De los ojos de Billie Eilish a un libro sin rótulo (y todo lo que no para de moverse)

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“¿Existe acaso alguna cosa que esté en descanso, alrededor de la cual el resto del universo está construido, o acaso no hay donde aferrarse en esta cadena sin fin de movimientos en la cual todo parece estar atrapado?”. La cita pertenece al libro Un verdor terrible (vamos a hablar de eso unos párrafos más adelante) de Benjamin Labatut y es parte de una carta que escribe el físico alemán Karl Schwarzschild a medida que se acercaba la Primera Guerra Mundial.

Según el autor, “como muchas personas sensibles” por aquellos días el científico se vio “invadido por una sensación de desastre permanente”.

Me gustó la pregunta y la subrayé. Me hizo pensar en esa búsqueda de una estabilidad ilusoria que no se detiene y que seguramente vaya en paralelo a las batallas –más o menos trascendentales, más o menos íntimas– que cada uno emprende.

Respuestas, casi nada. Certezas, menos. Pero van, sí, algunas lianas para sentir que nos afirmamos, aunque sea un engaño.

1. Un verdor terrible. No hay reseña o comentario de este libro que no contenga el adjetivo “inclasificable”. Vamos por acá también al lugar común: en efecto, el último libro de Benjamín Labatut –el autor nacido en los Países Bajos que vive desde los 14 años en Chile, previo paso por Buenos Aires y Lima– es difícil de rotular o de poner en un solo estante.

Un verdor terrible (Anagrama, 2021) contiene un conjunto de narraciones unidas por una especie de tejido. En todos hay descubrimientos científicos deslumbrantes (de esos que dan ganas de largar todo y ponerse a estudiar física), teorías, contradicciones, vidas de científicos que ante sus hallazgos se enfrentan ellos mismos a distintos abismos, ecuaciones narradas de un modo poético.

Labatut logra así una superposición entre ciencia y literatura donde no hay fronteras (o, en todo caso, importan muy poco)

“Escribir sobre ciencia no ofrece verdades, sino un método lleno de incertidumbre, una duda que arde como una zarza y que nunca se apaga del todo. La verdadera ciencia siempre sospecha que, detrás de cada descubrimiento, hay algo más profundo, más oscuro, más extraño”, dijo el propio Labatut en una entrevista reciente que le hizo la periodista Ana Clara Pérez Cotten para la agencia Télam. De alguna manera, algo similar ocurre con su trabajo sobre el lenguaje: zambulléndose en lo desconocido, el autor produce un tipo de literatura fascinante y alejado de esas certezas que muchas veces obturan la potencia poética.

2. Billie Eilish: The World’s A Little Blurry. Con dirección del cineasta y R. J. Cutler, acaba de estrenarse por la plataforma de Apple TV este documental que tiene como protagonista a una de las últimas (y grandes) revelaciones globales de la música pop, la estadounidense Billie Eilish

El largometraje, de más de dos horas, es curioso y atrapante, incluso para quienes no conozcan sus canciones o generacionalmente no se identifiquen con ella o el tono taciturno de todo buen centennial.

Por un lado, Billie Eilish: The World’s A Little Blurry se propone mostrarnos la intimidad de la cantante mediante registros que tienen lugar en su casa, con sus padres, con su hermano/productor, y de algún modo impulsor de su carrera, al tiempo que la vemos de gira sin parar, presentándose con 17 años en los escenarios más demandantes del mundo.

Según contaron recientemente los productores, las imágenes que se ven en el largometraje se registraron en los últimos tres años. Algunas fueron tomas de una cámara que Billie y su hermano tenían siempre a mano, mientras componían el disco When We All Fall Asleep, Where Do We Go?, que fue lanzado en 2019 y fue un éxito rutilante, con canciones como Bad Guy You Should See Me in a Crown.

Pese a tratarse de un material controlado por su protagonista, hay instantes genuinos y escenas bastante reveladoras de la vida de una joven que a partir de los 14 años conquistó el mundo de la música. De hecho, el largometraje gana más en fluidez en los fragmentos en los que ella habla de sus pesares (lo hace casi con sus ojos, en varios momentos alucinantes), cuando se la ve lidiando con un novio bastante tóxico, cuando cholulea a Justin Bieber, cuando exhibe los problemas que padece por el síndrome de Tourette, cuando se pone contenta porque por fin puede sacar el registro para manejar, cuando se ven las consecuencias en su propio cuerpo de un trabajo demandante física y emocionalmente.

En el medio, muchísimas canciones y el detrás de escena de esos hits salidos de una habitación adolescente que deslumbran –y en muchos casos hacen llorar desconsoladamente– al planeta.

3. La voz escrita. En el marco del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), se lanzó por estos días un atractivo ciclo de entrevistas a algunos de los dramaturgos más destacados de la escena local

Bajo el nombre de La voz escrita, en cada entrega la periodista Sandra Commisso explora los universos creativos, los procesos detrás de las obras de teatro y las distintas influencias a la hora de ponerse a escribir.

Registrado en ese faro para el teatro local e independiente que es el espacio Timbre 4 (un asterisco: de a poco está volviendo la presencialidad, recomiendo pispear siempre la programación de este lugar), la lista de los cinco entrevistados es más que auspiciosa: las hermanas María y Paula Marull, Santiago Loza, Ignacio Sánchez Mestre y Mariana Chaud se prestan a una conversación nutritiva e interesante.

Las entrevistas están disponibles de manera gratuita para ver en el sitio Vivamos Cultura.

4. B.A. Rock. Durante el inolvidable 2020 se recordó un poco tímidamente el aniversario. Pero en noviembre se cumplieron 50 años del B.A. Rock (o en su denominación inicial, el Festival de la Música Progresiva de Buenos Aires). Con Woodstock como norte, el periodista Daniel Ripoll, editor de la revista Pelo que había empezado a salir a comienzos de 1970, se encargó de la organización y convocó a las bandas que finalmente se presentaron en noviembre de ese año en un evento que se convertiría en un mito generacional.

Aquella primera edición del festival tuvo lugar en el Velódromo porteño y cerca de 30 mil personas se acercaron hasta allí en las cinco jornadas que duró para ver a los músicos y las bandas pioneras (de Los Gatos a Manal, de Vox Dei a Almendra, pasando por Gabriela, la precursora cantante del rock argentino, o el legendario Pajarito Zaguri).

A finales de 2020, la productora y periodista Elizabeth Ambiamonte quiso recordar el aniversario en un contexto difícil: una pandemia que impedía hacer grandes eventos masivos. Entonces junto al propio director de Pelo decidieron hacer una gran reunión virtual que luego se convirtió en un documental de cuatro episodios que se llama 50 años de B. A. Rock.

Como una especie de gran fogón, con Ambiamonte como moderadora y con los aportes de Ripoll, van desfilando los protagonistas de B.A. Rock, mientras se despliegan algunos testimonios de aquellos pioneros y todo tipo de material audiovisual de aquellas presentaciones, comentarios del público, audios, entrevistas y anécdotas (“era la primera mujer sobre un escenario rockero en la Argentina y podría haber sido una hecatombe”, dispara la propia Gabriela en uno de los capítulos).

50 años de B. A. Rock está disponible de manera gratuita en YouTube y por allí desfilan, entre otros, Litto Nebbia, Rodolfo García, Willy Quiroga, Claudio Gabis, Isa PortugheisRicardo Soulé, Nito Mestre, Patricia Sosa, Gustavo Santaolalla, Héctor Starc, Emilio Del Guercio y muchos más.

¡Hasta la próxima!

AL