugar, sortear la desconfianza que Alberto Fernández siente ahora de todo lo que provenga de Sergio Massa, su socio impredecible de tantos años. Tercero y quizás más importante: cruzar el filtro de una vicepresidenta que, después de forzar el cambio de gabinete, se alejó de los primeros planos y se desentendió de la campaña. 

Con clientes entre empresas y políticos dentro y fuera de la Argentina, Rubí habla muy poco con periodistas y, cuando habla, prefiere hacerlo en torno a consignas y no a personajes. “No soy fuente”, repite como un mantra y eso -que no le garantiza el éxito- le facilita el trabajo con los políticos del oficialismo. A su alrededor afirman que, tras la crisis que provocó el resultado de las primarias, el catalán tuvo de entrada cuatro encuentros con el Presidente y cuatro con su vice. Después, participó de dos reuniones con los ministros del gabinete en Casa Rosada y hasta hizo el esfuerzo de encontrarse con Axel Kicillof. A eso le suma su relación estrecha con Massa y su conocimiento de los dos socios principales del ex intendente de Tigre, Máximo Kirchner y Eduardo De Pedro. Con ellos, y con el ahora jefe de gabinete de Massa en Diputados, Raúl Pérez, Rubí trabajó hace dos años el cierre de listas camino a la unidad entre massismo y kirchnerismo. 

Estacionado de forma casi permanente en el local CC de Chacarita, donde el Frente de Todos se congrega para los actos electorales, Rubí está on line con la plana mayor del Gobierno y trabaja para contagiar el optimismo en una dirigencia que viene de perder feo, está debilitada y no alcanza a ver el horizonte de salida. 

La tesis que escucha el Presidente en privado tuvo su traducción pública en la última columna que publicó Rubí en “La Vanguardia”. “El pesimismo es contagioso. El optimismo, también (...)  El psicólogo Daniel Goleman destaca que el optimismo es una actitud motora que impide caer en la apatía, desesperación o depresión. Los estados de ánimo son hoy los auténticos estados de opinión; somos, paradójicamente, cada vez más estomacales y menos cerebrales. (...) La actitud positiva es una manera de vivir y de afrontar el presente y nuestra vida cotidiana, que aplica (también) en política. Los tristes no ganan elecciones; ni lideran, ni seducen, ni convencen. Sin emociones positivas no hay proyectos, ni comunidad, ni esperanza, ni posibilidad de imaginar un futuro mejor que el presente. Al contrario, pasamos a vivir en un estado permanente de nostalgia por el pasado, ese pasado con el que sueña la antipolítica”, escribió. Pero sacar a Alberto Fernández y al kirchnerismo todo de la nostalgia es una empresa mayúscula. Según el catalán, la política debe responder a ese clima negativo con las herramientas adecuadas y, precisamente, con una pedagogía de lo positivo y una respuesta pragmática. ¿El Frente de Todos puede hacerlo?

Asesor en comunicación, consultor político y autor de 15 libros sobre comunicación política, transformación digital y tecnopolítica, Rubí se guió por esa tesis e impuso la consigna del “Sí” en la campaña de la coalición oficialista. En el mercado de la consultoría, sostienen que la campaña es una copia del “Ahora Sí” que Pedro Sánchez ensayó en 2019 en España. En Argentina, sin embargo, el antecedente inmediato es el “Sí se puede” de Mauricio Macri. Pese al sabor amargo de los barcos y los indios que eclipsó la última visita de Sánchez, Alberto Fernández se sigue mirando en el espejo del PSOE y le gusta compararse con esa experiencia. Así como contrató a Rubí para dar vuelta el resultado, le pidió a Gabriela Cerrutti que inaugure un modo de comunicación que se asemeje al español.  

La campaña del Sí forma parte del encuadre general que el catalán se esfuerza en imponer para ordenar a un frente heterogéneo, con trayectorias y propósitos contradictorios. Es una de las innovaciones que pueden leerse en su blog personal y que logró imponer junto con la de las microapariciones del Presidente que teatralizan el modo escucha en el conurbano bonaerense. Aunque Rubí guarda silencio, en la Casa Rosada le asignan la iniciativa que el ahora canciller Santiago Cafiero también se atribuye en privado. 

Que tenga modos reservados y su estilo hermético contraste de manera elocuente con el de Jaime Durán Barba no impide que el catalán también haya ganado detractores con su irrupción como jefe de la estrategia publicitaria del FDT. El desplazado Juan Courel no fue el único perjudicado por su consagración. También Enrique “Pepe” Albistur despotrica en las charlas con la dirigencia oficialista por una campaña que, según dice, parece un plebiscito, justamente lo que Fernández suponía que podían ser para él las PASO y salió muy mal. El esposo de Victoria Tolosa Paz es amigo del Presidente y no dirá en público lo que le escuchan en reuniones privadas: que Rubí borró a los candidatos de la campaña e impuso una estrategia que no sintoniza con la esencia del peronismo. 

Obsesivo del rechazo a lo viejo y siempre en busca de lo nuevo que no termina de nacer, Rubí tiene una serie de características que lo distinguen de Durán Barba. El catalán discrepa con el ecuatoriano en cuanto al rol del asesor y estratega. Jamás difundiría sus opiniones en público, con frases bomba que superan, opacan o contradicen las definiciones del político, como se cansó de hacer el inventor del macrismo.

Aferrado al manual del profesional, Rubí no cuenta “jamás” sobre el trabajo con sus clientes y mantiene la distancia en el trato personal con los candidatos. Como contracara, no se deja fagocitar por un candidato. “Autonomía”, “sin complicidad afectiva”, dice, para no terminar confundido entre seguidores, empleados y militantes. 

Pese a todo, la campaña contra reloj para dar vuelta la elección incluye algunos riesgos para el autor de “Gestionar las emociones políticas”. Es la primera vez que el asesor se involucra en la estrategia de una fuerza que está en el gobierno en Argentina y en un contexto que no es el mejor. Con un cuadro de brecha cambiaria que supera el 90% e impacta sobre los precios, una inflación interanual que está arriba del 52%, un derrumbe del poder adquisitivo que no se revierte y casi 19 millones de personas bajo la línea de pobreza, la polarización y el choque endogámico entre la dirigencia -Rubí lo sabe- no pueden favorecer al que está gobernando. Pese al encuadre que compró el Presidente, Rubí no pudo impedir que la comandancia del FDT entre una y otra vez en la confrontación con el macrismo. 

De todas maneras, el catalán que se hizo cargo de la brasa caliente de la campaña sigue apostando a que las generales representen para el Gobierno un momento de reconexión con sus votantes. Si las PASO fueron para él la traducción en las urnas del quiebre de una parte del electorado con los Fernández -producto de la decepción, el desengaño, el cansancio y la paciencia consumida-, el 14 de noviembre podría ser la posibilidad de cobrar el intento intermitente que viene haciendo el Gobierno por demostrar que entendió el significado del mazazo electoral. Por eso, Rubí sostiene que interpretar el oleaje social y las corrientes de fondo es fundamental antes de pensar una campaña. Queda poco para saber si sus consejos sirvieron para leer el sentido de esas aguas o si no sirvieron para evitar el naufragio. 

DG

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