La inflación de 2025 fue del 31,5% anual, con una suba del 2,8% en diciembre, según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) difundido por el Indec. Se trató del incremento más bajo desde 2017, pero ese dato no se tradujo en una mejora del poder de compra de la población trabajadora: los ingresos no lograron equiparar la evolución de los precios, y el salario real volvió a deteriorarse, especialmente en los sectores más precarizados.
El Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) en diciembre fue de $334.800, de acuerdo con la Resolución 9/2025 del Ministerio de Trabajo. Si se lo compara con el valor estimado de la canasta básica total para un hogar tipo, que según proyecciones de organismos y consultoras privadas superó los $320.000 mensuales, el salario mínimo apenas cubre las necesidades básicas de una familia con dos adultos y dos menores. En buena parte del año, el SMVM estuvo incluso por debajo de esa línea, lo que refleja un desfasaje estructural entre ingresos mínimos legales y costo de vida real.
La división “Alimentos y bebidas no alcohólicas” —el rubro más sensible para las y los trabajadores— subió 32,2% en 2025, con alzas destacadas en carnes (51%), frutas (48,4%), aceites (34,1%) y productos de almacén. La inflación golpeó de forma más intensa a los productos de consumo masivo, y en varias regiones —como el NOA y el NEA— los alimentos aumentaron más que el promedio nacional, profundizando la desigualdad territorial.
Además, otros rubros esenciales para la reproducción de la vida cotidiana se encarecieron por encima del índice general: vivienda, agua, electricidad y gas subió 41,6%, educación 52,3% y servicios en general un 43,1%. El transporte, por su parte, se incrementó un 32%, presionando aún más el bolsillo de quienes destinan buena parte de su ingreso al traslado hacia los lugares de trabajo.
Los datos del Indec muestran que los bienes aumentaron 26,5%, mientras que los servicios —en su mayoría regulados o semi-regulados— lo hicieron un 43,1%. Esto indica una recomposición de precios relativos que afecta más a los hogares de menores ingresos, cuya estructura de consumo depende más de los servicios públicos y los productos básicos.
El informe también señala que los precios regulados aumentaron 34,2% en 2025, por encima del índice general, y que los precios estacionales subieron 26,2%. En muchos casos, los servicios regulados —como luz, gas, transporte urbano y prepagas— representan una porción fija e ineludible del gasto mensual, por lo que sus aumentos afectan con más fuerza a los hogares de ingresos bajos, que no pueden recortar ese tipo de consumos sin deteriorar su calidad de vida.
Pero más allá del IPC, ¿de dónde surge que los trabajadores perdieron frente a la inflación?
Diversos informes lo confirman. Por ejemplo, según un relevamiento de Infobae con datos del RIPTE, los salarios del sector privado registrado subieron 2,1% en octubre, frente a una inflación del 2,3% ese mismo mes. Este comportamiento se repitió en distintos tramos del año, con aumentos salariales por debajo del índice de precios. La pérdida intermensual, sostenida a lo largo del tiempo, genera una caída acumulada del poder adquisitivo.
A su vez, el Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma estimó que el Salario Mínimo Vital y Móvil perdió un 36% de su poder adquisitivo entre comienzos de 2023 y fines de 2025. Aunque el aumento nominal del ingreso fue significativo, la inflación acumulada en el trienio 2023â2025 superó el 115%, medida en términos compuestos año a año, mientras que el salario mínimo creció muy por debajo de ese nivel. Eso se tradujo en una pérdida concreta de capacidad de consumo real, incluso entre trabajadores registrados.
La situación es más grave en el sector informal, que representa más del 36% de la población ocupada, según la última Encuesta Permanente de Hogares. Allí, no hay paritarias ni mecanismos de revisión salarial, y los aumentos dependen de la voluntad del empleador o de las condiciones del mercado. Para millones de trabajadores informales, monotributistas y cuentapropistas, el rezago frente a la inflación fue incluso más marcado.
Durante 2025, las paritarias negociadas en el primer semestre quedaron por debajo del 30%, y aunque hubo revisiones hacia fin de año, en muchos casos no se alcanzó a empatar con el 31,5% acumulado. Las mejoras salariales fueron desparejas y, en sectores sin organización gremial fuerte, directamente inexistentes.
En términos reales, esto significa que los trabajadores no sólo no ganaron poder de compra, sino que siguieron perdiendo terreno frente a los precios, incluso en un contexto de inflación desacelerada. La contención parcial del IPC no se tradujo en una mejora de ingresos, sino en un ajuste sobre el salario, más difícil de percibir pero igualmente regresivo.
JJD