Jorge Drexler: “Creer que aprendiste tanto que ya nadie puede enseñarte es muy peligroso”
“Que viva todo aquel valiente que tiende un puente y el valiente que lo cruza”, canta Jorge Drexler en uno de los temas de su último disco, Taracá. Un álbum en el que el músico uruguayo volvió a sus raíces, reivindicando que estos puentes son precisamente la manera de romper con un mundo polarizado. Uno en el que, precisamente, reivindicar los vínculos y quienes los cuidan y establecen, convierten su álbum en “arriesgado”. El artista, que lleva otros quince discos a sus espaldas, un premio Oscar y dieciséis Latin Grammys, entre otros reconocimientos, tiene prevista una gira enorme por Latinoamérica y España en este 2026.
Drexler celebra y se declara fan del éxito de su hijo, el músico pablopablo, que le tiene prohibido compartir nada sobre él en redes sociales. Una opción que el cantante apoyó, y augura –¿por qué no?– que “pronto” será su telonero. Algo que lo haría “muy feliz”, ya que considera que él sería el “gran beneficiario”: “Tenemos una relación padre hijo muy fluida, pero él muy sabiamente ha decidido no utilizar atajos, ni mi apellido ni mis vinculaciones”.
—¿Habrá muchos más músicos que también fueron médicos?
—Más de los que lo confiesan. No solo de la medicina, de otras actividades. Nos han criado mucho en la exclusividad y la confrontación entre experiencias humanas. Yo, durante mucho tiempo, estuve en dos armarios. El de la Medicina cuando hacía música, ya que no quería que los músicos en Uruguay se enteraran de que era estudiante de medicina porque no quería que me vieran con la bata, me parecía que se iban a pensar que no me lo tomaba en serio.
Cuando estaba rodeado de médicos, tenía cierto pudor para entrar con una guitarra al hospital si tenía un concierto después. Intentaba esconderla porque a mucha gente le daba la impresión de: “Si estás en esto, estás en serio y no con la guitarrita”. El arte te dice lo mismo, y eso que Kafka era funcionario, Borges era bibliotecario. Se puede hacer todo, lo que pasa es que no nos enseñan a aceptarlo y lo escondemos como quien esconde una opción sexual durante mucho tiempo.
—Después de más de treinta años de carrera, ¿qué lugar ocupa este disco para usted?
—Me gusta acudir a Italo Calvino, que habla en Seis propuestas para el próximo milenio del mito de la gorgona, la mujer con cabeza de serpiente, que, si la mirabas, te transformabas en piedra. Decía algo parecido, que la consagración, que sería ese tener discos, es como esa medusa. Si mirás a tu propia consagración y la reconocés, te transformás en una estatua de vos mismo. Seguramente sea más hermosa que vos, porque si van a hacer una estatua de uno no va a ser cuando tengas 93 años sino en el momento de esplendor; pero es una entidad muerta.
Creerse la consagración es un acto muy peligroso, decir: “Ya aprendí tanto que no tengo a nadie, y menos los jóvenes, para enseñarme cosas”. Me gusta la etimología de la palabra éxito para hablar de esto, que es igual que la de exit en inglés, salida. El concepto de éxitus en la medicina es la muerte. El éxito es la muerte de un proceso, el final; decir que porque tengas un montón de discos, hayas ganado premios, “ya lo he tenido, ya está”, como si te hubieran dado un título.
—Taracá supone una vuelta a sus raíces, lo grabó en su Uruguay natal, dando protagonismo al candombe, uno de los ritmos afro-uruguayos más conocidos. ¿Por qué ahora?
—En 2024, cumplí sesenta años, y treinta en Madrid, y eso fue un boom. Impresiona mucho. De plantearse quién quiero ser, me compro un viñedo y me dedico a la gastronomía y a disfrutar de todo lo que generé con mi familia, tranquilo; o me pongo a trabajar con un productor de trap uruguayo de 21 años, y otros dos puertorriqueños que hacen trap y reggaetón, y los pongo a hacer un disco de candombe, les doy autoridad sobre canciones que he escrito con todo mi cariño con gente que tiene muy poca experiencia, pero un talento que me atrae.
En un mundo polarizado el acto de resistencia es tender un puente
—Un disco que reivindica en 2025 la importancia de tender puentes, ¿lo convierte en arriesgado?
—Sí. En un mundo polarizado, el acto de resistencia es tender un puente. La polarización se ejerce desde las altas esferas en la política, a conciencia y con una agenda. Siempre que alguien polariza, tiene una finalidad, y suele ser egoísta, de resultados propios. Cuando abrís un puente puede venir información dolorosa, como tengo miedo a la libertad, entonces me pongo en manos de grandes figuras autoritarias que dicen tomar las decisiones sabias por mí. Y no, hay que responsabilizarse de lo que uno hace. Practicar la autocrítica, que es la más importante de las críticas.
Y más ahora, porque además, las redes sociales te dan la razón todo el tiempo. Con el algoritmo decís “me gusta esta opción política” y al día siguiente tenés 45 cosas reforzando tu opción política. “¿Ves? Si lo está diciendo Instagram, ¿cómo no va a ser cierto que los inmigrantes son la causa de todos los males del país? Si lo veo todo el tiempo. Y además, la gente que sigo, piensa igual que yo”. Por eso me gusta, en Twitter sobre todo, seguir a gente con la que discrepo. Es muy importante ponerse en el lugar del otro.
—También reflexiona sobre el acto de amar, comenta que incluso que el amor necesita un manual de instrucciones, ¿por qué?
—Que es importante amar a las personas que tenés a tu lado es verdad y fácil de expresar, lo difícil es decir “no me acuerdo de cómo se ama”. Eso es una tragedia para una persona. Si alguien que se dedica a escribir canciones de amor tiene que hacerse esa pregunta, es que algo no está muy bien en el sistema. No digo que las canciones sean autobiográficas, pero siempre tienen algo de lo que te pasa, cosas que sentiste.
Si en este momento encendemos una radio, lo más probable es que lo que escuches sea una canción de amor de pareja, y lo más probable es que se maneje o en el ámbito del amor celebrado, pero sobre todo en el despechado, del desamor furioso o doloroso. Pero nadie quiere cantar a la evolución y el desgaste del amor a través del tiempo. Pero nadie quiere decir que no puede ni odiar ni amar, que quedó en una especie de limbo en el que no recuerda cómo eran esos sentimientos extremos. Esos matices son un terreno del que no se habla mucho, y a mí me gusta escribir sobre eso.
Hay que practicar la autocrítica más que nunca porque las redes sociales te dan la razón todo el tiempo
—Su hijo, pablopablo está ganando cada vez más reconocimiento y popularidad como músico, ¿cómo lo vive desde su posición de padre?
—Con muchísimo orgullo. Soy muy fan de pablopablo, pero además mucho. No solo me parece el mejor compositor de su generación, sino uno de los mejores de mi área de trabajo. Tiene una cultura letrista y musical enormes. Ambas más extensas que la mía, es un tipo muy formado. Nadie escucha mis canciones antes que él.
Somos una familia que no ha tirado de nepotismo, en el sentido de ir colocando a las personas de acuerdo a su proximidad familiar en sus profesiones. Te soy muy sincero, me encantaría que Pablo se viniera de gira conmigo, pero me beneficiaría a mí, no a él. Dentro de poco seré su telonero, y muy feliz, porque lo está rompiendo. Tenemos una relación padre hijo muy fluida, pero él muy sabiamente ha decidido no utilizar atajos, ni mi apellido ni mis vinculaciones. En mis redes no hay una mención a Pablo porque me lo pidió, quería establecer un mundo diferente. Quiere hacerlo a través de su propio cosmos, y lo respeto completamente.
Como padre tenés a veces ese vértigo de quiero contarle a todo el mundo lo que te estoy contando a vos ahora, que lo admiro. Lo cuento en las entrevistas pero no en las redes, porque es cierto, contamina la escucha de alguna manera.
El miedo más sano que tiene un padre es a que su hijo no pueda abrirse camino solo. Y la mayor alegría es el sentir que tu trabajo ya está hecho, que es una persona autónoma, que se va buscando su camino en la vida. Cuando vos no estás muy satisfecho con tu vida personal y pusiste todas tus expectativas en que tu hijo te va a sacar de pobre, de aburrido, de lo que sea... tu hijo no te tiene que sacar de nada. Tiene que ser una persona, no podés utilizarlo en esa dirección. Ni siquiera lo podés utilizar para decir “me siento súper orgulloso, mirá qué buen padre he sido”. No, él tiene que hacer su vida y determinar sus normas.
pablopablo y yo tenemos una relación padre hijo muy fluida, pero él muy sabiamente decidió no utilizar atajos, ni mi apellido ni mis vinculaciones. En mis redes no hay una mención a él porque me lo pidió
—¿Cómo se enfrenta a las giras de estadios, de grandes arenas? ¿Las disfruta?
—Es muy difícil llenar arenas. Ahora, ¿cuál es el concepto de intimidad en un espectáculo? La intimidad, ¿depende de las dimensiones? ¿Se puede generar intimidad en una arena? La respuesta que yo tengo, y es personal, es que sí. En España estoy recién empezando a hacerlas, pero en Latinoamérica llevo ya varios discos. La arena puede ser tratada como un gran teatro y eso funciona. Tengo la alegría de decir que la emoción no depende del tamaño, en el sentido de que podés sentirte muy poco íntimo tocando en un lugar para 80 personas, y podés generar una intimidad en un espacio grande, en el que de repente establecés conexión.
Los conciertos son una experiencia que, bien manejada, es muy expansiva e íntima en su magnitud. Hay que tener mucho cuidado porque las arenas también se pueden en un momento volver impersonales. Nosotros estamos diseñando un show en el que el uso del espacio es una idea de cercanía, y eso es muy importante para mí.
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