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Investigación

Marcas en los dientes sitúan el primer consumo de drogas de la humanidad hace 25.000 años en Indonesia

Cráneo de un antiguo cazador-recolector con un desgaste dental extremo causado por la succión de la nuez de betel.

Antonio Martínez Ron

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¿Cuándo empezó la humanidad a tomar sustancias psicotrópicas? El consenso sitúa el primer consumo regular de estos compuestos en la revolución agrícola, asociado a bebidas fermentadas como la cerveza, pero muchos científicos creen que pudo ocurrir mucho antes. Ahora, el equipo de Adam Brumm, de la Universidad de Griffith (Australia), aporta pruebas que se remontan mucho más atrás: hace alrededor de 25.000 años en una pequeña isla de Indonesia.

En un trabajo publicado este miércoles en la revista Science Advances, el equipo de Brumm informa del descubrimiento de restos óseos extremadamente raros de dos antiguos cazadores-recolectores humanos de la isla indonesia de Célebes (Sulawesi), con antigüedades de entre 25.000 y 16.000 años y entre 7.600 y 6.300 años. Aunque son de diferentes épocas, los dos individuos presentan un patrón de desgaste dental muy inusual (surcos profundos y redondeados) que, según otra serie de pruebas bioquímicas, lleva a los investigadores a concluir que fue causado por la succión habitual de nueces de betel enteras.

“El consumo de nuez de betel, que surgió hace hasta 25.000 años en Sulawesi, mucho antes del inicio de la agricultura, podría ser la evidencia más antigua del uso de drogas en cualquier parte del mundo”, sostiene Brumm. “Al identificar la práctica ancestral que subyace al consumo de nuez de betel tal como lo conocemos, el estudio sugiere que algunos comportamientos modernos de consumo de drogas están profundamente arraigados en las tradiciones de los cazadores-recolectores.”

Un largo camino

La nuez de betel es una de las drogas de origen vegetal más populares en Asia y el Pacífico Sur y tradicionalmente se mastica en forma de una mezcla con cal que facilita la absorción de los alcaloides y produce una sensación de euforia leve y un aumento del estado de alerta. “Aunque es poco conocida en las sociedades occidentales, es la cuarta sustancia psicoactiva más consumida en el mundo, después del alcohol, la cafeína y la nicotina”, dice Brumm. Pero no estaba claro cuáles son los orígenes de esta práctica y si surgieron solo con la agricultura sedentaria o se podían rastrear hasta las sociedades de recolectores.

El consumo de nuez de betel, que surgió hace hasta 25.000 años en Sulawesi, mucho antes del inicio de la agricultura, podría ser la evidencia más antigua del uso de drogas en cualquier parte del mundo

Adam Brumm Investigador de la Universidad de Griffith (Australia) y autor principal

Los análisis bioquímicos realizados por los autores del estudio mostraron la presencia en los tejidos dentales de los recolectores de arecolina, el principal alcaloide neuroactivo, lo que proporciona una sólida evidencia de la ingestión de nuez de betel. La gran pregunta era entonces si las nueces, sin la mezcla actual, produce efectos psicotrópicos en quienes las consumen. Y la respuesta es que sí. El equipo realizó experimentos con saliva artificial y proteínas humanas que activaron la actividad neuronal.

Uno de los esqueletos analizados en el estudio.

“Esto demostró que con solo chupar nueces de betel intactas se libera arecolina en cantidades suficientes para tener un efecto fisiológico, alterando la función cerebral”, subraya el autor principal. “Nuestros hallazgos nos permiten inferir las raíces prehistóricas de uno de los estimulantes adictivos más prevalentes del mundo”, concluyen los autores. “Ahora parece probable que masticar betel, tal como lo conocemos, evolucionara a partir de una práctica mucho más simple y antigua de simplemente chupar la nuez intacta”.

Un aspecto interesante del estudio es que identifica un posible círculo vicioso que convirtió la masticación de las nueces de betel en una necesidad. Los antiguos recolectores de esta isla generalmente tenían mala dentadura y la arecolina es un analgésico natural, por lo que pudieron chupar la nuez de betel para aliviar el dolor de muelas. Con el tiempo, la succión de estas semillas duras y abrasivas desgastó tanto sus dientes que, en algunos casos, dejó expuesta la cámara pulpar interna, lo que habría sido extremadamente doloroso. “Si bien este hábito pudo haber sido un remedio para el dolor de muelas, años de succión prolongada de nueces terminaron causando problemas de salud dental mucho peores, creando un ciclo de uso habitual continuado”, señala Brumm.

Pruebas directas y rotundas

Elisa Guerra, investigadora de la Universidad de Valladolid, identificó recientemente la presencia de tres alcaloides (atropina, escopolamina y efedrina) en los restos funerarios de una cueva de Menorca de la Edad del Bronce, en torno al año 1000 o 800 a.C. “En nuestro caso, analizamos muestras capilares de cabellos humanos depositados en un ritual y pudimos certificar no solo el consumo, sino el policonsumo de sustancias procedentes de plantas muy diversas”, explica.

Nos ayuda a derribar la idea preconcebida de que las sociedades cazadoras-recolectoras eran poblaciones ociosas. Para ellos no existía una distinción estricta entre una droga y una medicina

Elisa Guerra Investigadora de la Universidad de Valladolid

En opinión de Guerra, este nuevo resultado es muy relevante porque, gracias a los análisis químicos, se pueden rastrear las drogas directamente en poblaciones del pasado y aportar una prueba directa y rotunda. El consumo de drogas se sospecha desde hace tiempo, recuerda, pero se venía apoyando únicamente en evidencias indirectas, como restos arqueobotánicos o los objetos que sirvieron para la preparación.

La especialista cree que son muy interesantes las implicaciones culturales que conlleva el hallazgo, además de su antigüedad: cómo, con el tiempo, se fue perfeccionando la preparación de la nuez de betel hasta llegar a las prácticas actuales. “Nos ayuda a derribar la idea preconcebida de que las sociedades cazadoras-recolectoras eran poblaciones ociosas. Para ellos no existía una distinción estricta entre una droga y una medicina”.

Una costumbre “muy humana”

“Me parece un estudio muy interesante porque la hipótesis se apoya en dos líneas de evidencia que encajan bien: un desgaste dental muy peculiar, compatible con mantener repetidamente algo duro y redondeado en la boca, y la identificación de arecolina, uno de los principales compuestos neuroactivos de la nuez de areca” señala María Martinón, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y especialista en piezas dentales.

A Martinón también le resulta sugerente pensar en la posibilidad de acumular y transmitir el conocimiento de estas prácticas. “Quizá lo más característicamente humano sea ir más allá de un descubrimiento puntual o práctica intuitiva: acumular experiencia, convertirla en prácticas reconocibles y transmitir ese conocimiento”, asegura. “Y en este nuevo estudio hay un dato bonito en ese sentido: la evidencia aparece en dos individuos de yacimientos distintos, separados unos 33 kilómetros y por varios miles de años. Eso no demuestra que exista una tradición continua, pero sí hace sugerente pensar que no estamos ante una conducta aislada, sino ante un conocimiento o una costumbre que pudo circular y persistir en el tiempo”.

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