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“Jorge Vernazza es así”, o la fotografía en el nombre del padre

Jorge Vernazza, 90 años

Matías Repar

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“Hace mucho que quería hacer algo con mi viejo, pero me la pasaba viajando, especialmente durante toda la época en revista Gente. Todo eso te va alejando de la familia”, explica Maximiliano Vernazza sobre este ejercicio visual que se constituye también como un homenaje y un verdadero acto de amor hacia el odontólogo Jorge Vernazza, de 90 años. Su padre.

El cierre del consultorio, donde Jorge atendió a sus pacientes durante medio siglo, fue el epicentro de su vida y también el punto de partida de este proyecto. Un departamento en planta baja en el corazón de Palermo, con un jardín repleto de plantas y un estanque con peces que Jorge alimenta dos veces por semana desde que decidió ponerle un punto a su profesión, a los 87 años. Los gastos y el mantenimiento del departamento eran un problema y Maximiliano, tras su separación, decidió alquilárselo para mudarse ahí. En ese lugar ahora comparten un tiempo nuevo. “Nos sentamos, tomamos café. Él me cuenta lo feliz que fue ahí. Para él fue muy duro cerrar el consultorio. El día que lo estábamos desarmando se angustió mucho y yo le dije que esa era una tarea que suele hacer la familia cuando uno no está más. Pero en este caso, él estaba haciendo su propio cierre. En ese momento fue cuando comencé a hacer estas fotografías”, cuenta sobre la génesis de estas 41 fotografías que hoy se exhiben en AMIA bajo el título “Jorge Vernazza es así” gracias a la iniciativa del curador Elio Kapszuk.

La idea del envejecimiento de nuestros padres es un proceso que conjuga la tristeza con aceptar la ley natural de la vida. Algo que tiene un comienzo y un final.

“Un día le mostré desde el celular el material que estaba haciendo a Elio y se emocionó mucho. Pensé que me estaba mintiendo, pero era de verdad. En seguida me dijo que ese material había que mostrarlo. Para mi ese trabajo estaba en proceso y se iba a terminar cuando mi papá no esté más, pero el me dijo que lo tenía que ver en vida. Y es lo que está colgado ahora en AMIA”, señala sobre este proyecto que marca un nuevo punto de inflexión en su carrera. Un largo camino detrás de la cámara que comenzó en un viaje de egresados y se transformó en su profesión en 1997, cuando comenzó a colaborar en las revistas Gente, Para Ti, Paparazzi y otras publicaciones del grupo Atlántida.

Así pasaron 23 años, cubriendo los temas de actualidad de la Argentina, conviviendo con las estrellas. Como Charly García -estrella mayor del firmamento rockero-, el protagonista de su primera exhibición individual. En 2011 en el Centro Cultural Recoleta exhibió “El Charly que yo conozco”, en 2014 la llevó al Centro Cultural San Martín y en 2016, al Centro Cultural Kirchner. “El trabajo de Charly para mi carrera fue todo. Gracias a eso logré muchas cosas y esa muestra giró por todos lados. Pero siempre supe que la gente iba a ver a Charly. Les importa muy poco quien hizo las fotos”, se sincera.

Luego vendría su obsesión con Once y otra gran muestra con un recorrido artístico por uno de los barrios más diversos de la ciudad, donde omitía la figura humana y su búsqueda creativa se construía desde esa ausencia. Una necesidad de silencio –diría en aquel momento  Kapszuk- que se contrapone al frenesí de su labor como fotoperiodista y que parece continuar en esta muestra, donde las imágenes reflejan la vida cotidiana de Jorge y el sonido del silencio parece dominarlo todo. En su habitación, en la peluquería, caminando por la calle, en la cocina, cuidando las plantas. El paso del tiempo se refleja en todas esa acciones, pero la idea del presente se impone sobre el pasado. Y quienes visiten la muestra se van a encontrar con un registro cotidiano que celebra esa vida.

“Esa es mi forma de trabajar, estar todo el tiempo con la persona, que se olvide que estoy y que siga haciendo sus cosas. Yo me considero reportero gráfico y creo que la cámara es un escudo. Uno se pone frío, pero con este trabajo estoy de los dos lados”, dice sobre estas obras que exploran la idea de la memoria y los recuerdos cuando la vida se acerca a su fin. “No hay que olvidarnos de nuestros viejos, porque en definitiva le debemos todo a ellos”, concluye Vernazza.

La operación que ejerce Vernazza se completa en la mirada y el sentimiento del espectador respecto a su propios vínculos familiares y afectivos. La idea del envejecimiento de nuestros padres es un proceso que conjuga la tristeza con aceptar la ley natural de la vida. Algo que tiene un comienzo y un final. Pero estas fotografías nos sugieren que la memoria puede ejercitarse, y al hacerlo, proyectarse en el tiempo. En algún lugar, nuestros seres queridos viven para siempre. Y Vernazza lo explica en fotos.

  

La muestra Jorge Vernazza es así se puede visitar de lunes a jueves de 10 a 19, y los viernes de 10 a 16 en el Espacio de Arte AMIA (Pasteur 633). Se debe concurrir con DNI. La entrada es libre y gratuita.

 

MR

 

Matías Repar 

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