Qué es la felicidad Informe

¿Somos más felices a medida que envejecemos?

envejecer felices

Darío Pescador

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Muchas personas miran con nostalgia a su infancia, pensando en lo felices que eran entonces. Sin preocupaciones, desamores, ni hipotecas. Desde esa cumbre de la felicidad, parece que todo en la vida es cuesta abajo. 

A medida que acumulamos experiencias y obligaciones, a medida que crecemos en nuestros años formativos, al avanzar en nuestra carrera o formar una familia, y más tarde con la vejez, también aumentan el estrés y las crisis, como los divorcios o enfermedades. Esto, unido al hecho de que con cada minuto nos acercamos más a la muerte, es suficiente para pensar que la curva de nuestra satisfacción con la vida con la edad apunta irremediablemente hacia abajo. Sin embargo, los estudios han comprobado que no es así. En realidad tiene forma de U.   

Es cierto que las investigaciones muestran que muchas personas son especialmente felices en su infancia y juventud, esta es la rama inicial de la curva. Las cosas empiezan a ir mal entre los 20 y los 50 años, por término medio, pero luego, sorprendentemente, empiezan a mejorar, incluso superando la felicidad original de la infancia. 

Todo esto se sabe porque se ha estudiado profusamente, en concreto en un estudio de 2008 con datos más de medio millón de personas en EE UU y Europa occidental, aunque se han encontrado resultados similares en Latinoamérica, Europa del Este y Asia. Esta es la verdadera curva de la felicidad en forma de U.

Otro estudio observó este fenómeno con más detalle, separando las experiencias positivas de las negativas a medida que los más de 340.000 encuestados envejecían. El bienestar general con el tiempo seguía teniendo forma de U, aumentando a partir de los 50 años. El estrés y la ira disminuían a partir de los 20 años, la preocupación se elevaba hasta los 40-50 y luego descendía, mientras que la curva de la tristeza era básicamente plana. Además, los perfiles de edad de los hombres y las mujeres eran muy similares. 

La curva en U

David Blanchflower, de Dartmouth College, la autoridad de referencia en la materia, y el científico que está detrás de la mayoría de estos estudios, dio el año pasado más pruebas contundentes con datos de 145 países que seguían mostrando la característica forma de U de la felicidad. Sin embargo, desde su estudio original se habían producido pequeñas variaciones. 

La edad más desgraciada, en la que la felicidad toca fondo, estaba alrededor de los 46 años en los primeros estudios, y ha aumentado hasta los 48, influida por el envejecimiento de la población en EE UU y Europa occidental. Por comparar, en España la edad de menor bienestar está en los 47 años, en Bélgica en los 41 y en Turquía en los 59. 

Lo interesante de estas curvas es que su forma no varía, incluso al eliminar otros factores de la ecuación como la situación económica de las personas, su nivel educativo, su esperanza de vida, si tienen pareja, hijos, o si sufren alguna enfermedad. Los reveses influyen en el bienestar en general que, por ejemplo, descendió durante la crisis de 2008 para luego volver a remontar, pero no cambian la forma de la U al pasar de una edad a otra.

Felicidad percibida y felicidad medida

Todo lo anterior son medidas subjetivas del bienestar, a través de una encuesta en la que las personas dicen si se encuentran bien o mal con su vida. Pero ¿hay alguna forma objetiva de medir la satisfacción vital? Blanchflower cree que sí. En otro estudio publicado el año pasado, comparó los datos de la sensación de bienestar con los de la frecuencia cardíaca. 

El estudio, que siguió a miles de personas en el Reino Unido a lo largo de su vida, encontró que había una relación directa entre el pulso medido a los 42 años, y la salud y bienestar general a los 50. Tener el pulso más bajo predice si de mayores las personas sufrirán discapacidad laboral o dolor crónico pero, además, también indica si más tarde expresan una menor satisfacción vital y un mayor optimismo sobre el futuro a los 50 años. 

El bienestar no solo es una opinión. Los neurotransmisores en nuestro cerebro son los que determinan en última instancia cómo nos sentimos. La dopamina nos proporciona motivación para conseguir un resultado satisfactorio, pero sus efectos son de corta duración. La adrenalina pone al cuerpo en alerta y se libera principalmente durante el estrés. Nos ayuda a afrontar situaciones difíciles, pero en exceso también puede dar lugar a enfermedades crónicas. Por último, las endorfinas son los opiáceos que nos relajan y pueden desencadenar sensaciones de felicidad. 

Analizando por separado los efectos de estos neurotransmisores, se ve una correlación casi directa con las emociones dominantes en cada etapa de nuestra vida. La infancia y la adolescencia se caracterizan por el optimismo y el entusiasmo, estados relacionados principalmente con la dopamina, que disminuye a la mitad cuando envejecemos

La edad adulta y el periodo de actividad profesional suelen traer consigo desafíos y dificultades, durante los cuales se libera cada vez más adrenalina. La felicidad en esta etapa suele provenir del alivio que se produce cuando el estrés disminuye. Al hacernos mayores, la producción de adrenalina es mucho menor. Por último, a una edad avanzada, muchas personas experimentan un estado de satisfacción duradero, como el que proporcionan las endorfinas. 

Todos estos datos apoyan la teoría de que la “crisis de la mediana edad”, entre los 40 y los 50, es algo muy real, pero que en general, la cosa mejora a partir de ahí. Sin embargo, hay casos especialmente delicados. Las personas con discapacidades, menor nivel educativo, familias rotas, o pérdida de empleo son especialmente vulnerables en esta franja de edad, que en palabras de Blanchflower “es la peor edad para ser vulnerable”. La pandemia y sus efectos sociales y sobre la salud también esta exacerbando este riesgo. 

En última instancia, la satisfacción en la vida depende en buena medida de lo que hacemos. A cualquier edad, mantener las amistades, hacer ejercicio con regularidad y participar en actividades placenteras, dormir lo suficiente y llevar una dieta equilibrada son recetas simples para ser un poco más felices.

Darío Pescador es editor y director de Quo y autor del libro Tu mejor yo editado por Oberon.

¿En qué se basa todo esto?

Foto: Stannah International

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