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Este año se cumplió una década del fallecimiento de Luis Alberto Spinetta, alguien que dedicó su vida entera a la noble tarea de dar música y poesía a los demás. Cuando casi no existía en Argentina una tradición de grupos de rock, él inventó una banda llamada Almendra, con un sonido propio y una estética totalmente novedosa que sigue siendo un faro para todos los músicos que vinieron después. Aunque les gustaba mirarse en el espejo de Los Bealtes, Almendra no dejó de ser una propuesta bien local y ciudadana, que a su manera hablaba de Buenos Aires, de vivir en estas calles, en estos barrios, en este lado del mundo. Y hoy que Luis ya no está, Buenos Aires intenta a su manera hablar de Spinetta.

La muerte de los músicos de la talla de Spinetta se va procesando en etapas. Antes de que se conociera la enfermedad que finalmente terminó con su vida, Spinetta le hizo a sus fans un regalo inmenso. El show de las Bandas Eternas en el estadio de Vélez fue un gesto que a la luz de los hechos fue leído como una suerte de despedida. Aunque se lo conocía por su vocación de mirar al futuro mucho más que al pasado, en el tramo final de su vida, Luis armó el concierto que todos querían ver y escuchar. Y al día de hoy, todos los que fueron sus músicos, quienes están ejerciendo hoy la tarea de mantener viva su obra, siguen recordando esa noche en Liniers como un verdadero milagro.

Una vez que pasaron un par de años del impacto de no tener más a Luis físicamente, llegaron los homenajes. Artistas de todos los estilos, desde lo más under hasta lo más mainstream, desde las distintas estructuras culturales del Estado hasta los proyectos autogestionados, todos fueron rindiendo su tributo a Spinetta y haciendo aún más grande su figura. Se iba generando así la estampita Spinetta, que era, paradójicamente, todo aquello a lo que Luis le escapaba. Ni genio, ni Dios, ni “no te mueras nunca”. En cada concierto, el Flaco enfrentaba y sacaba de la cancha con su genial humor a todas esas expresiones que iban desde el público al escenario.

La noche de las bandas eternas

A diez años de su fallecimiento, algo está cambiando en el modo de homenajear o de mantener vivo el recuerdo de Spinetta. Mientras sigue su curso el proyecto de ley para cambiar el nombre de la calle Iberá -donde está la casa que habitó Luis en la última etapa de su vida- por Luis Alberto Spinetta, algunos músicos se están encargando de mantener viva la obra en distintos escenarios de la Buenos Aires. Sin necesidad de efemérides o de grandes eventos, su música empieza a sentirse como un tesoro de la ciudad que puede seguir vivo para siempre, en la medida que sepamos cuidarlo.

Este fin de semana, Bebop Club de Palermo -un espacio con una agenda y una estética orientada al jazz pero abierto a también a otros géneros- tendrá dos noches consecutivas en las que será evocada de distintas formas la música y la vida de Spinetta. En la trasnoche del viernes se sube al escenario A 18 minutos, un cuarteto integrado por algunos músicos que fueron parte de distintas bandas de Luis, que reinterpreta uno de sus discos menos escuchados -A 18 minutos del Sol, el más jazzero de su discografía- y suma algunas perlas de otras épocas. Y el sábado le toca al trío Epumer Machi Judurcha, todos ex compañeros de Spinetta, que hacen un repertorio propio, mechado con algunos clásicos de El Flaco y tendrán en este concierto a Brenda Martin, de Eruca Sativa, como invitada.

Guille Arrom es uno de los integrantes de A 18 minutos y fue guitarrista de Luis en los discos Don Lucero, Tester de ViolenciaExactas y Pelusón of milk. Lo llamé para que me cuente cuál es la motivación para encarar junto otros ex habitantes del mundo Spinetta este tipo de proyectos: “A mí me gusta porque es como interpretar un clásico, es como una orquesta se dedica a tocar solo Mozart. Uno no dice que la sinfónica nacional hace covers: vos estas interpretando música. Nosotros disfrutamos tocando esta música, volviendo a descubrir la parte armónica, analizando el tipo de sonidos que Luis hacía con la guitarra. Porque si no lo transmitimos, se queda solamente en nosotros y es una pena”.

Como sugiere Arrom, la ejecución de los temas de Spinetta que hace con esta banda queda muy lejos de la idea de cover y se acerca en realidad al concepto de standard, esos temas que todos los músicos conocen y pueden tocar, que son además un territorio para improvisar y que surjan allí los matices de cada músico en la ejecución de su instrumento. Le pregunté también cómo recordaba su primer acercamiento a Luis, cómo era trabajar al lado de semejante leyenda: “Encontré en él un mundo de arte profundo y maravilloso. Al principio él me pasaba lo que quería que toque, los acordes, la digitación, un tipo de acompañamiento que no estaba hecho de acordes sino con melodías que yo llevaba por detrás. Y después yo iba proponiendo y siempre todo fue muy bien aceptado”.

Hace un par de semanas, Guille Arrom fue parte junto al Mono Fontana y otros músicos de Spinetta de un show en el CCK en el que se interpretó íntegramente el disco Pelusón of Milk. Aquel trabajo revela un momento súper interesante en la carrera de Spinetta, en el que tras unos cuantos años haciendo una música bastante experimental y maquinosa -como en el disco Privé, de 1985- su propuesta empieza a limpiarse de un modo muy sutil hasta llegar al inesperado encuentro con un hit como fue Seguir viviendo sin tu amor. Tener una canción que rompiera el cerco de los fans y fuera conocida y cantada de forma tan masiva era algo que no le pasaba desde los tiempos de Muchacha (ojos de papel)¿Renegaba Spinetta de los hits? “Para nada” -aclara Arrom- “Lo disfrutaba. En las presentaciones de Pelusón of milk hasta tocaba dos veces el tema. Y para esa época también tocaba Muchacha. No renegaba de los hits, pero no componía pensando en hacer hits. Eso era Spinetta”.

HS

Este año se cumplió una década del fallecimiento de Luis Alberto Spinetta, alguien que dedicó su vida entera a la noble tarea de dar música y poesía a los demás. Cuando casi no existía en Argentina una tradición de grupos de rock, él inventó una banda llamada Almendra, con un sonido propio y una estética totalmente novedosa que sigue siendo un faro para todos los músicos que vinieron después. Aunque les gustaba mirarse en el espejo de Los Bealtes, Almendra no dejó de ser una propuesta bien local y ciudadana, que a su manera hablaba de Buenos Aires, de vivir en estas calles, en estos barrios, en este lado del mundo. Y hoy que Luis ya no está, Buenos Aires intenta a su manera hablar de Spinetta.

La muerte de los músicos de la talla de Spinetta se va procesando en etapas. Antes de que se conociera la enfermedad que finalmente terminó con su vida, Spinetta le hizo a sus fans un regalo inmenso. El show de las Bandas Eternas en el estadio de Vélez fue un gesto que a la luz de los hechos fue leído como una suerte de despedida. Aunque se lo conocía por su vocación de mirar al futuro mucho más que al pasado, en el tramo final de su vida, Luis armó el concierto que todos querían ver y escuchar. Y al día de hoy, todos los que fueron sus músicos, quienes están ejerciendo hoy la tarea de mantener viva su obra, siguen recordando esa noche en Liniers como un verdadero milagro.