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Música en vivo en Buenos Aires Qué ver y escuchar

El zurcido invisible de Martín Buscaglia

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Desde que empecé a escribir en este espacio sobre la cuestión puntual de la música en vivo, siempre tengo a mano, para tratar de no repetirme mucho, las palabras que aluden a estos eventos que nos convocan. Concierto, recital y show son las tres más comunes y no creo que haga falta ponerse a inventar o forzar la búsqueda de sinónimos. Pero hace un par de semanas me topé en el recital de Rosalía con una chica uruguaya que había venido desde Montevideo especialmente para ese toque. Sí, para los uruguayos los recitales son toques. Yo no podía evitar detenerme en esa expresión tan encantadora que usaba esta chica y ella no entendía por qué nosotros hablábamos de shows. Le parecía ridículo ese término.

Esas sutiles diferencias entre argentinos y uruguayos explican algo de la atracción que siento por Uruguay y su música. Reconozco en la canción uruguaya una matriz muy parecida a la argentina pero siempre con un giro más, que no puedo terminar de nombrar, que me descoloca y me lleva para otro lugar. En lo que va del año, tuve la oportunidad de ver en vivo a Jorge Drexler y a Fernando Cabrera, posiblemente dos de las figuras más importantes de la música uruguaya actual y de todos los tiempos. Uno de ellos, súper famoso, con un Oscar en su vitrina. El otro, una figura de culto, de perfil bajísimo pero venerado y muy versionado por toda una generación de cantautores argentinos. También lamenté perderme este año a algunos músicos uruguayos más jóvenes como el excéntrico Paul Higgs y la cantante Mocchi y a otro clásico inclasificable como es Leo Masliah, que tocó en Bebop la semana pasada.

Este fin de semana tenemos más de un uruguayo dando vueltas por Buenos Aires y vuelvo a sentirme convocado. Para entender un poco más de eso que pasa con la música de este país vecino y hermano, abrí el zoom y establecí comunicación con Martín Buscaglia, un prolífico representante del sonido uruguayo, a quien definitivamente voy a ver este domingo a su show en Niceto Club. Lo que sigue es parte de lo que hablamos.

Hola Martín. Gracias por atenderme. Quiero saber de los shows que vas a estar dando por acá, pero antes me gustaría que me ayudes a pensar en los puntos de contacto y las diferencias entre la canción uruguaya y la argentina.

A ver, dejame pensar… Acá sentimos una similitud con lo que pasa en Argentina, porque entendemos los códigos, somos cercanos. Pero por suerte ustedes le dan una vuelta para otro lado. Yo lo veo en el desarrollo que tienen ustedes en el pop y el rock. Pop en Uruguay no hubo nunca. Recién ahora empieza a haber un poco. Lo que hubo fueron aires de pop. Viste cuando tocas un género folclórico pero sos medio neófito. Entonces decís que tiene aires de chacarera. En Uruguay solo hay aires de pop.

¿Y cuál es el aspecto distintivo de la música uruguaya que acá no tenemos? Se dice a veces que en Argentina nos falta algo en lo rítmico.

En Uruguay está la cosa del candombe y la murga, que más allá del aspecto visual y auditivo que le da el coro, tiene la batería, que es increíble. Solamente bombo, redoblante y platillo y ya la detona. Igual me da la impresión que hoy se perdió un poco eso. En los años en que yo me formé, la juventud en Uruguay estaba muy atenta a lo que pasaba en Brasil. Yo escuchaba a Charly a Los Twist, pero en la playa en un fogón se tocaban los temas que venían de Brasil, con esa carga de negritud y de ritmo. Ahora ya no pasa más eso. Está más argentinizado todo. Se mira más a lo que pasa en Argentina.

La comunicación por zoom de pronto empezó a fallar y nos recordó los días de confinamiento, cuando todos nos vimos obligados a caer en esta tecnología para cualquier contacto con el mundo. Incluso la posibilidad de tocar a través de una pantalla apareció como la única opción para los músicos de ejercer su actividad. Martín se negó en general a esa modalidad justamente por el respeto que le tiene a lo que significa un show en vivo.

¿Se puede decir que todos empezamos a valorar más la música en vivo a partir de la pandemia?

Tocar en vivo es la parte crucial de la música, que excede a las canciones, a las letras y a los músicos que las interpretan. La gente, las luces, el cuerpo, el sudor… hay algo ancestral ahí. Tocar en vivo te hace mejor músico. Hay un aprendizaje que no lo podes tener solo. Por más temas buenos que hagas, por más bien que toques o data que tengas, hay una parte que te falta. Por eso la pandemia nos hizo peores músicos a todos. Nos frenó cualquier posibilidad de seguir esa escalera infinita que es el aprendizaje de la música. Por eso casi no hice vivos en la pandemia. Respondía a una cosa más bulímica de tener el público cautivo entonces había que tocar. Pero era mostrar una canción en las peores condiciones posibles. Para mí la música es en la intimidad en el sillón con un amigo o en vivo en un concierto, que estoy ensayado y aspectado para eso. Lo otro era tocar una canción ante una cámara sin ver ni escuchar a quien te escuchaba, sin investirte vos de algo más místico como elegir qué ropa te vas a poner. Podías estar en ojotas y con la comida calentándose. Era mostrar algo que te llevó mucho trabajo de la peor forma posible. Por eso no me subí tanto a eso.

¿De qué manera preparás tus shows? ¿Cómo se arma esa hoja de ruta?

¿Sabes lo que es el zurcido invisible? Es una técnica de costura que si sale bien, nadie se da cuenta de que eso salió bien. Suele ser un mal ejemplo, porque parece que es lo que uno hace es una papa, que es solo subirse y fluir. Pero lograr eso es muy laborioso. Yo detesto cuando alguien quiere demostrar lo difícil o lo profundo o lo filosófico que es lo que está haciendo, me repele eso. Siempre hay un guión anímico, un orden de los temas, pero yo prefiero siempre poner dos canciones seguidas en donde toco la misma guitarra para no tener que estar todo el tiempo atento al cambio de instrumento. Son detalles que hay que cuidar, parte de ese zurcido invisible, para que todo fluya lo más posible. Si hay una frase muy difícil en un tema, la ponemos primero porque estamos más concentrados. Hacia el final, ya estamos más como la gente, más entregados, confiando en que vamos a caer siempre de pie.

¿Qué sensaciones experimentas antes de subir al escenario?

Son muchos años que llevo tocando y me pasa que me emociona siempre. Pero no estoy haciendo un ritual con velas ni estamos todos abrazados. Puedo estar hablando cinco minutos antes del show de las posibilidades que tiene Uruguay en Qatar. Y cuando hay que subir, tuc, se sube. Me emociono y agradezco el rol que este oficio me da, ese ida y vuelta que solo se da en vivo. Yo escucho un disco y me emociono pero ese artista no se entera. En vivo se entera y eso genera un rebote, un tejo que te hace mejor músico y por ende hace mejor la música que vos haces.

Recién me decías que hacia el final del recital, los músicos terminan en un estado parecido al del público. ¿Cómo es eso?

Para ser más preciso, no es que terminamos en el estado en que está el público sino que confluimos en un mismo lugar. No es que yo voy a cómo están ellos, porque ellos también están en otro estado. Para eso vas a un concierto, a una obra de teatro o a una película, para terminar con el dimmer movido un poquito. A ese lugar al que llegan yo también llego pero por otro camino, desde el cual te vas viendo, te vas saludando, pero recién en el final es que estamos juntos en ese claro en el bosque.

Gracias, Martín. ¡Nos vemos el domingo en Niceto!

HS

Desde que empecé a escribir en este espacio sobre la cuestión puntual de la música en vivo, siempre tengo a mano, para tratar de no repetirme mucho, las palabras que aluden a estos eventos que nos convocan. Concierto, recital y show son las tres más comunes y no creo que haga falta ponerse a inventar o forzar la búsqueda de sinónimos. Pero hace un par de semanas me topé en el recital de Rosalía con una chica uruguaya que había venido desde Montevideo especialmente para ese toque. Sí, para los uruguayos los recitales son toques. Yo no podía evitar detenerme en esa expresión tan encantadora que usaba esta chica y ella no entendía por qué nosotros hablábamos de shows. Le parecía ridículo ese término.