Sobre este blog

El newsletter semanal de música en vivo de elDiarioAR.

El pulso es la unidad mínima para medir el tiempo en la música. Y tomar el pulso es el modo que tenemos los humanos de verificar que estamos vivos. Este espacio tiene que ver con la música y con un modo muy particular de estar vivos. Acá van a encontrar las coordenadas para llegar a los mejores conciertos de la ciudad y alrededores y también nos daremos el tiempo para pensar ese ritual tan longevo y a la vez tan vigente de ver música en vivo.

¿De qué hablamos cuando hablamos de música en vivo? De lo que pasa arriba y abajo del escenario. De lo que pasa con el cuerpo y con la mente cuando estamos en un recital. De las ganas que tenemos de encontrarnos en conciertos y de esos shows que marcaron nuestra vida y nunca vamos a olvidar.

Autor: Hernán Siseles

Música en vivo Qué ver y escuchar
Los Abuelos de la Nada, otra postal de Argentina 1985

Los Abuelos de la Nada

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La película Argentina, 1985, que recrea el trabajo del equipo de fiscales que impulsó el juicio a las juntas militares de la última dictadura, lleva en su banda sonora la música de dos artistas que son un faro para todas las almas sensibles que habitamos este suelo. Por un lado está Charly García, con una canción que establece un vínculo bastante directo con la historia que se cuenta y por el otro aparece Los Abuelos de la Nada, cuya inclusión en el film viene a cumplir un rol diferente pero no menos importante, que es el de pintar sonoramente el clima de una época. Aquel 1985 que da título y marco temporal a la película es el año en que la banda de Miguel Abuelo graba y edita Los Abuelos en el Ópera, un álbum que se convertiría en uno de los los registros en vivo más logrados del rock argentino y en una pieza clave dentro de la discografía del grupo, aún cuando dejaba en evidencia una crisis interna que trazaba el camino hacia una inminente e irremediable separación.

A pesar de llevar la marca de esa ruptura, este disco en vivo de Los Abuelos de la Nada aparece en mi vida como toda una revelación, casi como un rito de iniciación. Fue una pieza determinante en mi vínculo con la música y que me acercó incluso a la experiencia de un concierto, cuando todavía no había asistido a ninguno. Empezaba la década del 90 y tenía yo 9 o 10 años cuando llegó a mis manos una edición en CD de Los Abuelos el Ópera. Tener hermanos mayores que se encargaban de comprar o pedir prestados algunos discos me permitió descubrir mucha música sin hacer demasiado esfuerzo. Entre esos primeros CDs que circularon por mi casa había dos registros en vivo de rock argentino: No Llores por mí Argentina, de Serú Girán, y el de Los Abuelos.

Al revisar hoy esos dos discos, puedo ubicar allí el origen de mi afición por los recitales. Aunque suelo destacar el show de Fito Páez en Vélez en 1993, como el primero de mi vida, estos discos en vivo ya me habían regalado la fantasía de estar en un recital sin salir del living de mi casa. El audio digital de los CDs se sentía muy superior al de los cassettes y fácilmente nos ponía en situación, pero la parte visual había que crearla en la cabeza, imaginando el movimiento de los músicos a partir de las pocas fotos que venían en el booklet. Eso ya me alcanzaba para armar en mi mente la película del concierto.

Con ese entusiasmo preadolescente me sumergí en aquel show que habían dado Los Abuelos en esa Buenos Aires de 1985, tan bien recreada hoy en la película de Santiago Mitre. Podía recitar de memoria tanto las canciones como los comentarios de los músicos entre tema y tema. Dentro del repertorio de Los Abuelos ya habían ganado un lugar preponderante las canciones de Andrés Calamaro como Mil horasSin gamulán o Así es el calor -hits instantáneos sin fecha de vencimiento- por sobre los temas más laberínticos con firma e impronta de Miguel Abuelo como Zig ZagGuindilla ardiente o Medita Sol. Esas canciones también las aprendí y canté en aquel departamento familiar, pero pasaron muchos años hasta que logré conectar de verdad con la vida y obra de ese gran personaje que fue Miguel. Fue justamente el propio Calamaro quien en sus años de mayor popularidad instaba a sus fans a restarle importancia a sus propias canciones en Los Abuelos y poner atención en la poesía y la musicalidad de quien en definitiva había inventado el concepto del grupo.

Porque Los abuelos de la nada fue más que un grupo de rock. Fue una idea de libertad surgida de la cabeza de Miguel Abuelo a fines de la década del 60 en Buenos Aires, que desde entonces tuvo varias vidas y supo ser en cada época un reflejo de las vanguardias de esta ciudad. Una verdadera usina creativa con ropajes e ideales hippies en esa primera formación por la que pasaron Pappo, Pomo y Claudio Gabis y que luego -con el retorno de Miguel en la década del 80, tras una década fuera del país- fue un emblema del destape musical de la primavera democrática. En esta segunda etapa, el grupo consiguió el padrinazgo de Charly García, quien además de producirlos terminó tomando prestados a los músicos para su propio proyecto. Gustavo Bazterrica, Cachorro Lopez y Calamaro se sumaron a la banda con la que Charly presentó Yendo de la cama al living, generando no pocas fricciones con Miguel.

Ya en su pico de popularidad, el grupo se vio nuevamente sacudido cuando fue detenido y llevado a juicio por posesión de estupefacientes su guitarrista Gustavo Bazterrica, quien ya no fue parte del concierto y álbum del Teatro Ópera. Luego, Miguel recibió el impacto de una botella durante su presentación en el Festival Rock & Pop y terminó cantando Himno de mi corazón con la cara ensangrentada. Para 1986 -cuando se grabó el disco Cosas mías- la formación había cambiado completamente. Y en marzo de 1988 llega el fallecimiento de Miguel Abuelo, tres meses después que el de Luca Prodan y nueve meses antes que el de Federico Moura. En el lapso de un año Argentina se quedó sin tres de los principales artífices de la revolución musical que trajo la democracia. Y, desde ya, ese no era el único motivo para estar mal. Si 1985 fue el año que invitaba a soñar con alguna forma de reparación del horror de la dictadura, para 1988 algo de esa ilusión ya estaba quebrado: había quedado atrás el fervor del juicio a las juntas y como contrapartida empezaron los alzamientos del movimiento carapintada y se habían promulgado las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Los Abuelos, hoy

El legado de Los Abuelos de la nada por suerte sigue vivo en Buenos Aires. Una nueva formación de la banda comandada por Gato Azul Peralta -el hijo de Miguel Abuelo- está tocando desde hace dos años con algunos músicos que pasaron por el grupo en la época de Cosas mias (Juan del Barrio y Kubero Díaz) y otros más jóvenes como Frankie Langdon (líder de Don Adams y Los Heladeros del tiempo) que asume el rol que tuvo Calamaro en la época más recordada del grupo. Suele caer sobre esta clase de proyectos que devuelven a la vida los grupos icónicos del rock argentino una mirada desconfiada. Incluso se pasa lista para ver cuántos de los músicos que tocan hoy en esta reencarnación fueron parte de la formación original o de la más popular.

Pero en Los Abuelos de la Nada poco importan los nombres. El corazón del proyecto es la poesía y el espíritu libre de Miguel, que vuelve en cada una de las canciones. Muchos de los músicos que pasaron por el grupo, incluso los que hoy son grandes personalidades de la industria musical y no participan de esta nueva formación -como Calamaro, Cachorro López o Daniel Melingo- han celebrado la existencia del proyecto para que la música de Los Abuelos nunca deje de sonar y siga vivo el legado de Miguel. Y así, quienes quieran hacer el viaje en el tiempo, podrán a encontrar algo de esa Argentina de 1985 cada vez que Los abuelos, de la forma que sea, pise un escenario de Buenos Aires.

Estos nuevos Abuelos de la Nada se presentan el próximo 6 de noviembre en el ND Teatro.

Toda la música de la semana

Llegamos a una de las semanas clave de la agenda musical porteña ya que finalmente dará inicio la primera edición argentina del festival Primavera Sound. Este gran evento que generó tanta expectativa en jóvenes y no tan jóvenes amantes de la música viene a convivir con propuestas de todo tipo y tamaño por los diferentes escenarios de Buenos Aires. La actividad arranca hoy jueves con los recitales de tres cantautores muy personales: Lisandro Aristimuño en el Gran Rex, la uruguaya Mocchi en Konex y Marina Wil en la Tangente. El viernes toca Jaf en el Teatro Ópera y Viva Elástico en La Tangente. El sábado hay mucho para elegir: J. Balvin en Movistar Arena, Carla Morrison en el Opera, Antonio Birabent en Café Berlín y Nahuel Briones en La Trastienda. Además el sábado es la primera fecha -agotada- de No Te Va Gustar en el Hipódromo de Palermo (todavía quedan entradas para la función del domingo). El mismo domingo llega Lauren Jauregui al Gran Rex. Y un gran plan de mitad de semana es ir el miércoles a escuchar las exquisitas voces Miau Trío en Café Berlín.

Acá abajo, más información sobre los shows destacados de esta semana…

La primera fecha del Primavera Sound tiene como protagonistas internacionales a tres artistas que el público más adulto sabrá apreciar: Pixies, Cat Power y Jack White. Como crédito local está Las Ligas Menores, exquisita banda indie, de fuerte presencia femenina y que también sabe girar por festivales del mundo.

Un show imperdible para los amantes del jazz y el blues. James “Boogaloo” Bolden, el legendario y virtuoso trompetista que tocó con artistas de la talla de Stevie Wonder y James Brown y acompañó durante décadas a BB King regresa a la Argentina para hacer dos funciones en Bebop Club.

Fecha muy esperada para los rosarinos que estén con ganas de bailar o para los porteños que se animen a salir a la ruta. El Festival Feliz reúne a Los Palmeras, La Delio Valdez, Sara Hebe, Juan Ingaramo y muchos artistas más. Además, para terminar bien arriba, se presenta la troupe de la súper exitosa fiesta Bresh.

Luego de haber participado en las primeras fechas de la gira El amor 30 años después del amor, de Fito Páez, Fabi Cantilo vuelve en formato trío a uno de los espacios más cómodos que tiene la ciudad para ver música en vivo. Sus shows en Café Berlín ya son un clásico que agota entradas con cada nueva función.

HS

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¿De qué hablamos cuando hablamos de música en vivo? De lo que pasa arriba y abajo del escenario. De lo que pasa con el cuerpo y con la mente cuando estamos en un recital. De las ganas que tenemos de encontrarnos en conciertos y de esos shows que marcaron nuestra vida y nunca vamos a olvidar.

Autor: Hernán Siseles

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