El derecho a la vivienda, nuestro Black Mirror

0

En el capítulo 1 de la temporada 3 (Caída en picada - Nosedive) de la ya no tan distópica serie “Black Mirror”, se desarrolla la historia de una mujer joven y soltera que en sólo una semana se le vence el contrato de alquiler y debe encontrar otra casa. 

Para poder alquilar la casa que reúne sus aspiraciones debe cumplir algunos requisitos. En la reunión con la agente de bienes raíces le informan que el alquiler es por un plazo de 6 meses, aumentos semanales y de forma excluyente debe tener una puntuación, un “scoring social” de 4,5. 

El sistema de puntuación que se vive en esta sociedad se construye a través de los vínculos. Todos califican a todos desde sus celulares y con unos implantes oculares pueden ver reflejadas sobre las personas su puntuación. Estas puntuaciones se construyen por las publicaciones de la vida social en redes, por el trato cotidiano, etc. Este sistema de puntaje es fundamental para poder acceder a diferentes servicios - alquiler de autos, de casas, e inclusive a trabajos -. Por supuesto los puntajes son clasistas, quiere decir que tiene más valor un puntaje dado por los más populares que por aquellos que tienen pocos seguidores o puntajes “marginales”. El sistema de clases sociales se divide por los puntos que cada uno tiene.

El clima de sospecha, miedo y presión que se vive en esta sociedad es insoportable. Una especie de todos contra todos en la carrera por no quedar afuera, en los márgenes de un capitalismo cada vez más inhumano. 

En este contexto es que la protagonista deberá hacer lo imposible para llegar a la exclusiva puntuación de 4,5 y conseguir el alquiler de la vivienda. No será fácil, deberá extremar su “simpatía” pero por sobre todas las cosas lograr que algunos seguidores populares le den puntajes altos. Una vieja amiga de la infancia, que goza de una altísima popularidad, se comunica con ella luego de años sin hablarse y le propone que sea la “dama de honor” de su exclusivo y popular casamiento. Allí asistirán los puntajes más altos de una sociedad que se ha convertido en algo que recuerda mucho al retrato que Fritz Lang hizo en M el Vampiro de los años anteriores a la llegada el nazismo. La persecución acecha sobre todos y entre todos, pero ahora, noventa años después, detrás del consumo. Todo lo que se imagina puede ser real, y por eso el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a través del Instituto de la Vivienda y junto al Colegio de Corredores Inmobiliarios ha puesto en marcha el sistema de “Scoring” para inquilinos. 

La distopía ya llegó

Mateo 19, 23-30: 

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, 

que un rico entre en el reino de los cielos.“

La política de vivienda de la ciudad de Buenos Aires está frente a nuestros ojos cuando caminamos. Torres y más torres en construcción, edificios nuevos con ventanas a oscuras, alquileres impagables, cajeros de bancos repletos de colchones donde duermen los olvidados, cada vez más gente habitando villas, etc, pero poco se dice de las causas. El blindaje mediático, los negocios a diestra y siniestra logran ocultar del debate público la infame desigualdad que reina en una de las ciudades más ricas del mundo. Aquí no hay ningún tipo de regulación ni política de acceso a la vivienda salvo para las constructoras y los amigotes del poder que se van quedando con la ciudad. 

Aquí no hay ningún tipo de regulación ni política de acceso a la vivienda salvo para las constructoras y los amigotes del poder que se van quedando con la ciudad.

El ministerio que tiene a cargo la política de vivienda de la Ciudad es el que conduce “la popular” ministra María Migliore, y el Instituto de la Vivienda el encargado de ejecutarlas. Gabriel Mraida es el presidente del IVC. De trayectoria evangelista llega al Instituto de la mano de Patricia Bulrich luego de ocupar el cargo de director nacional de prevención del delito y la violencia en el Ministerio de Seguridad. Desde su llegada los lazos con la corporación inmobiliaria porteña son cotidianos y los pasillos relatan reuniones en el IVC a diario para planificar políticas de alquiler de vivienda. 

El IVC, por ley 5859 -17 (impulsada por la organización Inquilinos Agrupados) tiene la obligación de controlar y hacer cumplir todas las leyes porteñas que impliquen derechos en el acceso a la vivienda. Sin embargo, el rol que ha tomado la política del difusor del evangelio, asesor en seguridad de Bulrich y ahora “experto” en política de vivienda, es hacer la vista gorda, ensanchar el ojo de la aguja para que así cualquiera (con gruesas billeteras) pueda entrar al reino de los cielos. 

Al sistema de “scoring inquilino” que pronto lanzarán el Gobierno porteño, el IVC y el Colegio de Corredores, no lo denominan “puntaje”, sino “scoring”. 

Asumidas las políticas de vivienda de los organismos de crédito internacionales (BID, BM, FMI) desde los '90 ha cambiado el enfoque y se ha llevado adelante la desregulación total del mercado inmobiliario mientras el Estado sólo se dedica a dar marginales créditos hipotecarios, y focalizar en políticas paliativas sobre los sectores más empobrecidos (subsidios, hogares de tránsito, magras urbanizaciones, etc). Se puede discutir y estudiar la pobreza, pero bajo ningún punto de vista la riqueza. En ese sentido el sistema de scoring pretende llevar adelante una perversa evaluación de inquilinos e inquilinas para determinar quién se “merece” y quién no la intervención del Estado a la hora de acceder a la vivienda en alquiler. Seguros de caución, intermediación del Estado entre propietarios e inquilinos, algún crédito para ingresar a la vivienda, etc.

El boomerang

“Basta que los recién llegados tengan que temer a la vida un poco más que a la muerte, 

y el torrente de violencia rompe todas las barreras“.

Sartre. Prólogo a “Los condenados de la tierra”. F. Fanon. 1961

Lacie, la inquilina protagonista de nuestro citado capítulo de Black Mirror verá insoportable e imposible cumplir con la puntuación necesaria para alquilar la vivienda. 

Es entonces que durante el casamiento de su amiga entra en un brote violento. Consciente del perverso sistema que la ha llevado a degradar la condición humana no puede evitar tomar el micrófono, una cuchilla y denunciar frente a todos los populares invitados la humillación, la hipocresía que los rodea. 

Entre llantos y risas psicóticas será reducida por la seguridad del barrio privado donde se desarrolla la boda. Para finalmente terminar presa. Ya no podrá calificar a nadie. Ha quedado fuera del sistema. 

En la Ciudad donde hay una vivienda cada dos personas, doscientas cincuenta mil viviendas vacías, cientos de hectáreas públicas se rematan para que el mercado inmobiliario se la lleve a un precio vil, mientras los alquileres se dolarizan y las inmobiliarias tienen vía libre para violar cualquier ley, el gobierno nos va a puntuar a los inquilinos y las inquilinas. Llenaremos planillas y planillas que deberán garantizar que somos “confiables” para los propietarios rentistas y las inmobiliarias. 

En la Ciudad donde hay una vivienda cada dos personas, doscientas cincuenta mil viviendas vacías, cientos de hectáreas públicas se rematan para que el mercado inmobiliario se la lleve a un precio vil,

Los gobiernos de las grandes ciudades están llevando adelante medidas regulatorias para limitar las viviendas vacías, los aumentos de precios de alquileres y propiedades. En algunos casos se discute la expropiación a grandes tenedores de viviendas. El mundo no es el mismo luego de la crisis de las hipotecas del 2008 y mucho menos luego de la pandemia. El acceso a la vivienda esta en crisis producto de sectores concentrados de la economía que ven el negocio de bienes raíces como un elemento más del negocio financiero. 

El IVC hará el trabajo sucio que no se anima a hacer contra el mercado inmobiliario. Pero esto no es un capítulo de Black Mirror. 

Acá la vida duele de verdad, la desigualdad se está tornando escandalosa e insoportable y siguen tirando de la soga. 

La respuesta se está construyendo. Organización para defendernos, pero también para evitar que la lógica del “scoring social” avance sobre nuestra dignidad. 

Vamos a lograr que la vivienda sea un derecho. 

GM