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Sobre este blog

A veces es más interesante lo que sucede en la previa de una entrevista que la entrevista que se publica. A veces, también, las bambalinas de un reportaje merecen “una nota aparte”. ¿Cómo se preparó Esmeralda Mitre para recibir a elDiarioAR? ¿Qué era eso que tenía sobre su escritorio el empresario Claudio Belocopitt? ¿Y el momento exacto en el que Alberto Samid se enfureció delante del grabador encendido? Hay datos de archivo, referencias, climas, declaraciones o rodeos del personaje que no llegan a un texto. Y no hay entrevistado sin entrevistador así que este boletín también indaga en los fracasos y los aciertos a la hora de entrevistar, de la escucha y lo imprevisible. Gracias por venir será una ventana para que corra aire y también para conocernos.

Autora: Victoria De Masi

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¿Qué es una “persona en situación de calle”?

Un 37,3 por ciento de la población argentina se encuentra bajo la línea de pobreza y un 8,2 por ciento se mantiene por debajo de la línea de indigencia.

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Estoy en contra de las frases hechas. Aunque sean puntos de encuentro entre las personas. Por ejemplo, cuando alguien dice “no hay mal que por bien no venga” todos entendemos. Esas frases -a las que también llamamos lugares comunes- nos horizontalizan y eso es una ventaja. Pero lo que funciona a favor, opera en contra porque “una que sepamos todos” (perdón) borra las asimetrías. Y eso, las asimetrías, es lo que al periodismo que prefiero le interesa.

Mi amiga Gi, la mamá de Nina, me corrigió hace poco: “Un bebé no duerme nada; no te permito que digas ‘dormí como un bebé’”. Gi, como tantas otras veces y en otros asuntos, tenía razón. La frase hecha tiene algo de herencia: de abuelos a padres, de padres a hijos. Se van adhiriendo al adn discursivo. Son útiles para rematar conversaciones. A veces desenroscan ideas. Igual no las quiero, no me gustan. A ver quién es el valiente que se anima a decirle a un pobre “largo, como esperanza de pobre”.

 Hay datos sobre pobreza. Los últimos son del Indec y abarcan el segundo semestre del año pasado: el 37,3% de los argentinos es pobre. En números, 16,7 millones de personas no ganaron suficiente plata como para cubrir la canasta básica. Sobre indigencia también hay datos: 4,1 millones de argentinos no tuvieron plata para comer.

Ya que estamos hablando de indigencia: ¿qué es “persona en situación de calle”? Por supuesto que sé qué es una-persona-en-situación-de-calle. Lo que no entiendo es por qué los y las periodistas empezamos a usar ese tipo de discurso que habrá salido de la academia o de la militancia o de alguna ong bienintencionada, ni idea, pero no dice nada. 

Persona-en-situación-de-calle no dice el frío, no dice el hambre, no dice la violencia, no dice el miedo, no dice la vergüenza. “Persona en situación de calle” no habla de la hermandad con la que se sobrevive a la intemperie, ni de por qué nunca falta la comida para el perro al lado del colchón. Persona en situación de calle no habla ni de quedar embarazada en la calle ni de parir en la calle ni de criar en la calle. No habla de nada de eso, no dice nada.

Es un concepto higiénico, una forma de lavarse las manos ante lo evidente. Si los más tirados parecen centauros. ¿O no los ven con la mitad del cuerpo adentro del container de basura, y la otra mitad, cintura para abajo, pataleando el aire? Tiene que haber miseria en el lenguaje, tiene que haber peso en el lenguaje, tiene que haber violencia en las palabras. Porque eso que está ahí tiene consistencia, existe, y es la asimetría recurrente y exhibida cuando esperás el colectivo o salís a comprar o tomás una birra artesanal y cara y de parado en un bar de Palermo.

Los y las periodistas deberíamos pelearnos todo el tiempo con esos vacíos impuestos por… ¿por quién? ¿Por quiénes? ¿Quién nos dijo a los y las periodistas que mendigo no, que linyera no, que marginado no, que pobre no, que pordiosero menos…? ¿Quién nos escribe el manual de estilo? ¿Por qué no vamos y le preguntamos a una persona en situación de calle cómo quiere que lo llamemos? ¿Por qué les pusimos nombre, por qué hablamos por ellos?

El periodismo profesional nació en las redacciones; quiero decir: en la práctica, y dejó de hacerse en los bares mucho antes de la pandemia. Fue cuando abrieron las escuelas de periodismo y el oficio se sistematizó. Ahora, en la pre-post-pandemia, el periodismo se aprende en conversatorios, paneles, talleres, workshops, diplomaturas: por zoom, lejos de la vereda. Entonces acá estamos, chusmas habilitados por un título terciario, repitiendo como loros “persona en situación de calle”. Puro significante, pura cáscara. 

Y si querés enviarme un mail: vdemasi@eldiarioar.comHice varias notas en villas y asentamientos. Una fue ésta, para revista Viva, sobre la 31. Tenía -tengo- un interés particular por ese barrio. En principio porque es el más antiguo y el más poblado de la capital. Pero sobre todo me interesa porque resistió cada desalojo desde que levantaron el primer rancho. Nadie quiere a la villa, pero todos quieren los terrenos donde se fue construyendo: por su ubicación estratégica, valen muchísimo dinero. Como nunca pudieron erradicarla -como si pudiera erradicarse una cultura-, desde hace unos cuantos años, quieren “integrar” la 31 “al resto” de la Ciudad. Es cuando más arisca se pone la villa. Es cuando refuerza su identidad. 

En la entrada del barrio hay una feria de frutas y verduras que le compite a cualquiera en precio y calidad. No hay mejor ceviche que el que se consigue en la Playón y nunca vi tanta variedad de especias y yuyos como en esa calle interna. Ellos nos dan la bienvenida, somos nosotros los que no vamos. Ellos, nosotros; el resto, los otros: la asimetría.

“Me fui por las ramas” porque quería contarles lo que me respondieron Nora Flores y Mirta Jaime a una pregunta que dejé para el final. Las dos se instalaron en el barrio hace casi treinta años. Hablamos en la casa de Nora un rato largo. Cada una me contó su historia, que es una forma de contar la historia del lugar en el que viven e “hicieron familia”

Para transcribir esto fui a buscar la desgrabación de la nota. Recuerdo que esa pregunta era especial, nno por importante sino porque me incomodaba hacerla. Voy hasta el final del documento y veo esto:

– ¿Se identifican con la palabra villero, villera…?

– Claro –dice Nora.

– Es un valor –refuerza Mirta.

– Yo digo que soy villera, de la 31. Porque si digo que vivo en el barrio Padre Mugica no saben donde queda –agrega Nora.

– A mí no me molesta que me digan villera porque yo soy de acá. Lo que duele es el tono, cuando lo dicen de una manera despectiva –sigue Mirta.

Desde hace unas semanas, una pareja vive en una camioneta negra -cabina para dos personas, caja atrás- estacionada muy cerca de mi casa. De día abren las puertas y la camioneta parece una mosca a punto de volar. Limpian, ventilan su máquina-dormitorio. De noche, los chicos parecen dormir adentro de un escarabajo. Su alojamiento me queda de camino a la verdulería, al Chino y a la dietética. Un día los saludé. Al día siguiente ellos me saludaron. Al tercer día, cruzamos miradas y no me aguanté: les pregunté si “estaban en situación de calle”. Me sentí una tarada. 

El pibe me miró y me regaló media sonrisa. Creo que fue para evitar que saliera corriendo. Ella me pidió que repitiera lo que había dicho, como si no hubiera alcanzado a escuchar. Y yo, que soy obediente, repetí pero bajito: “Si están en situación de calle…”. Se rieron. Me explicaron que la camioneta era lo que les había quedado después de dejar el departamento que compartían, que ya no podían pagar el alquiler. Pregunté si podía ayudar (es muy de periodista sentir que quedás en deuda, porque te llevás algo de alguien que no tiene nada o que tiene poco o que apenas tiene) y me dijeron que no. Cuando emprendía la retirada, ella me preguntó: “Disculpá, ¿qué es estar en ‘situación de calle’?”.

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PD: El próximo martes, 7 de junio, es el Día del Periodista. Saludo a mis amigos y amigas, a los y las compañeras, y a les colegas en nuestro día. Gratitud y respeto por el oficio. Y esto: también depende de nosotros y nosotras, trabajadorxs, que vengan tiempos mejores.

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