Milei prometió inflación de “cero coma” en 2026, pero en siete meses podría llegar al 19,1%
Javier Milei prometió inflación de “cero coma” para 2026, publicó un libro titulado El fin de la inflación y convirtió la suba de precios en la prueba decisiva de su superioridad técnica frente a la “casta”. El dato de julio, próximo a publicarse, podría volver a dejar esa promesa más cerca del archivo que de la realidad: según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, la mediana de consultoras y bancos espera una inflación mensual de 2,0%, por encima del 1,9% de junio.
Si el INDEC confirma ese número este jueves, la inflación acumulará 19,1% en los primeros siete meses del año. Agosto no empezará con “cero coma”, como había anticipado el Presidente, sino con una economía todavía cara para los trabajadores, jubilaciones mínimas de unos US$262, consumo en baja, empleo registrado destruido y salarios que siguen corriendo desde atrás.
El dato de julio y todo lo que viene mostrando el INDEC en su tercer año como presidente de la Nación, 2026, más lo que mostró en 2024 (cuando con la devaluación del peso argentino de $400 a $800 dispuesta en diciembre de 2023 por su ministro de Economía, Luis Caputo, subió brutalmente la inflación en sus primeros meses de gobierno para después jactarse de que la había bajado), deslucen esa promesa, incumplida a todas lueces pese a que en la era de la posverdad es lema del gobierno de La Libertad Avanza repetir “bajamos la inflación”.
Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, la mediana de las consultoras y bancos espera una inflación mensual de 2,0%, por encima del 1,9% de junio.
El dato oficial será informado por el INDEC este jueves a las 16. Hasta entonces, la cifra sigue siendo una proyección. Pero si se confirma el 2% del REM, la inflación acumulada en los primeros siete meses del año llegará al 19,1%. El número quedará lejos no sólo del “fin de la inflación”, sino también de la expectativa oficial de que la segunda parte de 2026 empezara con una desaceleración más marcada.
El REM fue publicado el 6 de agosto y recogió respuestas entre el 29 y el 31 de julio. Participaron 45 consultoras, centros de investigación y entidades financieras. La mediana del relevamiento ubicó la inflación de julio en 2%, mientras que el grupo de los diez mejores pronosticadores estimó 1,9%. Para agosto, la mediana proyecta 1,8%, no un índice que empiece con cero.
La comparación mensual importa porque junio había perforado apenas el piso del 2%. Ese mes, el IPC nacional fue de 1,9% y acumuló 16,8% en el primer semestre. Si julio vuelve al 2%, la secuencia de desinflación pierde fuerza antes de llegar al momento en que Milei había dicho que la inflación convergería a “cero coma”.
La inflación del crack antiinflacionario Milei, igual que la de CFK
La discusión no es sólo técnica. Milei hizo de la inflación una promesa de gobierno, una bandera electoral y una credencial personal. Llegó a la Presidencia con la idea de terminar con el “impuesto inflacionario”, acusó a la política tradicional de convivir con la suba de precios y sostuvo que el ajuste fiscal era la vía para ordenar la economía. Pero el resultado, hasta ahora, no es inflación cero: es una inflación menor que la heredada, pero todavía muy alta para salarios, jubilaciones y consumos cotidianos.
El contraste puede ser incómodo para el oficialismo. Chequeado reconstruyó, con fuentes alternativas al INDEC intervenido, que durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner la inflación mensual promedio fue de 2,1%. Si julio confirma el 2% esperado por el mercado, Milei habrá llegado a una inflación mensual prácticamente igual a aquella medición alternativa que buscaba reflejar la inflación real de un período marcado por el apagón estadístico.
La comparación no iguala contextos ni programas económicos. Pero incomoda por una razón simple: Milei prometió una ruptura histórica y, al menos en el dato mensual esperado para julio, aparece administrando una inflación parecida a la que denunciaba como fracaso ajeno.
La diferencia está en el costo social de esa baja. La inflación de Milei no convive con salarios fuertes ni con consumo expandido. Convive con caída de ventas minoristas, endeudamiento familiar, cierres de empresas, pérdida de empleo registrado, paritarias defensivas y jubilaciones mínimas que rondan los US$262 (el último informe estadístico disponible de ANSES registraba 7,9 millones de beneficiarios de jubilaciones y pensiones y mostraba que casi la mitad de los beneficiarios del SIPA cobraba haberes menores o iguales a una mínima), sin contar un bono no remunerativo de $70.000 que el Gobierno mantiene congelado como refuerzo, a pesar de la inflación que provocan sus políticas, pero que no se incorpora al haber.
El ajuste previsional es una pieza central de esa economía. En agosto, el haber mínimo se ubica alrededor de $419.776. Al tipo de cambio cercano a $1.600, equivale a unos US$262. Con el bono de $70.000, el ingreso efectivo mensual sube, pero el refuerzo sigue siendo extraordinario, no remunerativo y separado del haber. El Gobierno presenta el superávit fiscal como columna de su programa antiinflacionario, pero buena parte de ese resultado se sostiene sobre jubilaciones bajas, recorte de gasto público, obra pública paralizada y programas sociales desmantelados.
Para los trabajadores, además, el problema no el IPC (para algunos sí, que tienen indexada a ese indicador el monto del alquiler, la hipoteca UVA y la prepaga, que siguen aumentando sus aranceles a según el IPC, como si los salarios de sus afiliados también lo estuvieran). Un salario no compra el promedio. Compra comida, transporte, alquiler, expensas, luz, gas, agua, internet, medicamentos, educación, prepaga, ropa y deuda. Cada rubro tiene una ponderación dentro de la canasta del INDEC, pero en la vida cotidiana no todos pesan igual para todos los hogares.
El informe de junio ya mostraba esa diferencia. Aunque el nivel general fue 1,9%, los servicios subieron 2,9%, vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentaron 3,3%, salud avanzó 2,9% y los regulados treparon 2,3%. En el acumulado del primer semestre, vivienda llegó al 25,1%, educación al 24,6%, servicios al 20,9% y regulados al 23,0%. Todos por encima del promedio general de 16,8%.
Ahí aparece el límite de la lectura oficial. Una inflación de 1,9% o 2% puede ser presentada como un logro macroeconómico frente a los saltos de 2024 (es decir una inflación que el gobierno presenta como baja frente a la inflación que el mismo gobierno había hecho subir). Pero para un trabajador que destina una parte creciente del ingreso a gastos fijos, tarifas, transporte y deuda, la desaceleración del promedio no necesariamente mejora el mes.
Los últimos datos salariales tampoco permiten cantar victoria. El índice general de salarios del INDEC subió 2,2% en mayo y quedó apenas por encima de la inflación de ese mes. Pero esa foto agregada esconde diferencias internas. Informes recientes marcaron que en mayo volvieron a caer en términos reales el salario privado registrado, el salario público nacional, el público provincial y el salario mínimo. La mejora, cuando aparece, no llega de manera pareja ni alcanza para recomponer todo lo perdido.
La situación laboral agrava el cuadro. Desde que asumió Milei, distintos informes registraron pérdida de empleo registrado, cierre de empleadores y destrucción de puestos en sectores sensibles al mercado interno. El consumo sigue golpeado, las ventas minoristas pyme retroceden y muchos hogares completan el mes con tarjeta, crédito, changas o un segundo ingreso. La inflación baja, pero baja dentro de una economía que ajustó por cantidades: menos compras, menos empresas, menos puestos y más deuda.
Por eso el eventual 2% de julio no es un dato menor. No implica volver a la inflación descontrolada de 2023, pero sí marca que el sendero hacia el “cero coma” prometido no aparece. Y, sobre todo, muestra que la inflación argentina sigue en niveles muy altos para quienes viven de un ingreso fijo.
Milei prometió terminar con la inflación y presentó la motosierra como el precio inevitable de esa victoria. Si el INDEC confirma el 2% de julio, los precios habrán acumulado 19,1% en siete meses y agosto empezará lejos del cero. El Gobierno podrá mostrar una inflación menor que la que recibió, pero no podrá mostrar todavía el final de la inflación que prometió a los trabajadores para llegar al poder.
JJD
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