Juicio por la Masacre de Napalpí: “Durante días los cuervos no volaron, ocupados en sacarse el hambre con los cadáveres”

Comunidad Toba de Napalpí

Tomás Fernández

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“Durante días los cuervos no volaron, ocupados en sacarse el hambre con los cadáveres”, le dijo Pedro Balquinta a la justicia penal sobre lo ocurrido en la Masacre de Napalpí. Balquinta, con 107 años, era uno de los pocos sobrevivientes de la matanza. Murió poco tiempo después de declarar, en 2014, pero su testimonio forma parte de la causa que hoy llega a un juicio por la verdad para juzgar como crímenes de lesa humanidad el fusilamiento por parte de la policía chaqueña a integrantes de las comunidades qom y moqoit en 1924.

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El debate oral y público se desarrollará a partir de hoy con audiencias dos veces por semana, con presencia de público, y  transmitidas por medios digitales. El juicio será en las ciudades chaqueñas de Resistencia y Machagai, y también en el en el espacio por la Memoria de la exESMA, en la ciudad de Buenos Aires.

Durante el debate, se escucharán las voces de sobrevivientes, descendientes directos de las víctimas como así también profesionales que realizaron investigaciones sobre la masacre.

La fecha para dar comienzo al juicio tiene un motivo particular, fue elegida por el “Día del Indígena Americano”, decretado en México en 1940 en el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

Se estima que los alegatos finales serán el 19 de mayo.

La matanza

Durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, el gobernador del entonces Territorio Nacional de Chaco, Fernando Centeno, prohibió a la comunidad de Napalpí emigrar más allá de sus límites territoriales. Las condiciones de trabajo en los algodonales y estancias agrícolas eran de esclavitud y sometimiento. Como mecanismo de defensa, la comunidad inició una huelga con la intención de migrar hacia los ingenios azucareros de Salta y Jujuy en busca de mejores condiciones de vida, motivo que desencadenó la masacre.

La Masacre de Napalpí ocurrió el 19 de julio de 1924 en la reducción indígena ubicada en el entonces Territorio Nacional del Chaco, cuando las poblaciones moqoit y qom llevaron adelante una huelga en reclamo por las condiciones de vida y trabajo infrahumanas que padecían en los obrajes madereros y de algodón. 

Según la información recabada por historiadores y sumada al expediente por la Unidad Fiscal, se estima que durante 45 minutos la policía tiró más de 5 mil balas de fusil sobre la población de Napalpí.

Más de 400 personas, desde niñas y niños hasta viejas y viejos fueron asesinados, mutilados y enterrados en fosas comunes. Quienes lograron huir fueron perseguidos durante días por el monte, la cacería pretendía no dejar ningún testigo con vida. Muy pocos lograron sobrevivir.

El largo camino por la memoria, verdad y justicia

Impulsada por el investigador e historiador Juan Chico, la Fundación Napalpí trabaja desde 2006 en relación a la causa. Su rol ha sido fundamental en el proceso de reconstrucción de memoria como así también en el acompañamiento de testigos de cara al proceso judicial.

“El juicio va a plantar un antecedente muy importante a nivel nacional ya que hay muchas comunidades que están en conflicto con el territorio, siendo despojadas junto con otras situaciones que perjudican a la comunidades, desde la discriminación, la invisibilización, la perdida de la lengua y de aspectos culturales”, comenta Gabriela Morinigo, integrante de la fundación.

Desde 2014 la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía Federal de Chaco investiga la masacre como crimen de lesa humanidad, cuya imprescriptibilidad posibilita que a pesar del tiempo transcurrido se pueda investigar y procurar su reconstrucción desde una perspectiva histórica. 

“Se debe considerar que existe un mandato acentuado de debida diligencia que pesa sobre el Estado Argentino, ya que quienes serían víctimas de los hechos en cuestión son integrantes de las comunidades indígenas qom y moqoit. En base a ello, considero necesario transitar un proceso que establezca la verdad de lo acontecido por su valor simbólico, histórico y humano, buscando la determinación judicial de tales hechos”, detalló a Telám la jueza federal de Resistencia, Zunilda Niremperger. 

Se espera que en la audiencia de hoy más de 100 referentes indígenas de todo el país asistan a Chaco para acompañar un hecho inédito e histórico. 

Tras el rastro de los huesos

Por primera vez en Argentina el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se involucra en un caso de violación de derechos contra comunidades originarias.

Silvana Turner, integrante del equipo, explica en relación al trabajo de campo: “Lo importante en este caso fue realizar un análisis de las características del área en términos ambientales ya que hubo muchos cambios desde el momento en que sucedió la masacre a la actualidad, es una zona que ahora está deforestada y alambrada, cosa que no existía en aquel momento. Por eso resultó importante hacer un análisis de los cambios ambientales porque es fundamental ubicarse en los sitios para valorar cuales son las áreas máximas de búsquedas. Son lugares de mucho campo y poca zona poblada. Es un trabajo de búsqueda extenso, que lleva tiempo y recursos”.

Rastrear el suelo, cavar, fondear con palas, buscar en la tierra alteraciones. Arqueología paciente en busca de pruebas para aportar a la verdad. En 2020 dieron con el hallazgo de restos óseos humanos incompletos, aunque no se pudo determinar con certeza que correspondía a una víctima de la masacre por la falta de elementos científicos suficientes, “pero en base a lo testimonial y a toda la información hallada por la Fundación, todo nos hace inferir que estos restos pertenecen a una persona que puede haber fallecido en el contexto de una masacre. Ya que en los relatos aparte de los entierros en fosas comunes también hay relatos de gente que en el momento de la huida se dispersó y que fueron alcanzados por las balas y algunos de esos casos se enterraron de forma individual”, explica Turner.

Luego del juicio, el EAAF pretende continuar el trabajo de excavación con nuevas estrategias de búsqueda para dar con las fosas comunes. Sobre las expectativas del juicio la antropóloga señala. “Me parece sumamente importante entender estos casos de violencia del Estado como hechos que tienen que constituirse en memoria y en la medida de lo posible, que se reparen simbólicamente y materialmente. Son casos que han quedado de alguna manera a oscuras y que las comunidades han luchado justamente por visibilizar los hechos y reclamar justicia y reparación.  Lo que apuntan estos procesos es a que se visibilicen, se haga memoria y se reparen los hechos de violencia. Creo que le cabe la misma intención y se asimilan a los procesos que conocemos en Argentina sobre violaciones de Derechos Humanos y delitos de lesa ocurridos durante la dictadura”.

TF

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